Boletín

     

    Boletín 434

     

     

     Enero-Febrero 2019                                          

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                               

     

    Mediateca INAH: presente y futuro

    Flor de María Hurtado

                 Directora de la Mediateca del INAH (enero de 2014 a enero de 2019)

     

    El deseo por conocer y clasificar el mundo que nos rodea es tan antiguo como el ser humano. Sin embargo, el resguardo y protección del pasado tiene un origen más cercano, que quizá comenzó en el Renacimiento con la creación de gabinetes de curiosidades, los cuales, años más tarde, dieron origen a los primeros museos. Hoy este deseo, gracias a la tecnología, ha generado plataformas digitales que brindan una oportunidad inmejorable para conocer, clasificar, preservar, interrelacionar y ofrecer en un solo lugar lo que antes estaba disperso y al alcance de unos cuantos.

    La Mediateca del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) surgió de la necesidad de contar con un sistema de información que contuviera la representación digital del patrimonio cultural bajo su resguardo, y le permitiera cumplir con la misión de difusión, no solo como una obligación entre pares, sino para llegar al gran público y divulgar el conocimiento que genera a través de sus centros de educación, investigación, museos y sitios arqueológicos. Concebida como un repositorio institucional, la Mediateca hizo posible que el Instituto se insertara de lleno en el uso de las tecnologías digitales y lo pone a la vanguardia de estos sistemas en nuestro país.1

    Esta plataforma única e innovadora, inspirada en los proyectos de preservación y divulgación más exitosos del mundo, es actualmente el repositorio de objetos culturales de acceso abierto más grande de México. Consiste en un complejo sistema de información diseñado y desarrollado por el INAH utilizando software libre y considerando lineamientos y estándares internacionales para el manejo y preservación de datos.

    El sistema articula un repositorio de objetos digitales con un gestor de contenidos, el cual permite almacenar, catalogar y distribuir archivos de cualquier formato. Cuenta además con un diseño de interfaz amigable y responsivo, que hace accesible su consulta para cualquier público y desde cualquier tipo de dispositivo. La estructura de metadatos (descriptores de objetos digitales) permite el intercambio directo de información con distintos tipos de repositorios a nivel global, y hace que sus contenidos sean visibles desde cualquier buscador web. La Mediateca INAH cumple con estándares y normas internacionales de preservación de archivos digitales y acceso abierto a la información bajo el protocolo OAI (Open Access Iniciative), que establece que el intercambio de los metadatos sea libre bajo la licencia de uso de dominio público. De esta forma, abre un acceso franco a la democratización de la cultura.

    El sistema, construido para crear una red semántica a partir del uso de metadatos, permite recuperar y vincular archivos, y ofrece múltiples opciones de búsqueda para que tanto usuarios como otras plataformas puedan acceder a ellos, descubrirlos e interactuar, esto es, hacerlos interoperables. Está, además, diseñado para crecer no sólo en cantidad de contenidos, sino en estructura y funcionalidad.

    Para la integración del contenido utiliza un esquema de catalogación homogeneizado, amplio y flexible, que hace posible importar y exportar datos de otros esquemas sin perder información. Hasta ahora se ha nutrido de bases de datos existentes, las cuales, en la mayoría de los casos, ha habido que  ajustar a estándares predeterminados para poder incorporarlos al sistema. Sin embargo, la magnitud de objetos por incorporar hace urgente, en un futuro próximo, la tarea de definir una política institucional de registro de objetos digitales en un modelo de datos que facilite la incorporación de los objetos sin desconocer las estructuras de las bases existentes y las secciones de uso reservado.

    La propuesta de reunir en un solo sitio todas las colecciones, catálogos y bases de datos de archivos, bibliotecas, museos, fototecas y fonotecas, entrevistas y videos, así como todo tipo de publicaciones y documentos que produce el Instituto, es ya visible en línea.  El repositorio cuenta con miles de archivos de distinta naturaleza, asunto y procedencia, los cuales están organizados al interior del sistema en 25 colecciones temáticas y 82 acervos, para facilitar su identificación y consulta. Cuenta también con una sección llamada “Espacios”, donde se ofrece información básica sobre escuelas y centros de investigación; archivos, bibliotecas, centros INAH, ceramotecas, laboratorios, fototecas, fonotecas, mapotecas, museos y zonas arqueológicas. Estas dos últimas se relacionan transversalmente con la plataforma Lugares INAH, que reúne los 124 museos y las 190 zonas arqueológicas abiertas al público.

    Actualmente, la Mediateca INAH contiene más de medio millón de contenidos que brindan a quienes la exploren infinidad de conexiones, relaciones inimaginables y caminos por descubrir. La Mediateca se convierte así en un universo de objetos antropológicos, arqueológicos e históricos, y en un rico acervo documental, bibliográfico y fotográfico, que se entrelaza y dibuja no solo la imagen de nuestro país, sino de nuestra propia identidad.

     

    1. El INAH comenzó a usar las nuevas tecnologías en los años ochenta. En los noventa se llevaron a cabo los primeros proyectos de digitalización y catalogación de la Fototeca Nacional, y en 1997 se instalaron los primeros kioscos multimedia y se publicó el primer sitio web. Manuel Gándara, “Tecnologías y estrategias de la comunicación para la divulgación del patrimonio cultural”, Antropología. Revista Interdisciplinaria del INAH: El INAH en perspectiva, núm. 1, año 1, Nueva Época (2017), enero-junio. 

    El INAH en sus 80 años

    María Eugenia A. del Valle Prieto Ortega

    Dirección de Estudios Históricos del INAH

     

    Es para quienes trabajamos en el INAH un honor celebrar su ochenta aniversario.  Años que se dicen fácil, pero que conllevan una suma de voluntades enorme y de trabajo arduo tras de sí. Por esta razón, vale la pena hacer un reconocimiento a esta Institución a través de un breve recuento de su larga historia.

    Por su singular naturaleza, cuando hablamos del INAH, hacemos referencia a una institución que ha sido pilar fundamental en la configuración de la historiografía y el desarrollo académico y profesional que ha dado sustento a la construcción patrimonial de México. Por su envergadura, ha sido partícipe de diferentes etapas de esta construcción, que al mismo tiempo ha derivado en una constante transformación de los ideales fundacionales, desde la creación del Museo Nacional Mexicano hasta la formación del INAH tal cual en 1939 (Julio César Olivé Negrete, Bolfy Cottom, coords., INAH. Una historia, Vol. 1, 3era edición, México, Consejo Nacional para la Cultura y la Artes-Instituto Nacional de Antropología e Historia, 1988, p. 23). Han sido muchos los retos a los que se ha enfrentado en momentos de crisis donde la ciencia histórica se ha reafirmado como pieza clave para la construcción de un país más incluyente y diverso. Desde las distintas facciones de los gobiernos liberales a finales del siglo XIX, hasta nuestros días, el INAH sigue manteniendo su papel como cimiento de México.

    Bajo esta óptica, algunos de estos proyectos de gobierno donde la visión de México como parte fundamental de un espacio geopolítico más amplio, permeó en la academia. En tanto que sus funciones esenciales se concentran en el resguardo y conservación del patrimonio cultural, histórico y material del país, las áreas donde se ha manejado se reducen a estos aspectos. Así pues, entendemos que la formación del Instituto Nacional de Antropología e Historia fue antecedida por una serie de cambios en la perspectiva de los gobiernos y las legislaciones sobre la protección al patrimonio y los bienes materiales; arqueológicos, históricos y artísticos de la nación mexicana. “El INAH se formó con los elementos que habían correspondido al Departamento de Monumentos Arqueológicos, Históricos y Artísticos, al Museo Nacional de Arqueología, Historia y Geografía y a los demás museos de la Secretaría de Educación Pública.” (Ibíd., p. 34). De ahí que su organización gozara de una serie de antecedentes  prácticos y jurídicos, mismos que han marcado un determinado desarrollo de las áreas de estudio.  

    A ello responde, por ejemplo, la creación de la Escuela Internacional de Arqueología y Etnografía Americanas en 1911, donde participaron Franz Boas, Eduard Seler y Manuel Gamio (Ibíd., p. 25). Otra de las pautas que marcaron las rutas siguientes, en cuanto a tendencias científicas y educativas,  fue la “necesidad de la aplicación de los estudios antropológicos para contribuir a resolver los problemas de la población” (Ibíd., p. 50) en América Latina, idea planteada por Gamio en el Segundo Congreso Panamericano celebrado en Washington en 1915 y la creación posterior, en el caso mexicano, de la Dirección de Antropología. Los estudios se inauguraron con la población de Teotihuacán, acentuándose el interés no sólo en la cuestión arqueológica, sino también en lo etnográfico, posicionándose como vanguardia científica en el área.

    La presidencia de Lázaro Cárdenas del Río marca una etapa definitoria para el Instituto. Este período de la formación de una idea de “lo nacional” se vio reflejada en el ahínco que se puso a las investigaciones arqueológicas y en el “asunto indígena”. El 3 de febrero de 1939 se decreta la creación del INAH como parte de la SEP, pero con personalidad jurídica y patrimonios propios, para desempeñar las siguientes funciones: 

    1.     “Exploración arqueológica del país.

    2.     Vigilancia, conservación y restauración de monumentos arqueológicos, históricos y artísticos de la República.

    3.     Realización de investigaciones científicas y artísticas que interesen a la arqueología y a la historia de México, antropológicas y etnográficas, principalmente de la población indígena del país.

    4.     Publicación de obras relacionadas con las materias ya expuestas.

    5.     Las demás que las leyes de la República le confieren.” (Ibíd., p. 33)

    Fue así que el Instituto amplía su presencia con la creación de los Centros Regionales de trabajo a lo largo de toda la República mexicana.

    Posteriormente, conforme se fueron sucediendo los proyectos presidenciales, el INAH fue creciendo y diversificando sus funciones, entre ellas, se destaca una política interna que permitió el incremento de sus fondos (huelga mencionar aquí las implicaciones que este hecho tuvo). Para la década de los años 70, el INAH encontró en el proyecto de educación de Adolfo López Mateos (1958-1964) y el entonces Secretario de Educación Pública, Jaime Torres Bodet, un apoyo toral, impulsando los grandes proyectos museológicos, representativos de esa década.

    Es en este contexto cuando surgen propuestas con amplias miras, donde se deja ver la impronta de la estructura y funciones del INAH en América Latina en cuanto a rescate arqueológico y trabajo museográfico sobre todo. Ejemplo de ello es que “desde 1962 el INAH, la SEP y la Organización de las Naciones Unidas para la Cultura y la Educación convocaron a un seminario latinoamericano para abordar el tema del museo como centro cultural de la comunidad.” (Ibídem.)

    Quienes laboramos en el INAH, tenemos claro que el Instituto se encuentra hoy en una coyuntura decisiva, no sólo para desempeñar sus funciones, sino en general, para el devenir histórico de nuestro país. Por ello y en concordancia con las necesidades del presente, el INAH tiene como uno de sus objetivos principales desarrollar cada vez más una visión integral del patrimonio cultural y su función social asumiendo la centralidad y la transversalidad de la cultura. Por lo tanto, es necesario tener presente la importancia de atender como funciones vitales el fomentar y fortalecer el sentido integral del patrimonio cultural, además de orientar diferentes iniciativas para coadyuvar a su cabal cumplimiento.

    En este tenor, se destaca la importancia de establecer un equilibrio entre la investigación, conservación, difusión y enseñanza en materia de patrimonio cultural. Al mismo tiempo, que se señala la imperante necesidad de promover y fortalecer el vínculo entre educación y patrimonio cultural, memoria e historia de México para resarcir el vacío en cuanto a su vigencia y concordancia con los tiempos actuales, presentes en los planes de estudio en todos los niveles.

    De acuerdo a estos nuevos retos que se presentan, dentro del Instituto somos conscientes de la necesidad de ampliar el acceso de programas de manera más incluyente a poblaciones con mayor rezago social, desarrollando nuevas herramientas para la difusión del patrimonio, a través de TIC’s, aunado al ensanchamiento de los medios de difusión de los que se ha valido tradicionalmente para su labor (publicaciones impresas, radio, televisión, internet, etc.)

    Como vemos, hoy celebramos esta efeméride con grandes retos que se nos presentan en un futuro inmediato, donde el INAH se encuentra en apertura para su fortalecimiento, siempre contando con la imprescindible participación de toda su comunidad. 

    Presentación de publicaciones de Mario Cerutti

    Carlos Marichal

    Centro de Estudios Históricos,

    El Colegio de México

     

    Todos los que trabajamos en el viñedo de la historia económica tenemos una fuerte deuda con Mario Cerutti, profesor de la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL), por su ejemplo, perseverancia y creatividad en el estudio de la historia económica de México.  Hablo no sólo de sus numerosos libros sobre historia económica y empresarial (tengo más de una docena de libros propios de Cerutti y compilaciones en mi propia biblioteca). Me refiero también a las propuestas de trabajo novedosas que ha introducido y que suele introducir en cada nueva etapa de las investigaciones que alienta, individual y colectivamente.

    Entre estas propuestas se incluyen el impulso a la historia económica regional, en estrecha vinculación con la historia empresarial. En este caso, su contribución ha sido particularmente fuerte para el estudio del propio norte del país, a través de sus investigaciones y la creación de la primera Asociación de historia económica del país, la del Norte de México, que viene celebrando jornadas regularmente desde hace más de 25 años.

    Hoy deseamos resaltar la reciente publicación del libro de Cerutti titulado Problemas, conceptos, actores y autores: la historia económica y empresarial en el norte de México (y en otras latitudes), editado por El Colegio de San Luis a finales de 2018. En este texto, Cerutti repasa una parte sustancial de los avances realizados en el último cuarto de siglo en las universidades del norte del país en investigación sobre historia económica y empresarial, para lo cual incluye una muy útil bibliografía de más de 700 artículos y trabajos realizados por varias docenas de miembros de la Asociación de Historia Económica del Norte de México. Esto es un recurso extraordinariamente valioso de referencia para cualquier investigador interesado en la temática y para estudios comparados, especialmente en la región latinoamericana, ya que muchos de los temas y problemas analizados tienen similitudes con las experiencias históricas de Argentina, Chile, Perú y Brasil, por mencionar solamente algunos países. Ello puede confirmarse en los Boletines de la Red de Estudios de Historia de Empresas, que editan María Inés Barbero y Andrea Lluch desde Argentina, los cuales contienen reseñas del libro de Cerutti y de muchos trabajos de México, así como del resto de América Latina en este campo fértil.

    A su vez, deseamos resaltar que del 14 al 16 de noviembre de 2018 se realizó una reunión de investigadores dedicados a la historia económica del norte del país al celebrarse los 25 años de la Asociación de Historia Económica del Norte de México. Después de una conferencia inaugural dictada por el empresario Juan Pablo Berlanga Orozco, dedicada a la historia de la empresa potosina, los doctores Mario Cerutti (UANL), Sergio A. Cañedo (COLSAN) y Arturo Román (UAS) hicieron una presentación de cinco libros, entre los que destacan La minería en Sinaloa. Producción, empresas y cooperativas, siglos XIX y XX, Juan F. Brittingham y la industria en México (1859-1940) y Diplomacia, negocios y política. Ensayos sobre la relación entre México y Reino Unido en el siglo XIX; este último libro incluye dos capítulos dedicados al estudio de la presencia de británicos en San Luis Potosí, quienes se dedicaban principalmente al comercio y a la minería, además de mantener relaciones diplomáticas desde esta ciudad.

    Los participantes procedían de la Universidad Autónoma de Nuevo León, Universidad Autónoma de Sinaloa, Universidad de Sonora, Universidad Autónoma de Zacatecas y Universidad de California, Santa Bárbara, y en la reunión se presentaron más de 15 ponencias sobre temas de historia económica y empresarial de México.

    Finalmente, debemos señalar que el 11 de febrero de 2019 se celebró la Sesión 106º del Seminario Interinstitucional de Historia Económica en El Colegio de México, en la que participó el Dr. Mario Cerutti, con la discusión de dos libros de su autoría, los ya mencionados Juan F. Brittingham y la industria en México (1859-1940), y Problemas, conceptos, actores y autores: la historia económica y empresarial en el norte de México (y en otras latitudes), sesión que fue moderada por el Dr. Mario Contreras, de la Universidad Nacional Autónoma de México, y la Dra. Sandra Kuntz, de El Colegio de México, así como este servidor.

    ¡Felicidades a Mario Cerutti por ser un profesor e investigador ejemplar durante tantas décadas! 

     

     

    Boletín 433

     

     

     Noviembre-Diciembre 2018 

     

                                                 

     

     

    Asamblea del CMCH y premios a los mejores artículos y reseñas de 2016

    El pasado 30 de noviembre, el Comité Mexicano de Ciencias Históricas celebró su Asamblea Ordinaria en el Centro de Estudios de Historia de México Carso, donde dio la bienvenida a dos instituciones: el Centro de Documentación e Investigación Judío de México (CDIJUM) y la Biblioteca Histórica José María Lafragua.

    Como cada año, el Comité hizo un reconocimiento a los artículos y reseñas destacados publicados en revistas mexicanas, elegidos por integrantes de la propia comunidad de historiadores. Además, el Comité entregó un reconocimiento extraordinario a la Dra. Linda Arnold por el servicio hecho a la comunidad de profesionales de la historia, gracias a sus esfuerzos de catalogación y sistematización de fuentes documentales.

     

    Dictámenes de los artículos ganadores (publicados en 2016)

    Historia del arte y del patrimonio

    Premio al mejor artículo:

    Luciano Ramírez Hurtado, “Al rescate de la memoria. Estudio iconográfico del grabado La Convención de Aguascalientes, 10 de octubre de 1914”, Relaciones. Estudios de Historia y Sociedad, vol. 37, núm. 148 bis, otoño de 2016, pp. 89-123.

     

    El Jurado consideró que el artículo demuestra un enfoque original, asimismo presenta un novedoso y exhaustivo cruce de fuentes documentales e iconográficas: fotografía, grabados y hemerografía. Además, evidencia un uso riguroso de la metodología, ya que enuncia los problemas de investigación puntualmente y consigue explicaciones consistentes. Su propuesta parte de reconocer que dichas imágenes no se encuentran aisladas, por lo que es oportuno analizarlas en su convergencia con diversas disciplinas, entendiendo su significación, su apoyo intelectual y las condiciones culturales a las que deben su existencia. De igual modo, destaca el seguimiento que hace de la segunda historicidad de las imágenes y la deconstrucción del pasado en función de las mismas. Para ello, recupera el grabado de “La Convención de Aguascalientes, 10 de octubre de 1914”, realizado por el artista Alberto Beltrán en el marco del Taller de Gráfica Popular, hacia el año de 1946.

     

    Reseñas: Premio desierto.

     

    Historia social

    Premio al mejor artículo:

    Aaron Pollack, “Hacia una historia social del tributo de indios y castas en Hispanoamérica. Notas en torno a su creación, desarrollo y abolición”, Historia Mexicana, vol. 66, núm. 1 (261), julio-septiembre de 2016, pp. 65-160.

    Este artículo destaca por su originalidad al abordar el tema del tributo indígena desde una perspectiva comparada hispanoamericana (cubriendo una amplia geografía) y un largo periodo de tiempo (desde el siglo XVI al XIX). Pollack analiza con rigor y profundidad un tema clásico para la historiografía y a la vez abre nuevas líneas de investigación. Además, cuenta con un extensísimo y puntual aparato crítico que, junto con su bibliografía, sirven de guía para quien quiera adentrase y profundizar en el tema.

     

    Menciones honoríficas:

    María Eugenia Chaoul Pereyra, “Un aparato ortopédico para el magisterio: la Dirección General de Educación Primaria y los maestros en el Distrito Federal, 1896-1913”, Secuencia. Revista de Historia y Ciencias Sociales, núm. 95, mayo-agosto de 2016, pp. 63-90.

     

    Raquel E. Güereca Durán, “Las milicias tlaxcaltecas en Saltillo y Colotlán”, Estudios de Historia Novohispana, núm. 54, enero-junio,2016, pp. 50-73.

     

    Premio a la mejor reseña:

    Tomás Jalpa Flores sobre el libro de Norma Angélica Castillo Palma, Cuando la ciudad llegó a mi puerta. Una perspectiva histórica de los pueblos lacustres, la explosión demográfica y la crisis del agua en Iztapalapa, México, Universidad Autónoma Metropolitana, 2012, publicada en Dimensión Antropológica, año 23, vol. 67, mayo-agosto de 2016, pp. 177-182.

     

    Mención honorífica:

    Evelia Reyes Díaz, sobre el libro de Bernd Hausberger y Raffaele Moro, La Revolución Mexicana en el cine. Un acercamiento a partir de la mirada italoeuropea, México, El Colegio de México, 2013, publicada en Historia Mexicana, vol. 66, núm. 2 (262), octubre-diciembre de 2016, pp. 969-976.

     

    Historia económica

    Premio al mejor artículo:

    Ernest Sánchez Santiró, “Deudas y préstamos: la crisis del crédito público en Nueva España durante la Guerra de Independencia (1810-1821)”, América Latina en la Historia Económica, año 23, núm. 2, mayo-agosto de 2016, pp. 36-63.

     

    El artículo se enfoca al análisis de las finanzas novohispanas, en la etapa crucial que va de la crisis imperial hasta la guerra de independencia y la separación de México. El autor aporta precisiones conceptuales, evidencia cuantitativa y propuestas interpretativas para explicar la relación entre la capacidad de endeudamiento, el crédito público y el mantenimiento del orden imperial, gracias a los aspectos elegidos para estudiar el tema: las definiciones del fisco sobre las obligaciones del erario, el monto y composición de la deuda, caracterizada por la variedad de tipos clases; y el servicio de la deuda a través del análisis del pago de intereses y cumplimiento de plazos.

     

    Mención honorífica:

    José Miguel Herrera Reviriego, “Flujos comerciales interconectados: el mercado asiático y el americano durante la segunda mitad del siglo XVII”, Historia Mexicana, vol. 66, núm. 2 (262), octubre-diciembre de 2016, pp. 495-553.

     

    Premio a la mejor reseña:

    Daniel Víctor Santilli sobre el libro de Jorge Gelman, Enrique Llopis y Carlos Marichal (coords.), Iberoamérica y España antes de las independencias, 1700-1820. Crecimiento, reformas y crisis, México, Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora/El Colegio de México, 2015, publicada en América Latina en la Historia Económica, año 23, núm. 2, mayo-agosto de 2016, pp. 237-243.

     

    Historia cultural

    Premio al mejor artículo:

    Haydeé López Hernández, “Exhibir y resignificar. Reinterpretaciones de los restos arqueológicos olmecas entre los siglos XIX y XX”, Historia Mexicana, vol. 65, núm. 3 (259), enero-marzo de 2016, pp. 1271-1340.

     

    En un estilo claro y preciso, la autora reconstruye, de manera contundente, el proceso de resignificación de la cultura olmeca en diferentes contextos: el local, el nacional y el internacional. A lo largo de las páginas, la autora contribuye al desentrañamiento de la relación entre arqueología, intereses de Estado, élites locales y artistas, con respecto a la construcción de la historia nacional y local, entre los siglos XIX y XX, momento en el que el objeto prehispánico empezó a cobrar un sentido estético.

     

    Mención honorífica:

    Roberto Aceves Ávila, “El culto a san Gonzalo de Amarante, el Bailador. Religiosidad local en la Guadalajara del siglo XIX”, Relaciones. Estudios de Historia y Sociedad, vol. 37, núm. 145, invierno de 2016, pp. 109-150.

     

    Premio a la mejor reseña:

    Salvador Rueda Smithers, “Un códice incomprendido”, sobre el libro Códice Azoyú 2. El señorío de Tlapa-Tlachinollan. Los documentos de la región de la Montaña, Guerrero, México, FCE/Conaculta-INAH/UNAM-IIF, 2012, de Constanza Vega Sosa y Michel R. Oudijk, publicada en Historias, núm. 95, septiembre-diciembre de 2016, pp. 118-124.

     

    Mención honorífica:

    Sebastián Pineda Buitrago sobre el libro de Juan Carlos Grijalba y Michael Handelsman (eds.), De Atahualpa a Cuauhtémoc. Los nacionalismos culturales de Benjamín Carrión y José Vasconcelos, Quito y Pittsburgh, Museo de la Ciudad y Universidad de Pittsburgh, 2014, publicada en Historia Mexicana, vol. 65, núm. 4 (260), abril-junio de 2016, pp. 1961-1967.

     

    Historia política

    Premio al mejor artículo:

    Nicolás Cárdenas García, “Movimiento campesino y oportunidades de cambio político y social. La experiencia del Valle del Yaqui (1920-1950)”, Estudios de Historia Moderna y Contemporánea de México, núm. 52, 2016, pp. 69-87.

     

    Se trata de un artículo original e innovador, en particular, por la crítica que realiza sobre los lugares comunes de la historiografía agraria mexicana, y por incorporar a los movimientos campesinos locales como actores sociales, abandonando un enfoque tradicional centrado en la acción del Estado. Si bien desde hace algún tiempo se han hecho esfuerzos por “desestatizar” la historia del siglo XX, nos parece que éste es un ejemplo muy bien logrado de cómo dicho objetivo puede llevarse a cabo, recuperando actores e intereses que han estado relegados a un segundo plano en otros trabajos.

     

    Mención honorífica:

    Pablo Mijangos y González, “Entre la igualdad y la gobernabilidad: los motivos de la supresión del fuero eclesiástico”, Historia Mexicana, vol. 66, núm. 1 (261), julio-septiembre de 2016, pp. 7-64.

     

    Premio a la mejor reseña:

    José María Portillo Valdés sobre el libro de James E. Sanders, The Vanguard of the Atlantic World. Creating Modernity, Nation, and Democracy in Nineteenth-Century Latin America, Durham y Londres, Duke University Press, 2014, publicada en Historia Mexicana, vol. 65, núm. 3 (259), enero-marzo de 2016, pp. 1476-1484.

     

    Mención honorífica:

    Erika Gabriela Pani Bano sobre el libro de Cecilia Méndez, La república plebeya. Huanta y la formación del Estado peruano, 1820-1850, Lima, Instituto de Estudios Peruanos, 2014, publicada en Historia Mexicana, vol. 66, núm. 2 (262), octubre-diciembre de 2016, pp. 922-929.

     

    Historiografía y teoría de la historia

    Premio al mejor artículo:

    Graciela Velázquez Delgado, “Voces ausentes y presentes: testimonio y representación en la historia oral”, Historia y Grafía, núm. 46 (23), enero-junio de 2016, pp.211-232.

     

    El artículo es una aportación original al campo de la Teoría de la Historia, ya que aborda los problemas epistémicos que las fuentes orales presentan a la hora de ser utilizadas para construir una narrativa histórica. La autora parte de la epistemología constructivista ya enunciada por otros especialistas, como Watzlawick o Mendiola, pero contextualiza sus reflexiones en el marco del debate más amplio entre las distintas posiciones ontológicas y epistémicas en torno a la problemática planteada.

     

    Menciones honoríficas:

    Emilio Machuca Vega, “Aportaciones de Israel Cavazos al estudio de la historia de las religiones en Nuevo León”, Humanitas. Anuario del Centro de Estudios Humanísticos, año 43, vol. IV, enero-diciembre de 2016, pp. 43-75.

     

    Francisco Miguel Ortiz, “El estudio de la historia para el perfeccionamiento político y moral. Droysen y Nietzsche”, Letras Históricas, núm. 14, primavera-verano de 2016, pp. 135-158.

     

    Premio a la mejor reseña:

    Juan Pío Martínez, reseña del libro de Jaume Aurell, Catalina Balmaceda, Peter Burke y Felipe Soza, Comprender el pasado. Una historia de la escritura y el pensamiento histórico, Madrid, Akal, 2013, publicada en Relaciones. Estudios de Historia y Sociedad, volumen 37, número 147, verano de 2016, pp. 379-383.

     

     

    Reconocimiento a la Dra. Linda Arnold

    En el marco de la entrega de premios del CMCH, la Asamblea hizo un reconocimiento extraordinario a la Dra. Linda Arnold, profesora emérita de la Universidad de Texas en Austin, en agradecimiento por su labor en la clasificación, organización y sistematización de documentos y archivos y, en especial, por su generosidad para compartir los resultados de sus esfuerzos.

    Linda Arnold labora en la Universidad de Texas desde 1982; es una historiadora interesada en la historia del derecho en México y América Latina. Su más reciente investigación fue sobre el fuero militar en la República Mexicana. Sus trabajos más destacados son: Catálogos del Archivo General de la Nación (2008), Catálogos del Archivo Histórico del Arzobispado de México, 1532-1936, de la Arquidiócesis de México (2008); así como la digitalización del Boletín Judicial Agrario, del Tribunal Superior Agrario (2008). Por medio de una videograbación, la Dra. Arnold agradeció la distinción que le hizo el CMCH y señaló que ésta era “también el reconocimiento de todos los que se dedican al principio fundamental del acceso libre a la información. Espero que esta colaboración ofrezca un ejemplo para las siguientes generaciones de investigadores y archivistas”.

    Notas para un discurso de agradecimiento

    Estimados integrantes del Comité Mexicano de Ciencias Históricas

    Colegas historiadoras e historiadores galardonados

    Queridos compañeros de la revista Historias

    Señoras y señores:

     

    Tal vez el acto más noble de los seres humanos es la gratitud. Decía Cicerón que no sólo “es la más grande de las virtudes, sino que engendra todas las demás”. Por ello quiero comenzar con esa palabra que, como nos recordó Vicente Quirarte con su puntual prosa, en castellano pronunciamos en plural por el alto valor de su carga: gracias.

    Gracias a quienes decidieron publicar la reseña sobre los pormenores históricos e historiográficos del Códice tlapaneco de Azoyú en la revista Historias, de la Dirección de Estudios Históricos del INAH. Y gracias a los lectores del Comité Mexicano de Ciencias Históricas que decidieron en favor de mi escrito.

    Es para mí un doble honor estar aquí: primero por recibir este reconocimiento; en segundo lugar, porque por medio del Doctor Alfredo Ávila se me pidió encargarme de las palabras alusivas a los Premios del Comité Mexicano de Ciencias Históricas a nombre de todos los galardonados (autores de once textos premiados y ocho menciones de entre 101 trabajos recibidos). De entre el grupo los autores seleccionados por el jurado del Comité, se me pidió hablar a mí -creo yo- que por razones obvias: soy el más viejo de todos.

    Ello trae una única ventaja: en los casi 44 años de trabajo en el INAH, he podido transitar por varios de los caminos de la divulgación del conocimiento histórico. Comencé estudiante, con Alicia Olivera y Laura Espejel, rescatando memorias personales con viejos zapatistas en el Programa de Historia Oral; luego, como investigador en archivos documentales y fotográficos ensayando la difusión escrita, con lecturas en foros y publicaciones tanto especializadas como para públicos amplios; también, bajo la dirección de Adolfo García Videla rescatamos testimonios fílmicos con veteranos revolucionarios. En los últimos años, los afanes han seguido una ruta particular, la de las estrategias narrativas propias de los museos, con la metáfora –es decir, con la intuición de analogías entre cosas de naturaleza distinta, reunidas en esas abreviaturas de la realidad, en esos mundos empequeñecidos que son los museos. Así que he podido caminar entre la dinámica pero inestable memoria personal –ese instrumento maravilloso pero falaz, como bien advirtió Primo Levi–, hasta entre aquellas voces muertas que pudieran adivinarse en cualquier objeto en una vitrina o en un mural alegórico impresionista de los momentos fundacionales de nuestra idea de México. Esto es, en los lenguajes de las imágenes mentales, las reliquias y el arte.

    Esta vez, para mí, el agradecimiento tiene un especial signo. Y es que se trata de reconocer textos escritos, los ejercicios compositivos de todos nosotros: ensayos, reseñas, artículos de revistas, dirigidos a los lectores de palabras impresas. Se trata de una categoría especializada del conocimiento de hombres y sociedades, de procesos y acontecimientos. Permítanme reflexionar un poco sobre este asunto, aunque sea superficialmente.

    Decía Tácito que toda antigüedad es oscura. De ahí los relatos legendarios, fabulosos, exagerados, inverosímiles. Pero también dio origen a la duda y al registro por escrito de los sucesos pasados. Y desde entonces, al escribirlos, quiérase que no, se ilumina con la palabra ese territorio oscuro de lo pretérito. De hecho, ha sido con caracteres alfabéticos o con glifos, tallados o pictográficos, como se fue delineando el perfil especializado del cronista y del historiador.

    En 1961, Edward Hallet Carr recordaba con un dejo de nostalgia y de coraje que los historiadores somos, a sabiendas o no, hombres de letras. Escritores que sujetamos la fantasía, disciplinados, lectores de documentos y de impresos, productores de libros que llevan a otros libros. Carr extrañaba esa seriedad de los historiadores victorianos –a los que, por otra parte, criticó profundamente–, que pensaban que la exactitud no era una virtud sino un deber. Estudiar y saber, aprender, conocer y expresar, sería su tarea profesional antes de escribir. Porque escribir era una manera de vivir –como afirmó otro erudito decimonónico, hombre de letras con la imaginación desatada, Gustave Flaubert.

    Imaginación desatada, sí, como debe ser entre los literatos, y que influyen tanto en las construcciones verbales que hacemos los historiadores. Pienso en aquella frase de Gabriel García Márquez al describir el mundo maravilloso de América que habría que convertir en palabras: hablaba de “esa patria inmensa de hombres alucinados y mujeres históricas, cuya terquedad sin fin se confunde con la leyenda”. La diferencia con los historiadores está en el traslado del concepto de libertad creativa del escritor de novelas al de buscar bajo juramento decir la verdad. Y es que, distintos a los poetas y literatos, aunque usemos los mismos léxicos, a nosotros no nos es permitido enmendar las vidas pasadas –ni regañar a los muertos, como bien nos decía a los jóvenes historiadores don Edmundo O’Gorman. Pero no debemos hacernos muchas ilusiones sobre la severidad de nuestras palabras. No somos ajenos a esa realidad de espectros de la que habló García Márquez: es en la que nacemos, hacemos, leemos, narramos y morimos. De hecho, y eso lo pueden atestiguar quienes aquí estamos reunidos, durante el transcurso de nuestras investigaciones hay momentos –largos muchas veces– en los que vamos a tientas, como expedicionarios por tierras ignotas… O mejor, como sonámbulos, con la ilusión de que sabemos a dónde vamos y sobre todo, cuándo y a dónde llegaremos. Solemnes o severos, también tenemos ilusiones.

    Una extrañeza más nos da color particular a los historiadores. Usamos estrategias narrativas que se desdoblan en las reconstrucciones que hacemos mentalmente de los fragmentos del pasado estudiado, en los retratos de personas ilustres y plebeyas, en los relatos que buscamos sean coherentes para ser comprendidos. No sin riesgo, por supuesto: el horizonte es descomunal y las expresiones literarias como estructura historiográfica no son nunca únicas ni definitivas. No dudaría en decir que las afirmaciones de los historiadores no pocas veces son precarias, que nuestra prosa –para robar la frase a Fernand Braudel— siempre es una aproximación. A cada paso notamos que los textos propios y ajenos apenas alumbran cuando la incertidumbre de Tácito regresa con las críticas y las recomposiciones ontológicas de nuestra mirada al pasado. 

    Una última reflexión. Al escribir, los historiadores no podremos corregir los caminos del pasado pero sí narrar y explicar metódicamente, ordenadamente, las rutas transitadas para llegar al aquí y al ahora, para separar lo verdadero de lo falso y de lo legendario, con el peso simbólico de cada categoría y su impacto social. También podemos disfrutar nuestros momentos de lucidez descubridora –el horaciano carpe diem– y rascar en las memorias propias y ajenas para imaginar nuestro futuro. Y es que nos aproximamos al pasado con ojos críticos, pero escribimos secretamente con el sentido de la esperanza de lectores que nos mejorarán. Algunas veces la Maestra Alicia Olivera nos platicaba –voz que no paramos de extrañar– de anécdotas de viejos historiadores. Repetía una de Arturo Arnaiz y Freg: decía él razonablemente que “el estudio de la Historia es ante todo una gran lección de humildad”. Y es que aun detrás de los tonos más rudos y aritméticamente precisos, la esperanza y la humildad deben estar en el discurso escrito de los historiadores. Porque, ni más ni menos, la palabra escrita es el puente entre nuestra mente y el cosmos. Muchas gracias.

    Salvador Rueda Smithers

     Ganador del premio a la mejor reseña de 2016 en la categoría de “Historia cultural” 

    Lo que descubre la historia, no lo olvide la memoria

    Los combates por la Historia resultan ser el acicate más contundente para el gremio de las y los historiadores. Parafraseo a Lucien Febvre, con un sentido metafórico, pero también con su raíz más identitaria. Bajo ese referente del oficio inscribo mi experiencia muy gratificante al haber coordinado el Jurado de Historia Social al lado de colegas muy reconocidos en el campo de la disciplina histórica.

    Estarán de acuerdo conmigo las y los coordinadores de los otros jurados del Comité, así como todos sus miembros integrantes, que la ciencia de la Historia en México desvela una fuerte musculatura en la ejecución del oficio de historiar, como diría nuestro querido maestro Luis González. Ejemplos notables de ello son los artículos y las reseñas que hoy reciben su merecido reconocimiento. Su escritura, sus argumentos y sus explicaciones e interpretaciones nos desvelan la versatilidad de la Historia en las distintas segmentaciones o compartimentos que procuran asir su complejidad y su variabilidad (historia del arte y del patrimonio, historia social, historia económica, historia cultural, historia política, teoría e historiografía). Aunque, a decir verdad, todos secundamos la aserción de Luis González: “todo es historia”.

    Pero no sólo eso, al asumirnos como historiadoras e historiadores hemos contraído desde luego un compromiso vital y ético con nuestra profesión, y a la par también con nuestra sociedad, y, por ende, con nuestra patria y con nuestra matria. No olvidemos la fuerza de la función social de la Historia en nuestras tareas como profesionales (de docencia de investigación y de divulgación). En ella subyace la erección de una conciencia crítica que hoy por hoy debe ser cultivada con esmero, con disciplina, con intuición y con creatividad para interpelar a este mundo globalizado y a sus poderes formales y a los fácticos. Y más directamente a los cambios y reformas que ya vienen cabalgando, y que literalmente, se asentarán a partir del día de mañana en nuestra patria desangrada.

    Nuestra acción como comunidad epistémica colectiva debería estar muy activa en esta hora histórica, con opiniones en los medios impresos y digitales, así como en los foros públicos; también con diagnósticos especializados con la intención de alzar nuestra voz para aportar nuestro grano de arena en las trascendentes decisiones políticas que reviertan décadas de indolencia, impunidad y corrupción.

    De igual manera, nuestra función social y divulgativa debería propulsar la siembra, por todos los rincones del país y a todos los niveles del sistema educativo nacional, las semillas entre las generaciones más jóvenes de una ciudadanía más libre, más democrática, más incluyente, más consciente y más comprometida con los deberes para con nuestro México del siglo XXI. Si no conocemos y si no enseñamos los laberintos de nuestra aciaga historia, estamos, ya lo sabemos, condenados a repetir los fracasos y las ignominias. Apelamos a la Historia porque: “La humanidad no puede saber adónde puede y quiere ir si ignora los caminos y los senderos de otras épocas” (Pierre Broué).    

    Gran desafío resulta todo ello para nuestra disciplina, pues en México el capitalismo neoliberal de los últimos 30 años ha dejado a su paso miseria, desigualdad y apatía, pero sobre todo una espiral de violencia que no cesa de atrapar en sus entrañas a miles de víctimas. Como historiadoras e historiadores tenemos el imperativo moral de no desviar la mirada ante las atrocidades de todo tipo que devoran a nuestra patria.

    Nuestra palabra, nuestra escritura, nuestra vocación histórica nos deben impulsar a consolidar las redes de la memoria. Y de ello dan ejemplo extraordinario las autoras y los autores de los artículos y las reseñas que hoy reciben las más altas distinciones de parte del Comité Mexicano de Ciencias Históricas.

    Los contenidos de dichos artículos y reseñas resumen en su conjunto lo que hace tiempo definió nuestro maestro Álvaro Matute como una parte muy valiosa de nuestro inventario historiográfico, que pretende dar a conocer “el bagaje vivo y positivo que reciben los historiadores de sus antecesores”. Por lo tanto, su significado se entiende como “conciencia histórica de la Humanidad”.

    Por ende, las obras aquí premiadas forman parte de un conocimiento original que fortalece “un proceso cognoscitivo que es acumulativo, y por el cual sabemos cotidianamente más y mejor sobre el pasado mexicano”, pero encaballado siempre hacia el futuro, engalanado de evocaciones y reminiscencias, es decir, la historiografía mexicana como conciencia histórica.

    Viene entonces a mi memoria la alegoría de José Vasconcelos: “mientras no concluya mi cruel relato por dentro arderá mi corazón”.

    ¡Enhorabuena para las y los premiados! Y larga vida al Comité Mexicano de Ciencias Históricas. Muchas gracias.

    Verónica Oikión Solano

    Coordinadora del Jurado de la categoría de "Historia social"

     

       

     

    Nuevos miembros de la Academia

    La Academia Mexicana de la Historia correspondiente de la Real de Madrid informa de la elección de cuatro nuevos miembros de número.

    El día 6 de noviembre pasado fue electo Mario Cerutti para ocupar la silla 8 (foránea). También fueron electos Carlos Illades Aguiar, Rafael Rojas y Felipe Castro para los sillones 10, 11 y 19 (metropolitanos), respectivamente. Los cuatro nuevos miembros fueron los triunfadores de procesos electorales prolongados, razonados, muy competidos y puntillosamente legales. Su legitimidad es total, lo mismo que su calidad académica. La Academia Mexicana de la Historia está absolutamente segura de que los nuevos cuatro miembros enriquecerán a la corporación, y por lo mismo al gremio en su conjunto.

    Claudia Ferreira Ascencio (1970-2018)

    El Centro de Estudios Históricos lamenta profundamente el fallecimiento de la Dra. Claudia Ferreira Ascencio, acaecido el sábado 1º de diciembre. Ella fue estudiante de nuestro centro y obtuvo su doctorado en 2010 bajo la dirección de Andrés Lira. Interesada en temas de historia social de la Iglesia durante el periodo virreinal, centró su investigación en los padrones de confesión y comunión. Colaboró en la elaboración de Archivo del Cabildo Metropolitano de México: inventario y guía de acceso, dos volúmenes (El Colegio de Michoacán, Centro de Estudios de Historia de México, 1999). En 2014 publicó Cuando el cura llama a la puerta. Orden sacramental y sociedad. Los padrones de confesión del Sagrario de México (1670-1825) (El Colegio de México). La Dra. Ferreira fue profesora en varias instituciones de educación superior y una colaboradora invaluable del proyecto de Concilios Provinciales que fundaron los doctores Andrés Lira y Alberto Carrillo Cázares. Nos queda el recuerdo de su trato gentil y amable, de su alegría y gusto por la historia. Con profundo pesar, compartimos con su familia y amigos la tristeza de haber perdido una historiadora de gran sensibilidad, excelente colega y amiga.

    Erika Pani, El Colegio de México

     

    Boletín 432

     

     Septiembre-Octubre 2018     

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                           

    La lucha por la memoria: Dar voz al silencio

    El 13 de septiembre de 1968 centenares de miles de personas participaron en la “Marcha del Silencio”. Exigían libertades. El 13 de septiembre de 2018 un grupo de académicos mexicanos, estadounidenses y europeos presentaron en El Colegio de México los “Archivos del Autoritarismo Mexicano” (en inglés MIDAS, The Mexican Intelligence Digital Archives), una iniciativa pensada para enfrentar pacíficamente la censura impuesta a los archivos.

    En febrero de 2002 el Archivo General de la Nación (AGN) recibió los archivos de la Dirección Federal de Seguridad y Dirección General de Investigaciones Políticas y Sociales, que reunían documentos en cumplimiento del Acuerdo decretado por el Presidente Vicente Fox en noviembre de 2001. En el mismo decreto se planteaban diversas medidas para la procuración de justicia por delitos cometidos contra personas vinculadas con movimientos sociales y políticos del pasado.

    Esos acervos permitieron que florecieran los estudios sobre los engranes y resortes que hacían funcionar el sistema político mexicano.   Además, estos archivos dieron pauta a las investigaciones realizadas por la extinta Fiscalía Especial de Movimientos Sociales y Políticos del Pasado y fueron la fuente primaria de información para el Informe Histórico presentado a la sociedad mexicana: Fiscalía especial FEMOSPP, informe que nunca fue publicado íntegramente por las autoridades mexicanas.

    Desafortunadamente, dichos fondos no se integraron al resto de los acervos del AGN de la manera, usual, sino que permanecieron como un acervo separado en la Galería 1, que siguió estando a cargo de personal del Centro de Investigación y Seguridad Nacional, CISEN. El acervo estaba organizado con un complejo y particular procedimiento de referencia que sólo el personal del CISEN conocía. Además, el público e incluso el AGN carecía de un instrumento de consulta que permitiera saber qué se encontraba en el mismo. De esta forma, su acceso al público requería de una solicitud de información a través del IFAI a partir de la cual el personal del CISEN formaba expedientes que entregaba en forma versiones públicas (testadas), a modo de ocultar los datos personales.

    A partir del 2009 el AGN intentó tomar control de dicho acervo al elaborar, junto con personal del CISEN un instrumento de consulta y sustituyendo gradualmente al personal del CISEN en dicha galería. Después, a partir de la promulgación de la Ley Federal de Archivos, en 2012, el AGN pudo dar mayor apertura a dichos acervos, puesto que dicha ley definía al AGN como fuente de acceso público, lo que lo exentaba de ejercer la protección de los datos personales en sus acervos. Esto fue dándose gradualmente a partir de negociaciones con el CISEN. Hacia mediados 2013 el acceso al acervo fue prácticamente completo, y ya pudo darse a solicitud directa del investigador, como en las demás galerías, en vez de a través de solicitudes de acceso de información del IFAI.

    Desafortunadamente, en 2015 la Secretaría de Gobernación decidió limitar en extremo el acceso a estos acervos. Para hacer esto compatible con la Ley Federal de Archivos se dejó de considerar a este fondo como parte del acervo histórico del AGN, lo que eliminaba su carácter de fuente de acceso público. Además, se consideró que los datos personales que contenían los documentos eran sensibles por lo que tendrían una protección de 70 años. A partir de entonces, el AGN se limitó a dar acceso a las versiones públicas que se habían realizado en el pasado, coartando el derecho a la verdad de la sociedad y olvidando el deber de memoria del estado mexicano.

    El reclamo de historiadores, academia, víctimas y sociedad civil dio pauta a amplias discusiones que impidieron que en una nueva ley de archivos que se estaba elaborando afianzara el uso de la ley para impedir el acceso a este tipo de fuentes históricas. En cambio, la Ley General de Archivos que fue aprobada en abril del 2018 (vigente hasta junio de 2019, véase Boletín 431) reconoce la publicidad irrestricta de los acervos que se encuentran actualmente dentro del AGN o cualquier otro archivo histórico, incluidos aquellos de la Dirección Federal de Seguridad, la Dirección General de Investigaciones Políticas y Sociales y el fondo documental de la Secretaria de la Defensa Nacional.

    El difícil acceso a estos fondos interfirió con el derecho a la verdad. Ello salió a la luz en la conferencia pública: “¿Qué pasa con nuestro patrimonio documental? Los archivos confidenciales” que organizó el Seminario sobre Violencia y Paz en febrero de 2016. De ahí se desprendió la iniciativa de solicitar a los investigadores, que habían trabajado en diferentes archivos, una copia de los documentos que habían recibido sin tachaduras. Se decidió crear un consorcio académico internacional para depositar en dos servidores en el extranjero los centenares de miles de páginas reunidas a lo largo del tiempo. En otras palabras, para hacer accesibles los documentos recuperados en archivos mexicanos fue necesario hacerlo desde el extranjero.

    El proyecto los “Archivos del Autoritarismo Mexicano” (en inglés MIDAS, The Mexican Intelligence Digital Archives) es un esfuerzo desde la academia y la sociedad civil por recuperar una parte de la historia de nuestro país. Quienes integramos este proyecto creemos que la construcción de la verdad y el avance hacia un proceso de pacificación real debe venir desde todos los sectores de la sociedad pues no habrá justicia ni perdón, sin verdad.  La verdad sobre las atrocidades del pasado es necesaria para lograr la reconciliación entre instituciones del Estado y sociedad. Por otro lado, como lo han señalado organismos internacionales, es deber del estado rendir cuentas y buscar la confianza de la sociedad. Por esto los archivos aquí presentados adquieren especial relevancia en el contexto en el que se busca la pacificación del país.

    Finalmente, hacemos un llamado a las autoridades, al recién nombrado Congreso de la Unión y al Instituto Nacional de Acceso a la Información y Protección de Datos Personales a reconsiderar la fecha de entrada en vigor de la Ley General de Archivos que está prevista hasta junio de 2019, a fin de que los acervos que se encuentran actualmente en las mencionadas instituciones puedan ser de acceso público irrestricto de manera inmediata. De igual forma les exhortamos a aportar un presupuesto suficiente al Archivo General de la Nación para que pueda hacerse realidad su carácter de organismo descentralizado y desectorizado que marca la ley, y pueda contar con el personal y recursos necesarios para organizar, preservar, y dar cabal acceso a fondos documentales tan importantes que resguarda, como el que aquí mencionamos.

    Actualmente, forman parte de dicho consorcio las siguientes instituciones: Northwestern University, The Center for Research Libraries, El Colegio de México y Artículo 19. Su consejo directivo se ha constituido con dos representates de la academia mexicana, un representante de la sociedad civil mexicana y tres académicos internacionales. Actualmente estos son: Sergio Aguayo, El Colegio de México; Aurora Gómez Galvarriato, El Colegio de México; Ana Cristina Ruelas, Artículo 19; Markus-Michael Müller, Frei Universität Berlin; Jocelyn Olcott, Duke University; y Benjamin T. Smith, Warwick University.

    El consorcio decidió presentar la iniciativa con colecciones relacionadas con el Movimiento de 1968, que actualmente incluye más de 4,000 documentos, provenientes de: Archivo Sergio Aguayo; National Security Archive; Comisión de la Verdad del Estado de Guerrero y colecciones privadas de varios ciudadanos, reporteros y académicos. El 13 de septiembre de 2018, como una manera de conmemorar el 50 aniversario de la Marcha del Silencio, entregamos la 1ª entrega de este esfuerzo. Es una forma de reiterar el compromiso, de la academia y la sociedad civil, con la libertad de expresión y de investigación.

     

    Proyecto MIDAS

    Liberar los archivos. Represión de Estado y conocimiento histórico

    Camilo Vicente Ovalle

     

    Cincuenta años parecen un periodo suficiente para escapar de las agitadas aguas de la política y  convocar testimonios sin que estos suenen ya amenazadores o peligrosos. El Archivo General de la Nación (AGN) anunció que hará públicos los documentos referentes al movimiento estudiantil y popular de 1968.1 Este anuncio, además de ser una reacción tardía e insuficiente por parte del AGN, hace evidente que para el conocimiento histórico la primera barrera no es epistémica, sino jurídica-política.

    Las relaciones entre el archivo y la historiografía no están mediadas, en principio, por problemas epistemológicos, antes existe la mediación y la determinación del poder político sobre el conocimiento. Como lo muestra la normatividad sobre archivos y sus restricciones, en la que definiciones de carácter político y jurídico establecen un marco paradigmático para la historiografía, en la medida en que pone los límites de lo que se puede conocer. Ni la distancia temporal, ni mucho menos una pretendida condición asociada a la supuesta imposibilidad de la historiografía de aprehender lo actual, son limitantes del conocimiento histórico. Pero las lógicas de poder y saber que cruzan el archivo sí son limitantes efectivas, convertidas luego en silencios y complicidades de la tradición historiográfica. Para decirlo con Jaques Le Goff: “muestra que el problema epistemológico de la historia […] no es solamente un problema intelectual y científico, sino también un problema cívico y hasta moral. El historiador tiene sus responsabilidades, de las que debe ‘rendir cuentas’”.2 La relación con el archivo y la escritura de la historia, en especial cuando se trata sobre indagar en el presente, está mediada por esa condición: estar colocado epistémica e intelectualmente frente al poder, al poder del Estado.

    Entre las décadas de 1960 y 1980, el Estado mexicano desplegó un conjunto de técnicas y estrategias, articuladas en una política de contrainsurgencia, para el control o eliminación de las disidencias políticas radicales, en particular, de las organizaciones populares y grupos guerrilleros contra los que se cometieron crímenes de Estado. El diseño e implementación de la contrainsurgencia quedaron registrados en cientos de miles de documentos de diversas dependencias de seguridad nacional, así como de diversas instancias de los gobiernos de las entidades federativas. En su conjunto, forman un vasto acervo documental que llamamos “archivos de la represión”, de los que forman parte los documentos del 68 que serán liberados.

    Sobre estos archivos se ha llevado a cabo un debate los últimos cuatro años, particularmente en torno al cierre de la consulta directa del archivo de la Dirección Federal de Seguridad, así como sobre la Ley Federal de Archivos, normativa particularmente regresiva en relación con el acceso a la información y el derecho a la verdad, y la Ley General de Archivos, reciéntenme aprobada y congelada hasta junio de 2019. Esta última, aunque menos regresiva (se eliminó de ella la categoría “documento histórico-confidencial”) conservó al menos tres aspectos peligrosos para el acceso a la información, el derecho a la verdad y para la investigación histórica: la temporalidad de la reserva que puede ir de 30 a 70 años; la indeterminación de los periodos de transferencia, que da lugar a la discrecionalidad de las dependencias; y preserva de forma injustificada la regulación del Instituto Nacional de Acceso a la Información (INAI) sobre la investigación social que se realiza o utiliza archivos.

    Sobre este último aspecto, comparto una experiencia personal: en 2015, después de una negativa del AGN de entregar información, interpuse un recurso de revisión ante el INAI que convalidó la negativa del AGN argumentando que yo no había acreditado “que requería tener acceso a dicha información para realizar una investigación o estudio que se considere relevante para el país”. Ante esta respuesta le solicité al propio INAI que me informara sobre los procedimientos y criterios por los cuales determina qué investigación es relevante para el país, la respuesta fue que “no cuenta con un documento específico que establezca los criterios y procedimientos por los que este Instituto determina si una investigación o estudio es relevante o no para el país”; es decir, estamos ante un ejercicio de mera discrecionalidad. Este criterio de “relevancia para el país” fue dejado pasar en la Ley General de Archivos en su artículo 38.

    Aún falta un largo camino por recorrer en materia de archivos de la represión, primero reconocerlos en cuanto tales, lo que significa construir una normatividad especial para su tratamiento. El argumento de protección de datos personales, que es el que se esgrime para seguir manteniendo en la opacidad estos archivos, no tendría que ser instrumentado de la misma manera, por ser documentos vinculados a graves violaciones a derechos humanos, pero eso sólo se comprenderá cuando se entienda la cualidad de los archivos de la represión. Y, en segundo lugar, la disciplina histórica, sus academias, deben desterrar del discurso historiográfico, o al menos cuestionar, las taras sobre la distancia temporal que lo único que han hecho es reforzar la opacidad y control político sobre el propio conocimiento histórico.

     

    1Pedro Villa y Caña y Teresa Moreno, “Abriremos documentos delicados sobre el 68: Mercedes de Vega”, El Universal, 6 de octubre de 2018.

    2Jacques Le Goff, “Prefacio”, en Marc Bloch, Apología para la historia o el oficio del historiador, 2ª ed. México: Fondo de Cultura Económica, 2001, pp. 11–12.

     

    Colección M68: Ciudadanías en movimiento

    Eunice Hernández

    Coordinadora de la Colección M68

    Centro Cultural Universitario Tlatelolco

     

    Somos nuestra memoria,

    somos ese quimérico museo de formas inconstantes,

    ese montón de espejos rotos.

    Jorge Luis Borges (1969)

     

    Cuando Jorge Luis Borges escribió estos versos en su poema “Cambridge”, el “68” —ese tiempo axial que moldeó a la época contemporánea—era todavía muy reciente. Quizá por ello, el movimiento estudiantil no fue bien recibido por el escritor argentino. A pesar de que el premio Nobel fue conservador en sus ideas políticas, todavía sorprende el telegrama hallado por el Dr. Sergio Aguayo en el Archivo General de la Nación, por medio del cual Borges, Bioy Casares y Manuel Peyrou expresaban su “adhesión al gobierno mexicano”. En cambio, su intuición literaria sobre las bibliotecas, la memoria, el recuerdo y el olvido vaticinan las posibilidades del archivo en el siglo XXI, el cual se ha expandido de las bibliotecas y de las investigaciones académicas a nuevos circuitos como el ámbito digital, los museos y la producción artística.

    En este “giro archivístico” se inscribe la Colección M68: Ciudadanías en movimiento, cuya misión reside en ser un repositorio digital sobre los movimientos sociales que han impulsado el reconocimiento de derechos en México desde 1968 a la fecha. Concebida como un proyecto a largo plazo y en permanente construcción, sus objetivos son fomentar el libre acceso a la información, contribuir a la documentación, visibilidad e internacionalización de los acervos que la componen, así como generar conocimiento sobre diez líneas de investigación: el 68 mexicano y los movimientos estudiantiles; respuestas a la violencia y crímenes de estado; luchas por la democracia; feminismo y disidencia de género; luchas indígenas; luchas socio-ambientales; movimientos obreros y sindicales; movimientos impulsados por la sociedad civil; movilidad, migración y desplazados; y arte, cultura y medios digitales en torno a los movimientos sociales.

    Dicen que “sin archivos no hay memoria” y por ello, el punto de partida de la Colección M68 nace de una coyuntura específica: la conmemoración por los cincuenta años del movimiento estudiantil de 1968, el cual estuvo marcado por la violencia estatal y el silencio sistemático, pero también por la recuperación de la memoria histórica y colectiva, a mano de sus participantes, líderes históricos, académicos, escritores y artistas.

    Impulsado gracias a la labor del Comité interuniversitario para los 50 años del 68 —integrado por la UNAM, El Colegio de México, el Instituto Politécnico Nacional, la Universidad Iberoamericana y la Universidad Autónoma de Chapingo—, este repositorio digital es posible gracias a la colaboración de diversos socios estratégicos y patrones.  Sin embargo, su creación se aleja de la lógica del monumento y de las tradiciones que ven al pasado como un proceso cerrado que hay que “recordar”, para incentivar un sentido más amplio del acto de con-memorar, es decir, de “hacer” memoria juntos, donde el documento y el archivo juegan un papel fundamental no sólo para la reconstrucción de los hechos históricos y la búsqueda de la verdad histórica y jurídica sino también como objetos donde se configuran las relaciones de poder y, por ende, las tensiones entre la gestión de la memoria y la política del silencio y el olvido.

    De ahí, que la Colección M68 haya iniciado sus labores no sólo con una versatilidad de archivos provenientes de universidades, instituciones gubernamentales, organismos de la sociedad civil, medios de comunicación y personales, así como con una variedad de documentos, fotografías, mantas, expedientes, entrevistas, volantes y manuscritos sino también impulsando —junto con el AGN— la resolución del Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales (INAI) para determinar que la información referente al “68” contenida en este repositorio, es de mayor interés para la sociedad y para los procesos de verdad, justicia y reparación del daño que la protección de datos personales que obran en ella, lo que posibilitó la consulta pública de los documentos íntegros en la Colección M68.

    Su lanzamiento se realizó el pasado 1º de octubre con más de 25,000 registros catalográficos y casi 100,000 objetos digitales, provenientes de 35 archivos de los 47 participantes, entre los que destacan: 

    * El fondo de caricatura política —compuesto por la colección de Rogelio Naranjo, Rius y próximamente de Gonzalo Rocha—, y el fondo M68: Ciudadanías en movimiento, ambos bajo el resguardo del Centro Cultural Universitario Tlatelolco de la UNAM.

    * El archivo fotográfico El Heraldo Gutiérrez Vivó-Balderas de la Biblioteca Francisco  Xavier Clavigero de la Universidad Iberoamericana.

    * Movimientos armados en México. Recursos de la Información y una selección de documentos provenientes de la Biblioteca Daniel Cosío Villegas de El Colegio de México.

    * Una selección de más de 150 expedientes sobre el movimiento estudiantil del Fondo Secretaría de Gobernación Siglo XX de Investigaciones Políticas y Sociales (1924-1982) y de la Dirección Federal de Seguridad (1947-1971), así como fotografías de fondos como Hermanos Mayo, bajo el resguardo del Archivo General de la Nación.

    *Una selección de fotografías de 1968 resguardadas en el Museo Archivo de la Fotografía (MAF) de la Secretaría de Cultura del Gobierno de la Ciudad de México.

     * El Acervo Cristina Híjar. Arte y Movimiento Social-CENIDIAP/INBA, así como una selección de documentos del Comité ¡Eureka!-Museo Casa de la Memoria Indómita, de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI) y de la Agencia Autónoma de Comunicación SubVersiones.

    * Los Archivos Históricos del Feminismo, compuesto por las revistas Fem, La Revuelta, La correa feminista, el CIHUAT y La Boletina, resguardados por el Centro de Investigaciones y Estudios de Género (CIEG) de la UNAM.

    * Una selección de documentos provenientes de los archivos personales de Arturo Martínez Nateras y de Joel Ortega, ambos participantes del movimiento estudiantil de 1968, así como de la caricaturista Cintia Bolio y de las activistas  Marta Lamas, Ana Lau Jaiven, Isabel Vericat, Lucero González, Yan María Yaoyólotl Castro y  Mariana Pérez Ocaña, directora de la revista LeSVOZ.

    Por otro lado, en 2019, la Colección M68 irá integrando nuevos registros, fondos y archivos, tales como el Fondo documental Juan Acha del Centro Cultural Universitario Tlatelolco; el Archivo Álvarez Garín del Comité 68 Pro Libertades Democráticas; el Proyecto Memoria y Verdad de Artículo 19; fotografías y documentos del Archivo Histórico de la UNAM-IISUE, una selección de los fondos Proceso Pentágono, No Grupo y Felipe Ehrenberg del Centro de documentación Arkheia, MUAC, UNAM; materiales del Fondo Ana Victoria Jiménez de la Universidad Iberoamericana, del Centro de Documentación de la Maestría en Estudios de la Mujer de la UAM-Xochimilco y de asociaciones civiles como el Sindicato de costureras del 19 de septiembre, entre muchos otros.

    Además de las búsquedas actualmente habilitadas por colección de origen, tema, fecha y palabras claves, la Coleccción M68 ampliará sus sistemas de búsqueda avanzada, conforme al modelo de metadatos creado ex profeso para el proyecto, así como integrando la web semántica, machine learning y deep bots para facilitar la consulta tanto en línea como en el Centro de Documentacion del Centro Cultural Universitario Tlatelolco.

    Concebida como una plataforma inteligente que vincula al archivo y al documento con el “museo digital”, la Colección M68: Ciudadanías en movimiento servirá de vehículo para actualizar los contenidos de la exposición permanente, recién inaugurada, del Memorial del 68 y Museo de los Movimientos Sociales, al tiempo que se impulsarán programas públicos y académicos, en colaboración con diversas universidades  e instituciones, para fomentar la difusión de los acervos que la componen y propiciar que éstos deriven en tesis, ensayos, creaciones artísticas e iniciativas culturales que apuesten por el pensamiento crítico, la investigación y la memoria colectiva sobre los movimientos sociales.

    Premio a la Trayectoria Académica “Silvio Zavala” en Historia Colonial de América, edición 2018

    El 18 de septiembre se realizó la reunión de dictaminación para este reconocimiento en memoria del presidente fundador de la Comisión de Historia del Instituto Panamericano de Geografía e Historia.

    El jurado, por decisión unánime, otorgó el premio al Dr. Óscar Mazín, por considerar que su trayectoria cumple las condiciones de la convocatoria. Óscar Mazín es Doctor en Historia por la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales (EHESS, París). Actualmente es profesor investigador en el Centro de Estudios Históricos (CEH) de El Colegio de México y es miembro del Sistema Nacional de Investigadores, Nivel II.

    Entre sus obras destacan El cabildo catedral de Valladolid de Michoacán (El Colegio de Michoacán, 1996); Una ventana al mundo hispánico (El Colegio de México, 2006); Gestores de la Real Justicia (El Colegio de México, 2007). Fue director de la revista Historia Mexicana.

    El Comité extiende su felicitación a nuestro colega.

    Información tomada del Boletín de la Comisión de Historia, núm. 49, octubre de 2018. Instituto Panamericano de Geografía e Historia.

    Premio Francisco Javier Clavijero, Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), edición 2018

    El Comité extiende sus felicitaciones a los colegas reconocidos con el Premio Francisco Javier Clavijero, de Historia y Etnohistoria, que entrega el INAH, en las categorías de mejor investigación; mejor tesis de doctorado; mejor tesis de maestría y mejor tesis de licenciatura.

    https://premios.inah.gob.mx/index.php

     

     

    Boletín 431

     Julio-Agosto 2018                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                          

     

    Ley General de Archivos. Logros y desafíos

     

     

     

    Alfredo Ávila

    Presidente de la Mesa Directiva CMCH

     

    El 15 de junio de 2018, el Diario Oficial de la Federación publicó el decreto que emite la Ley General de Archivos. Se trata de una normatividad de la mayor importancia, pues sustituye a la anterior Ley Federal y amplía el alcance que ésta tenía.

    Desde hace casi tres años, la Mesa Directiva del Comité Mexicano de Ciencias Históricas se interesó en el proceso de elaboración de la Ley General de Archivos. De inmediato expresamos  nuestras preocupaciones sobre el anteproyecto que había elaborado el Archivo General de la Nación (AGN), por lo que invitamos a colegas y a representantes del propio AGN para que expusieran sus puntos de vista en nuestras sesiones ordinarias. En noviembre de 2016 organizamos un foro sobre el tema, y participamos en los realizados en el INAI y en el Senado de la República, entre otros. Con motivo de la presentación de la primera iniciativa en noviembre de 2016, el Comité promovió junto con colegas de diversas instituciones la publicación de un desplegado, y participó en varios pronunciamientos realizados con diversas organizaciones. De igual manera, llevamos a instancias internacionales las preocupaciones del gremio respecto a la iniciativa y conseguimos el respaldo de colegas y asociaciones, incluida la de los representantes de las asociaciones/comités de historia de América Latina, reunidos en São Paulo. Junto con el CIDE, la Red por la Rendición de Cuentas y Artículo 19 México/Centroamérica nos manifestamos sobre diversos aspectos que nos afectaban en el desarrollo de nuestras actividades profesionales, pero que también ponían en riesgo la memoria histórica del país. En la página web del Comité pueden verse estos y otros documentos relevantes.

    A continuación, enumeramos los principales aspectos de la iniciativa que nos causaban preocupación, nuestra propuesta y el resultado final en el dictamen aprobado por el Senado: 

    1) El artículo 36 de la iniciativa habría permitido la aplicación de la Ley General de Protección de Datos Personales, pues no declaraba que los archivos fueran fuentes de acceso público. Por ello, solicitamos que se empleara de manera explícita ese término, pues se trataba del único que podía eximir de la protección de datos personales.

    En el dictamen aprobado se establece que: “Los documentos contenidos en los archivos históricos son fuente de acceso público […] Asimismo, deberá considerarse que de acuerdo con la legislación en materia de transparencia y acceso a la información pública, no podrá clasificarse como reservada aquella información que esté relacionada con violaciones graves a derechos humanos o delitos de lesa humanidad”.

    2) La iniciativa no contemplaba ningún mecanismo mediante el cual se pudiera realizar investigaciones en archivos administrativos o de concentración. Propusimos que se recuperara el procedimiento de la Ley Federal de Archivos aún vigente, que ya había permitido al menos a un historiador consultar documentos con datos personales sensibles en un archivo.

    El dictamen aprobado tiene un artículo en este sentido. De esta forma, aunque los documentos con información personal sensible (solo la “sensible”, no toda la personal) que no haya sido transferida a un archivo histórico será resguardada hasta por setenta años, de acuerdo con criterios internacionales, su consulta está garantizada por el artículo 38 cuando se trate de estudios académicos, el interés público sea mayor o beneficie al titular de la información. Cabe reiterar que, de acuerdo al artículo 36, los documentos con información confidencial sensible que ya están en archivos históricos no están protegidos por la Ley General de Protección de Datos Personales.

    3) La iniciativa contenía un artículo transitorio, el 14, que obligaba a las dependencias federales y estatales a revisar los documentos de los archivos históricos para determinar qué debería quedarse allí y qué devolverse a los archivos de concentración. Nos opusimos rotundamente. En el dictamen aprobado, el artículo se eliminó.

    4) En la iniciativa se declaraba al AGN como dependiente de la SEGOB y como secretario técnico del Consejo Nacional de Archivos. Nos pareció muy preocupante que una dependencia con tan escaso presupuesto se hiciera cargo, en la práctica, del Sistema Nacional pero sin capacidad de decidir. Por ello, exigimos que se diera autonomía, que no fuera secretario técnico subordinado a SEGOB y que se incremente su presupuesto de manera urgente.

    La Ley aprobada dio al AGN la presidencia del Sistema Nacional de Archivos, lo define como una entidad paraestatal no sectorizada y establece que en el ejercicio fiscal de 2019 se cambie el AGN al ramo 47 para que obtenga los recursos suficientes. Cabe señalar que en su momento debemos seguir presionando para que se asigne ese presupuesto realmente y se detengan los recortes que hasta ahora se han dado.

    5) La iniciativa no establecía plazos para que los documentos se trasladaran de los archivos de concentración a los históricos, confiando en los catálogos de disposición documental de cada sujeto obligado.

    En el dictamen aprobado se estableció que catálogos de disposición documental sigan siendo los que rijan en ese aspecto, aunque se aclaró que nunca podrán exceder de 25 años.

    6) De igual manera, en materia de valoración documental para trasferencias a archivos históricos sugerimos que en las comisiones y grupos interdisciplinarios hubiera al menos un historiador.

    En este caso, el dictamen no incluyó nuestra petición, aunque, dado el carácter de ley general que tiene, permite que en esos grupos haya especialistas en áreas afines a la archivística, pudiendo las leyes estatales ser más específicas. En todo caso, nos parece que se trata de un aspecto en el que se puede seguir insistiendo y hacer convenios con los archivos y los sujetos obligados para brindar la asesoría en las transferencias documentales.

    7) La iniciativa original señalaba como los pilares fundamentales: la archivística, la preservación y la organización documental. Desde un comienzo, insistimos en la importancia de que se agregara la máxima difusión como el tercer pilar. El dictamen aprobado contempla en igualdad de condiciones la conservación de documentos, su organización y catalogación, así como facilitar su consulta y máxima difusión.

    Como puede apreciarse, pese a las objeciones que diversos actores políticos pusieron a nuestras demandas, se incluyó la mayoría, lo cual puede dejarnos satisfechos, aunque en guardia. Es necesario dar seguimiento a las legislaciones estatales, que se deriven de esta Ley General. Es muy importante señalar a los encargados de archivos que no pueden entregar copias testadas de los documentos, pues los datos personales son públicos si ya están en un archivo histórico, y en el caso de archivos de concentración, se pueden consultar mediante el mecanismo del artículo 38. En caso necesario, debemos promover juicios para que se establezca jurisprudencia en este sentido, según lo señaló el ministro José Ramón Cossío (véase Boletín 424). Todavía queda mucho por hacer, y el Comité continuará su trabajo en este sentido.

    Por último, cabe señalar que lo conseguido se debió a la buena disposición y voluntad política de la senadora Laura Rojas, quien llevó nuestras propuestas a las reuniones con representantes de otras bancadas, de la Secretaría de Gobernación y del Archivo General de la Nación. Organizaciones no gubernamentales como la Red por la Rendición de Cuentas y Artículo 19 estuvieron en las jornadas de trabajo (a veces maratónicas) que mantuvimos con la senadora Rojas, el senador Alejandro Encinas y sus asistentes. Aurora Gómez Galvarriato, Andrés Lira y Daniela Gleizer también estuvieron presentes en esas reuniones, lo mismo que Enrique Florescano, Carlos Marichal y los directores de los institutos de Humanidades de la UNAM, encabezados por el Coordinador de Humanidades, Alberto Vital, frente a la Junta de Coordinación Política del Senado. El consejo consultivo del AGN, presidido primero por Mauricio Merino, y posteriormente por Agustín Escobar, y del cual forma parte el Comité, también fue de enorme importancia. Otros colegas promovieron desde diferentes medios una Ley General de Archivos que no obstruya nuestro trabajo y que contribuya a la transparencia y a la construcción de una memoria histórica, tan necesaria para toda la sociedad. A todos ellos, muchas gracias.

     

    Cronología de la LGA

    13 de noviembre de 2015. La Mesa Directiva del Comité Mexicano de Ciencias Históricas (CMCH) recibió copia del anteproyecto de la Ley General de Archivos (LGA) elaborado por el Archivo General de la Nación (AGN) que sería presentado al Senado. (Véase Boletín 417)

    3 de diciembre de 2015. El presidente del CMCH se entrevistó con los senadores Alejandro Encinas y Laura Rojas para solicitar información sobre el proyecto de LGA. En la reunión estuvo presente Enrique Chmelnik, presidente de la Asociación Mexicana de Archivos y Bibliotecas Privados (AMABPAC). (Boletín 417)

    12 de enero de 2016. En el Centro de Estudios de Historia de México CARSO, en una nueva reunión con senadores Rojas y Encinas, la presidencia del CMCH entregó un documento con la posición de los historiadores. (Boletín 417)

    26 de enero de 2016. En la primera sesión ordinaria del Consejo Académico Asesor del AGN, el CMCH se refirió a la LGA y solicitó:  1) que se invitara a historiadores para participar en los foros de discusión sobre la ley; 2) considerar que todo documento existente en un archivo histórico fuera público, de modo que no pueda ser clasificado como confidencial ni ponerse obstáculos para su consulta. (Boletín 417). La directora del AGN manifestó su respaldo a esta petición.

    3 de febrero de 2016. Foro: “La LGA: la preservación de la memoria colectiva y el derecho a la verdad en México”, en el Senado.

    28 de abril de 2016. Foro “Archivos. Condición para el funcionamiento de los Sistemas Nacionales: Transparencia, Archivos, Rendición de Cuentas”, organizado por el AGN y la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).

    31 de agosto de 2016. Carta de la Red por la Rendición de Cuentas dirigida a la Segunda Comisión de Estudios Legislativos en la que se exhorta a diseñar una LGA congruente con la normativa del sistema de rendición de cuentas. (Boletín 420)

    19 de octubre de 2016. El CMCH entregó al Senado una misiva suscrita por varias asociaciones civiles, archivistas e historiadores. La carta pública, con más de 110 firmas, manifestaba que “en congruencia con la normatividad en materia de transparencia y acceso a la información aprobada hasta ahora, los archivos históricos deben conservar su carácter público. Cualquier restricción para el acceso a los archivos históricos debe ser eliminada sin ambigüedades, es decir, los documentos históricos no pueden ser considerados información reservada ni confidencial”. (Boletín 420)

    17 de noviembre de 2016. La Comisión de Gobernación presentó ante el pleno del Senado la iniciativa de LGA para su discusión. La iniciativa planteó la creación de una ley de 117 artículos para establecer la administración homogénea de archivos en los tres órdenes de gobierno; bajo un Consejo Nacional de Archivos presidido por la Secretaría de Gobernación.

    24 de noviembre de 2016. Carta “Por el derecho a la memoria”, publicada en El Universal, dirigida al Senado, a la directora del AGN y a la opinión pública. La misiva señalaba que “La Ley, que podría ser una oportunidad para mejorar los archivos mexicanos y favorecer la transparencia, en su estado actual podría provocar precisamente lo contrario”.

    24 y 25 de noviembre de 2016. El CMCH organizó el Foro: “Los historiadores frente a los archivos”, en el Centro de Estudios de Historia de México CARSO, donde se discutió el proyecto de la LGA, la protección de datos personales, los proyectos de digitalización y difusión de fuentes escritas, los archivos privados y las restricciones a la información en ciertos ramos de documentación reservada. (Boletín 421)

    28 de noviembre de 2016. Ciclo de audiencias públicas en el Senado sobre la LGA, en la que intervinieron la Mesa Directiva del CMCH; la Red por la Rendición de Cuentas; Artículo 19;  asociaciones de archivos públicos y privados; académicos; funcionarios de las administraciones públicas federal y estatales; legisladores.

    La AMABPAC expuso un documento titulado “Observaciones y propuestas de la AMABPAC al proyecto de iniciativa de LGA”.

    29 de noviembre de 2016. Posicionamiento público sobre la iniciativa de LGA y las audiencias públicas del Senado. Participaron historiadores, académicos, y representantes de archivos y organizaciones civiles. La argumentación se enfocó en dos puntos centrales: “desvincular la política pública nacional en materia archivística del control político de la Secretaría de Gobernación”; y “adecuada valoración documental, junto con la conservación y plena consulta de los documentos históricos”.

    30 de noviembre de 2016. Publicación del “Análisis, crítica y propuestas de la Iniciativa de LGA 2016”, de la Red Nacional de Archivos de Instituciones de Educación Superior (RENAIES).

    5 de diciembre de 2016. Pronunciamiento del Consejo Técnico de Humanidades de la UNAM en el que refrendó la preocupación por la aprobación de la LGA en los términos de la iniciativa.

    6 de diciembre de 2016. Pronunciamientos del Consejo Académico de El Colegio de México y de los académicos del Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM solicitando revisar a fondo la iniciativa de la LGA en beneficio de la “libertad de expresión” y la “protección y el acceso libre a la memoria histórica de la nación”.

    El INAI presentó un decálogo de recomendaciones sobre la legislación.

    8 de diciembre de 2016. Comunicado de la Asociación Argentina de Investigadores de Historia (AsAIH) en apoyo a la iniciativa del CMCH sobre la LGA.

    14 de diciembre de 2016. Foro “Discutiendo la iniciativa de la Ley General de Archivos”, en la Facultad de Historia de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo. Carta pública de los participantes expresando su preocupación por la LGA.

    15 de diciembre de 2016. Pronunciamiento del Consejo Universitario de la UNAM, en el que se manifiesta por “una amplia consulta a la sociedad y a la academia”. 

    30 de enero de 2017. Foro “Balance sobre la iniciativa de la LGA”, organizado por el AGN y el INAI, en la sede del INAI, con la participación de archivistas, bibliotecónomos y órganos de gobierno. El CMCH presentó la postura de los historiadores. (Boletín 424)

    2 de marzo de 2017. Foro de “Análisis y propuestas a la iniciativa de la LGA”, convocado por la senadora Martha Tagle y la RENAIES, en el Senado.

    18 de abril de 2017. La Junta de Coordinación Política del Senado realizó una reunión de trabajo con académicos para recibir observaciones al dictamen de la iniciativa de la LGA. (Boletín 424)

    16 y 17 de junio de 2017. Foro “Principios rectores y bases para una LGA”, en el AGN y el Instituto de Investigaciones Jurídicas, UNAM.

    4 de agosto de 2017. En el Primer Foro Nacional de Archivos Legislativos, el comisionado presidente del INAI, Francisco Javier Acuña Llamas, urgió al Senado la reanudación de los trabajos de la LGA.

    13 de septiembre de 2017. Pronunciamiento conjunto del Comité Mexicano de Ciencias Históricas, Artículo 19, Red por la Rendición de Cuentas y el CIDE, titulado “Por una LGA congruente y funcional”, que considera siete puntos clave que recogen las inquietudes y demandas de académicos especialistas en archivos, activistas sociales y ciudadanos.

    Septiembre-diciembre de 2017. Participación del CMCH, de la Red por la Rendición de Cuentas, de Artículo 19 y de otras organizaciones de archivos en la revisión profunda y adecuación de la LGA con representantes del Senado sobre la base de los “siete puntos clave”.

    13 de diciembre de 2017. A las 21:35 horas, el pleno del Senado aprobó por unanimidad y sin discusión un nuevo dictamen de la LGA, con las modificaciones mencionadas, enviado por las comisiones de Gobernación y de Puntos Legislativos.

    14 de diciembre de 2017. Comunicado del CMCH sobre la aprobación en el Senado del dictamen de la LGA, en el que se enumeran siete puntos de los principales aspectos de la nueva legislación aprobada, que implican cambios sustanciales en beneficio de la libre consulta de los documentos históricos.

    10 de abril de 2018. Exhorto conjunto del CMCH, Artículo 19, CIDE, la Red por la Rendición de Cuentas y la Escuela Mexicana de Archivos A.C. (EMAAC) a la Cámara de Diputados para aprobar la LGA en los términos en que la aprobó el Senado. (Boletín 429)

    26 de abril de 2018. En la Gaceta Parlamentaria se publicó el proyecto de decreto por el que se expide la LGA, aprobada en lo general y en lo particular por el Pleno de la Cámara de Diputados durante la sesión ordinaria de la LXIII Legislatura, con 357 votos a favor, uno en contra y una abstención (Gaceta Parlamentaria, año XXI, número 5013).

    15 de junio de 2018. En el Diario Oficial de la Federación se publicó el decreto que emite la LGA.

     

     

    Comité Mexicano de Ciencias Históricas

    Colaboración: Ernesto Reséndiz Oikión

     

    Guadalupe Curiel Defossé (1952-2018)

    Salvador Reyes Equiguas

    Instituto de Investigaciones Bibliográficas. UNAM

     

    Con una profunda tristeza anunciamos que la tarde del seis de septiembre falleció la querida universitaria Guadalupe Curiel Defossé. Nació el 12 de diciembre de 1952 en Taxco de Alarcón, Guerrero. Se formó como historiadora en la Universidad de Guanajuato para posteriormente trasladarse a la Ciudad de México para doctorarse en la misma disciplina bajo la influencia de notables pensadores como Roberto Moreno de los Arcos, Luis Mario Schneider, Álvaro Matute y Miguel León-Portilla. Dueña de una pluma polifacética, Lupita -como todos la conocíamos en el círculo humanístico- gozó de varias inquietudes intelectuales y exploró diversas parcelas disciplinarias, entre ellas, el estudio de fuentes documentales, la historia del noreste novohispano, la bibliografía decimonónica mexicana, la hemerografía contemporánea y el desarrollo de los sistemas de información para las humanidades. Entre sus obras más destacadas se cuenta La historia de Texas en la Biblioteca Nacional: 1528-1848. Bibliografía comentadaFray Juan Agustín Morfi, Provincias Internas (Biblioteca del Estudiante Universitario); Tierra incógnita, tierra de misiones y presidios. El noroeste novohispano según fray Juan Agustín de Morfi 1673-1779 (Instituto de Investigaciones Históricas IIH, 2016); Tesoros patrimoniales de la Biblioteca Nacional de México (UdeG, Biblioteca Pública del Estado de Jalisco, Instituto de Investigaciones Bibliográficas IIB, 2016), así como la edición de la Relación geográfica e histórica de Texas o Nuevas Filipinas: 1673–1779 (IIB, CONACULTA, 2010). En coautoría con Luis Mario Schneider y Miguel Ángel Castro, publicó Biblos. Boletín semanal de información bibliográfica, publicado por la Biblioteca Nacional (1919-1926) y su Galería de escritores mexicanos contemporáneos (UNAM, 1999) y con María Teresa Camarillo, tanto la Hemerografía del movimiento estudiantil universitario: 1999-2000 como la base de datos hemerográfica, Elecciones presidenciales en México 2006. Con Aurora Cano, coordinó el volumen conmemorativo, Crónica de la Constitución de 1917 en la prensa de la época (Senado de la República, Secretaría de Cultura, INHERM, Instituto de Investigaciones Jurídicas IIJ, 2016) con Belem Clark, Aproximaciones a una historia intelectual. Revistas y asociaciones literarias mexicanas del siglo XIX (UNAM, DGAPA, IIB, BNM, HNM, 2016) y con Gisel Cosío Colina, Pasión por la prensa: vida y obra de María Teresa Camarillo Carbajal (IIB, 2016).

    Acostumbrada a los proyectos que suman esfuerzos, coordinó con Miguel Ángel Castro y Vicente Quirarte el Seminario de Bibliografía Mexicana del siglo XIX , donde salieron a la luz los catálogos: Obras Monográficas Mexicanas del Siglo XIX en la Biblioteca Nacional de México: 1822-1900Publicaciones periódicas mexicanas del siglo XIX: 1822-1855 y Publicaciones periódicas mexicanas del siglo XIX: 1856–1876, coordinó también el Seminario Cantares Mexicanos y otros opúsculos de la BN, proyecto donde se editó, tradujo y estudió dicho tesoro documental.  Asimismo, fue artífice y coordinadora de la Hemeroteca Nacional Digital de México y de la Biblioteca Nacional Digital de México.

    Universitaria comprometida, dedicó parte de sus afanes a la administración de su segunda casa. Fue coordinadora de la Hemeroteca Nacional, directora del Instituto de Investigaciones Bibliográficas, Biblioteca y Hemeroteca nacionales y secretaria de los Consejos Académicos del Área de las Humanidades y las Artes.  Formadora de varias generaciones, fue titular de la asignatura “Métodos de Investigación” en el Colegio de Historia de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM.

    A pesar de su prematura partida, sus aportaciones en la historiografía mexicana sabrán ser valoradas por las futuras generaciones de historiadores y bibliógrafos. Vaya para ella un espacio en nuestra memoria.

     

    Boletín 430

     Mayo-Junio 2018                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                             

    La casa de la memoria

    Raquel Castro

                                                       Centro de Documentación e Investigación Judío de México (CDIJUM)

     

    “La casa de la memoria”: así llamó el historiador mexicano Enrique Krauze al Centro de Documentación e Investigación Judío de México, o CDIJUM por sus siglas, el día en que éste fue presentado públicamente, en agosto de 2015. En esa ocasión, representantes de distintos sectores de la comunidad judía de México firmaron un convenio con el fin de “unir esfuerzos para que el material histórico sea concentrado en un mismo espacio y pueda a su vez ser consultado por cualquier miembro de la comunidad judía y por cualquier ciudadano mexicano o persona extranjera”. 

    Este convenio fue apoyado y reconocido por el Comité Central de la Comunidad Judía en México y por las comunidades Maguén David, Alianza Monte Sinaí, Comunidad Sefaradí, Bet-El, Beth Israel Community Center, así como el Centro Deportivo Israelita; además de la Comunidad Ashkenazí, que fundó originalmente el Centro, entonces llamado Centro de Documentación e Investigación de la Comunidad Ashkenazí de México (CDICA).

     

    Un poco de historia

    El CDICA fue creado en 1993 con la misión de preservar, custodiar y difundir la cultura ashkenazí (que es la de los judíos originarios principalmente de Europa Central y Oriental), labor que permitió salvaguardar las bibliotecas y archivos de instituciones como la Cámara Israelita de Industria y Comercio, el Comité Central Israelita de México y el Consejo Mexicano de Mujeres Israelitas, además de los de la propia Comunidad Ashkenazí.

    Con el paso del tiempo, el CDICA fue ganando reconocimiento por su labor. Por ejemplo, en 2008, el CDICA ingresó a la lista mexicana del Registro de la Memoria del Mundo y a la de América Latina y el Caribe; y, en 2009, al Registro de la Memoria del Mundo Internacional: una relación de los acervos documentales de importancia mundial, aprobada por un Comité Internacional y ratificada por el Director General de la UNESCO.

    A raíz de dichas distinciones y del hecho de que los acervos del Centro continuaban creciendo, se decidió conformar un Patronato, encargado de consolidar la autonomía financiera del Centro y fortalecer su presencia, reconocimiento e imagen. 

    En 2013, el patronato propuso extender el campo de acción de la institución más allá de la Comunidad Ashkenazí y convertirlo en un organismo intercomunitario, centralizado pero autónomo, encargado de resguardar, conservar y difundir la memoria histórica de la comunidad judía de México. Fue así que nació el CDIJUM: el centro de documentación que alberga la historia y la cultura de todas las comunidades judías establecidas en el país.

     

    Futuro cercano

    Dentro de muy poco tiempo, la sede del CDIJUM será la sinagoga Rodfe Sedek, ubicada en la calle de Córdoba (en la colonia Roma de la Ciudad de México), que fue generosamente cedida por la Comunidad Maguén David, conformada por los judíos originarios de Alepo, Siria, y sus descendientes. El edificio principal, que se encuentra en la fase final de su restauración, fue fundado en 1931 (precisamente por la Comunidad Maguén David, entonces denominada Sociedad de Beneficencia Sedaká u Marpé), y dio abrigo no sólo a un templo, sino que también fue sede de la primera mikvé (baño ritual judío) que hubo en nuestro país. En su momento, en el predio hubo también un colegio y una casa funeraria. Adosado a la sinagoga, también conocida como el Knis de Córdoba, se está terminando de construir un moderno edificio que resguardará los fondos del CDIJUM. En este inmueble se albergarán archivos documentales, fototeca, archivos audiovisuales (de historia oral, música y películas), biblioteca, hemeroteca, bases de datos y colecciones especiales de las distintas comunidades, clasificados y catalogados de forma homologada, pero separados por fondos, de modo que conserven su identidad y origen. Tendrá también un auditorio para congresos y seminarios y salones de clase para impartir cursos a estudiantes y maestros, así como al público en general. Esto último es importante ya que el CDIJUM está abierto para académicos e investigadores, sí; pero también para todas las personas interesadas en la historia y la cultura de la comunidad judía de México en sus diferentes facetas. 

    Los acervos del CDIJUM: del siglo XVI a la era digital

    Raquel Castro

    Centro de Documentación e Investigación Judío de México (CDIJUM)

     

    Es probable que lo más atractivo del acervo del Centro de Documentación e Investigación Judío de México sea la sección “Fondo Hebreo Antiguo” de su biblioteca, conformado por alrededor de 1 400 libros, la mayoría de ellos escritos en hebreo y editados entre los siglos XVI y XX. Llama la atención, sobre todo, porque cuenta con ejemplares confiscados por el nazismo y que fueron rescatados por los Ejércitos Aliados después de la Segunda Guerra Mundial. Sus sellos son fieles testigos de este acontecer histórico; y el reconocimiento “Memoria del Mundo” que obtuvo la colección por parte de la UNESCO, refrenda su importancia. 

    Sin embargo, no son éstos los únicos documentos valiosos que resguarda el CDIJUM. Además de la biblioteca, el Centro cuenta con una hemeroteca (que  contiene los primeros periódicos editados por la comunidad judía en México -en idish y español-, además de publicaciones periódicas en hebreo, inglés, ladino, polaco y ruso, por mencionar sólo algunos de los idiomas presentes en la colección) y un archivo histórico compuesto por fondos documentales que han sido donados al CDIJUM a lo largo de los años, que provienen de diferentes instituciones e individuos de la colectividad judía en México, y que se encuentran en diversos tipos de soportes: papel, madera, cartón, películas, grabaciones analógicas, cintas magnéticas, grabaciones digitales, discos compactos, medios magnéticos audiovisuales y medios ópticos. En el archivo histórico también se cuenta con materiales en distintos idiomas, así como mecanuscritos y manuscritos.

    El archivo histórico está dividido en fondos institucionales (aquellos que provienen de una institución judía) y fondos personales (los que provienen de un archivo creado por miembros de la comunidad) y en él hay documentos de vital importancia para entender la presencia judía en México, como el acta fundacional de la primera institución comunitaria en el país, la Sociedad de Beneficencia Alianza Monte Sinaí, firmada en 1912; los documentos del Comité Central Israelita de México (llamado actualmente Comité Central de la Comunidad Judía de México), que se remontan a la creación de dicho organismo, en 1938; y los de la Cámara Israelita de Industria y Comercio, fundada en 1931. 

    No hay que olvidar el acervo fotográfico resguardado por el CDIJUM: esta colección, que comprende más de 18 000 piezas, da cuenta de la formación de la comunidad judía en México, la creación de sus instituciones, tanto laicas como religiosas, y la inmigración judía a nuestro país. Las imágenes del acervo captan, en su mayoría, la cotidianidad de la vida judía desde principios del siglo XX hasta la época actual. Por su parte, el archivo de historia oral comprende más de 200 entrevistas a inmigrantes, intelectuales y líderes comunitarios. 

    El CDIJUM ofrece numerosos servicios a académicos y especialistas en historia y pensamiento judío; así como a miembros de la comunidad judía interesados en conocer más acerca de sus raíces y al público en general. Además, en los últimos años el CDIJUM ha emprendido una campaña de digitalización de documentos para salvaguardar sus acervos y brindar un servicio más eficiente.

    John Lynch (1927-2018)

    Alfredo Ávila

    Instituto de Investigaciones Históricas, UNAM

     

    El pasado 4 de abril falleció el profesor John Lynch. No hay duda de que fue uno de los pilares del estudio de la historia latinoamericana en Gran Bretaña. Interesado en la España imperial, muy pronto fijó su atención en la administración española en América, en particular en la de las décadas inmediatamente anteriores a los procesos de independencia. En sus estudios sobre el virreinato del Río de la Plata y en su visión sobre Las revoluciones hispanoamericanas (de 1973, con muchas reediciones), interpretó las medidas administrativas de la década de 1780 como un conjunto de reformas que reestructuraron las relaciones de dependencia entre la monarquía española y sus dominios ultramarinos. Esa reorganización ocasionaría fracturas que conducirían a las independencias. De tal forma, el trabajo del profesor Lynch, junto con el de David Brading, contribuyó de modo decisivo a la visión más aceptada sobre las llamadas Reformas Borbónicas y su impacto en las revoluciones de la segunda década del siglo XIX.

    Integrante y director del Institute of Latin American Studies, contribuyó a que los estudios latinoamericanos ocuparan un lugar importante en las instituciones de investigación y universidades británicas, empezando por la University of Liverpool y el University College, en donde fue profesor.

    En 1992 publicó Caudillos in Spanish America, 1800-1850, un extraordinario esfuerzo para explicar la presencia de estos personajes en las primeras décadas de vida independiente. Tal como había hecho antes en su libro sobre las independencias, la historia mexicana ocupó un lugar importante, en esta ocasión a partir de la figura de Antonio López de Santa Anna, al que analizó y comparó con otros políticos como Rafael Carrera, José Antonio Páez y Juan Manuel de Rosas.

    Entre sus libros más importantes destacan los ya citados, pero también los volúmenes dedicados a la España imperial (tanto la de los Austrias como la borbónica), la biografía sobre Rosas, la de San Martín y la excelente Simón Bolívar. A Life, publicada en 2006. Esta obra, como bien señaló en su momento David Bushnell, podría considerarse la versión definitiva del gran militar y político caraqueño, de no ser porque la vida de Bolívar es tan rica, compleja y llena de matices que sin duda permitirá más investigación y nuevas interpretaciones. Más recientemente, apareció New Worlds: a Religious History of Latin America, que una vez más daba cuenta de la importancia que para el profesor Lynch tenía la historia comparada e integrada de la región, más allá de las peculiaridades nacionales.

      

     

     

    Boletín 429

    Marzo-Abril 2018   

     

     

     

     

     

    Aprobación de la Ley General de Archivos

    El 10 de abril del 2018 el CMCH participó en un exhorto a la Cámara de Diputados para aprobar la Ley General de Archivos con las reformas que le hizo el Senado en diciembre de 2017, después de un largo debate con instituciones y asociaciones académicas y de la sociedad civil. El 26 de abril la Cámara de Diputados aprobó finalmente la ley, aunque fijó algunas reservas. En el próximo número daremos cuenta de ello, así como de las ventajas y retos que esta ley general ofrecerá a directores y profesionales de archivo, historiadores y organizaciones de la sociedad civil.

    https://cmch.colmex.mx/ley-general   

    Un recinto de la memoria: La Biblioteca Histórica José María Lafragua

    La Biblioteca José María Lafragua recibió este nombre el 16 de septiembre de 1885, al ser reinaugurada como biblioteca del Colegio del Estado de Puebla. Once años antes ya había sido abierta como biblioteca pública.

    El Colegio del Estado de Puebla fue creado en 1825 con la consigna de apoyar el proyecto educativo nacionalista que consideraba rebasados los establecimientos educativos coloniales. Bajo una administración civil y en aras de ofrecer una educación que alcanzara a una mayor parte de la población, este colegio empezó a consolidarse bajo el marco legal y jurídico de la Constitución liberal de 1824. El surgimiento de nuevos saberes demandó contar con libros más actualizados que fue necesario traer de Europa para formar con ellos a la élite ilustrada de la época. Así, a lo largo del siglo XIX estas nuevas ediciones se incorporaron a la biblioteca, que ya albergaba un fondo de origen jesuita, algunas pocas adquisiciones realizadas durante el breve lapso que antecedió a esta institución como Real Colegio Carolino, y otros volúmenes provenientes de fondos conventuales, colegios e instituciones hospitalarias coloniales que a partir de 1859 fueron suprimidas durante el gobierno del presidente Benito Juárez.

    Esta convergencia consolidó desde el siglo XIX una biblioteca muy rica tanto para la ciudad como para el estado. Al permanecer como un fondo abierto, en las décadas siguientes se enriqueció con otros legados. Uno de los más destacados fue el proveniente de su principal benefactor, el Ministro de Relaciones Exteriores don José María Lafragua, quien dividió su biblioteca personal entre dos instituciones a las que llevó en el corazón y dirigió en diferentes etapas de su vida: la Biblioteca Nacional de México y la Biblioteca del Colegio del Estado.

    Esta última recibió en 1876, por disposición testamentaria, una importante colección de documentos manuscritos e impresos de gran trascendencia (la Biblioteca Nacional recibió, por su parte, su colección de impresos con temática americana). A la donación se fueron sumando valiosas ediciones europeas que pudieron adquirirse gracias a una aportación en dinero que también fue dispuesta por el ministro. Todo ello constituye ahora el “Legado Lafragua”.

    A lo largo del siglo XX la Biblioteca Lafragua se enriqueció con donaciones de varios poblanos ilustres: Lic. Manuel Azpiroz (Embajador de México en Washington, Lic. Rafael Isunza (Director del Colegio del Estado y gobernador), Dr. Rafael Serrano (Psiquiatra), cuya donación fue organizada por el Club Rotario de Puebla; Manuel Maneyro (Cónsul), Ing. Gustavo Gaona Salazar, Lic. Vicente Rodríguez, José Pablo Almendaro, entre otros.

    También fue importantísima la incorporación del fondo bibliográfico y documental perteneciente a la Academia de Bellas Artes de Puebla en 1973 y a finales del XX la Biblioteca Benjamín Franklin. Entrado el siglo XXI, la importante biblioteca de la doctora María del Carmen Millán, que incluye sus reconocimientos y condecoraciones. Muchas de estas colecciones más antiguas están conformadas a su vez por donaciones de bibliotecas personales y ejemplares de otros importantes personajes. Tal es el caso de los libros procedentes de la Academia de Bellas Artes, pues en su momento ésta formó su biblioteca a partir de donaciones de valiosos libros de estampas. Así, la Lafragua se conformó como un lugar de resguardo de la memoria de la propia ciudad y del Estado, y por tanto de su historia, a la vez que se configuró como un testigo de los procesos educativos por los que ha atravesado a lo largo de más de cuatro siglos.

    Por ello mismo, esta biblioteca está destinada a la investigación especializada desde dos perspectivas: una, la que da sostén a nuestra misión como “biblioteca histórica”, es dar servicio a investigadores, asesorándolos y guiándolos para localizar los materiales de su interés. Algunos estudios enfocados a materiales específicos de este acervo son propuestos para formar parte de sus productos editoriales. La segunda es una labor de investigación constante de nuestro propio fondo. El personal actual de la biblioteca está constituido por un equipo interdisciplinario de especialistas que desarrolla instrumentos de consulta como bases de datos, catálogos, guías y colecciones digitales para potenciar el alcance y uso tanto por parte de sus propios investigadores como del público en general. Asimismo, estas pesquisas determinan y definen las estrategias, las prioridades y los planes de trabajo anuales. Eventualmente, estas indagaciones también forman parte de publicaciones en las que los investigadores de la Biblioteca contribuimos con aportaciones relacionadas a los temas de nuestras áreas de especialidad y al mismo tiempo damos a conocer la parte relativa a la historia de nuestros fondos y colecciones, lo que nos atañe necesariamente.

    En la Biblioteca Lafragua somos conscientes de la necesidad de generar productos digitales como nuevas formas de difundir, divulgar y organizar la gran variedad temática de sus materiales para el aprovechamiento actual y futuro manteniendo una política de libre acceso. Para ello, existe un programa de digitalización fundamentado básicamente en cuatro ejes: apoyar la difusión; contribuir a la conservación de algunos materiales para disminuir su uso y manipulación; en atención a la rareza y/o unicidad; y, por último, apoyar a investigadores que difícilmente pueden venir de forma presencial a realizar investigaciones que implican largos periodos de tiempo. Estos casos específicos requieren de una justificación que se evalúa para ver la pertinencia de publicarlos en línea y beneficiar no sólo a una persona en particular, sino que resulten del interés y objeto de estudio a un grupo mayor de investigadores. Hermanado con dicha labor, la Biblioteca Lafragua también tiene el compromiso de preservar sus colecciones digitales de documentos patrimoniales, que desde su creación se realizan con estándares óptimos para su conservación a largo plazo.

    Mediante los cursos que organiza con temáticas relacionadas con la gestión de su heterogéneo patrimonio documental, la Biblioteca incentiva la capacitación continua a su personal con el fin de promover las competencias así como actualizar sus conocimientos. Esta capacitación ha sido aprovechada innumerables veces por otras instituciones similares, creándose con ello una red de cooperación sobre la que descansan muchos proyectos actuales. Sin embargo, en otras ocasiones, es necesario que su personal asista y participe en congresos, seminarios, coloquios, o acuda a cursos especializados que se imparten en otras instituciones. También somos conscientes de que la fuerza de los proyectos interinstitucionales recae en la colaboración, por lo que nos hemos sumado y sumaremos a otros futuros proyectos.

    La difusión del patrimonio documental de la Biblioteca es otra de sus tareas primordiales. Para ello ofrece un programa permanente de actividades culturales destinadas al público en general como conferencias, cursos, talleres, exposiciones presenciales y virtuales, visitas guiadas y presentaciones de libros.

    La Biblioteca Histórica “José María Lafragua” de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla está adscrita orgánicamente a la Vicerrectoría de Extensión y Difusión de la Cultura. Se ubica en el corazón del así llamado “Edificio Carolino”, que en el siglo XVI fue el Colegio del Espíritu Santo de la Compañía de Jesús, ubicado en el centro histórico sobre la avenida 4 sur 104. Su sala de lectura (conocida como “Sala Histórica”) tiene entrada por la avenida Juan de Palafox y Mendoza 407. Funciona de lunes a viernes de 9 a 17 horas.

    www.lafragua.buap.mx

      

    Mercedes Isabel Salomón Salazar

    Directora 

     

    Catalogación de impresos antiguos de la Biblioteca Lafragua

    Toda biblioteca de fondo antiguo debe afrontar el desafío de conformar el catálogo de los bienes culturales que resguarda. Más allá de las normas internacionales, en lo referente a los impresos antiguos el catálogo siempre evidencia la comprensión e implicación que una institución determinada tiene con su patrimonio bibliográfico y documental. En este sentido, los catálogos de impresos antiguos han evolucionado en función de las necesidades de control patrimonial, del desarrollo de las disciplinas asociadas al estudio del libro, y en los últimos años en función de la incorporación de herramientas tecnológicas.

    Un catálogo de impresos antiguos es una secuencia organizada de registros bibliográficos. Estos últimos “representan” e individualizan los ejemplares singulares, facilitando su localización. Pero, ¿qué es aquello que debe representarse en un registro bibliográfico? Como parte de los lineamientos institucionales, en los últimos años se ha buscado que los registros del catálogo de la Biblioteca Histórica José María Lafragua muestren, en la medida de lo posible, los valores textuales, editoriales, tipográficos e históricos asociados a los impresos antiguos, de tal forma que se facilite su reconocimiento y valoración patrimonial. En cuanto a la metodología, hay un principio básico que consiste en la correcta identificación del objeto que se tiene a la vista. Ningún registro bibliográfico se elabora sin tener el objeto material a la mano. Asimismo, nunca se da nada por sentado. Cada libro se coteja y compara con tantos libros y registros bibliográficos como sea necesario, tanto de la misma biblioteca como de otras instituciones.

    La Biblioteca Lafragua ha priorizado una catalogación con criterios temporales, favoreciendo con ello la descripción y uniformidad de los registros bibliográficos. Actualmente se ha catalogado todo el material referente al siglo XVI y se está concluyendo el siglo XVII. Hasta hace un par de años, la catalogación estaba orientada a la descripción exhaustiva de los ejemplares singulares. Desde hace un par de meses, a esta descripción se han incorporado elementos que permiten clarificar quiénes fueron sus “antiguos poseedores” y facilitar la reconstrucción de las bibliotecas novohispanas.

    Sobre esto último se le ha dado preferencia a las bibliotecas conventuales masculinas de la ciudad de Puebla, cuyos libros se incorporaron a la Biblioteca Lafragua a raíz de la supresión de las órdenes religiosas de 1859. Hasta febrero de 2018 se han catalogado 9,546 obras que formaron parte de las bibliotecas conventuales, de las cuales 3,272 formaron parte de la librería del convento de San Francisco; 1,284 de Santo Domingo; 1,125 de San Agustín; 994 de Nuestra Señora de la Merced, 1,208 de Nuestra Señora del Carmen; 1,293 de San Antonio; y 370 de Nuestra Señora de Belén.

    El catálogo de impresos antiguos de la Biblioteca Lafragua tiene una doble vertiente. Por una parte obedece a la necesidad del reconocimiento y salvaguarda del patrimonio bibliográfico, pero por otro lado aspira a fomentar la investigación histórica. Entre sus miles de registros bibliográficos, las descripciones muestran que los libros nunca se encontraron acumulando polvo en los estantes de las bibliotecas conventuales. Los libros se leían y se anotaban profusamente. Se movían a lo largo de la provincia de una orden religiosa determinada y pasaban por diversas manos; incluso, se expurgaban, intercambiaban o robaban.

    Ante la imposibilidad de conseguir alguna edición los libros se transcribían e incluso se traducían. En pocas palabras, los libros formaron parte de sociedades que constituían un mundo plural y en movimiento, con expresiones y continuidades a lo largo de su historia.

    Jonatan Moncayo Ramírez

    Jefe del Departamento de Catalogación

     

    Actividades de la Biblioteca

    Consciente del carácter histórico de su acervo, la Biblioteca Lafragua ha asumido el fundamento conceptual de “conocer para preservar y preservar para conocer”. A éste debe añadirse la consideración de la sutil pero importante diferencia entre conocer y dar a conocer sus colecciones. Asumiendo tal responsabilidad, una de las prioridades de la Biblioteca ha sido la de investigar su propio fondo con el objetivo adicional de difundir sus colecciones, tanto en el ámbito académico (centrado en la investigación especializada) como en el social (a través de la divulgación). De tal forma, cada proyecto y actividad desarrollados, o aquellos en los que participa de manera colaborativa, están concebidos con ese doble objetivo.

    Con esa visión se han emprendido, fomentado y acompañado diversas investigaciones centradas en sus materiales más emblemáticos, en el marco de un programa editorial. Esta colección, por ahora pequeña pero selecta, está conformada por ediciones facsimilares de los libros y manuscritos que se han seleccionado por su valor temático, gráfico, por su unicidad o su valor histórico. Por añadidura, como una extensión de dicho programa editorial, se está construyendo una colección de libros digitales, derivados de esas mismas ediciones impresas, para alcanzar mayor número de públicos especializados, de forma gratuita y desde cualquier parte del mundo.

    Los proyectos editoriales emprendidos han contribuido a plantear a su equipo de trabajo nuevas líneas de investigación que permitirán conocer mejor –es decir, con mayor puntualidad y profundidad– el contenido del acervo que la Biblioteca custodia. El reto planteado ha sido recibido responsablemente, considerado como un trabajo sustantivo y atendido de manera colectiva y multidisciplinaria, tal como el perfil profesional de sus integrantes lo permite y enriquece.

    Proyectos digitales

    Estampas de Bellas Artes

    El catálogo digital “Estampas de la Academia de Bellas Artes de Puebla. Modelos y ejemplos gráficos para la enseñanza del dibujo” (www.bellasartespuebla.buap.mx) se conformó recientemente con el propósito de ser una herramienta para investigadores, artistas y estudiosos de las técnicas de estampación. El sitio permite consultar in situ y de manera remota,  un nuevo corpus de documentos que pocas instituciones mexicanas conservan. Su puesta en marcha siguió a una ardua tarea de investigación, identificación, descripción y catalogación de la colección de estampas que, como su nombre lo dice, fueron usadas como modelos y ejemplos gráficos para la enseñanza del dibujo en dicha Academia durante el siglo XIX.

    Marcas de fuego 

    En ese mismo sentido, desde 2010 se emprendió un proyecto colaborativo que dio lugar al “Catálogo Colectivo de Marcas de Fuego” (www.marcasdefuego.buap.mx). Si bien la Biblioteca Lafragua y la Biblioteca Franciscana de la Universidad de las Américas Puebla, fueron sus instituciones fundadoras, se planteó desde su creación que fuera un sitio donde toda institución, nacional o extranjera, que custodie ejemplares con este tipo de testimonios de pertenencia, se sumaran al proyecto en aras de poder reconstruir los libros de muchas instituciones seglares, regulares y de particulares novohispanos. El Catálogo se ha constituido en un instrumento excepcional, pues superó a sus antecesores impresos al poner en relación la marca con el libro que la contiene. Este catálogo está en continuo crecimiento además de que de manera periódica se realizan actualizaciones, revisiones y correcciones.

    Así como la Biblioteca ha emprendido sus propios proyectos, se distingue por estar dispuesta a colaborar en otros que también estén enfocados en el conocimiento del libro antiguo. Tal es el caso de la participación en el “Catálogo Colectivo de Encuadernaciones Artísticas” (http://www.ccea.info) que encabeza el Dr. Antonio Carpallo Bautista de la Universidad Complutense de Madrid, a través del cual se realizan tareas de identificación y descripción de las encuadernaciones, históricas y modernas. Nuestra contribución enriquece el catálogo al dar cuenta de las encuadernaciones que se hicieron en nuestro país desde la época colonial, aunque también hay de manufactura europea, contribuyendo con ello a la proyección internacional del acervo patrimonial universitario y a la profundización del conocimiento de sus fondos y colecciones. El mismo objetivo fomentó la intervención de la Biblioteca en la conformación del proyecto interinstitucional “Primeros Libros de las Américas. Impresos Americanos y Peruanos del siglo XVI en las Bibliotecas del Mundo” (www.pla.org), que constituye una colección digital, a texto completo, de los primeros libros impresos en las Américas antes de 1601. Una de las propuestas de este programa es incluir todas las ediciones existentes de una misma obra, con miras a que se puedan hacer estudios y evidenciar las emisiones y estados, con tal de entender así los primeros procesos de manufactura en Nueva España.

    Respeto a la otra cara de la custodia de bienes culturales de carácter patrimonial, la Biblioteca ha comprendido lo útil que resultan las nuevas tecnologías en la difusión de su acervo sin perder de vista la oportunidad del fomento a la investigación y sin afectar su preservación. Fue así que surgió la colección “Lafragua Digital” (que se puede consultar en el sitio de la biblioteca www.lafragua.buap.mx), planteada como un espacio donde se transforma la palabra escrita en imagen digital ante la demanda de consultas virtuales cada vez más importante en la web y ante la necesidad de acceso traspasando las fronteras geográficas. La colección se compone de cuatro rubros: incunables; libros impresos del fondo antiguo; impresos mexicanos del siglo XVI y manuscritos.

    Como parte de las actividades de difusión, la Biblioteca también cuenta con un programa de conferencias magistrales y exposiciones temporales cuya curaduría en la gran mayoría de los casos corre a cargo de un especialista en el tema. Algunas de ellas, de acuerdo a la afluencia de visitantes que tiene, se seleccionan para formar parte de la sección de “Exposiciones virtuales”, que también se muestra en el sitio web. De esta manera se dan a conocer las obras contenidas en el acervo desde múltiples perspectivas: medicina, música, obras científicas, moda, animales fantásticos, libros prohibidos y censurados, marcas de fuego, navegación, encuadernaciones artísticas.

     

    Edgar Iván Mondragón Aguilera

             Coordinador de Proyectos 

     

     

    Boletín 428

    Enero-Febrero 2018   

     

     

     

     

    Asamblea del CMCH y premios a los mejores artículos y reseñas de 2015

    El 8 de diciembre de 2017 se celebró la Asamblea Ordinaria del Comité Mexicano de Ciencias Históricas. Al evento, que tuvo lugar en el auditorio del Centro de Estudios de Historia de México Carso, acudieron los delegados de las instituciones asociadas, entre ellos los integrantes de la Mesa Directiva que presentó su informe anual de actividades, así como las metas propuestas para el presente año. En voz del secretario, la Mesa Directiva comunicó también la postura del Comité sobre el nuevo dictamen de la Ley General de Archivos, recién aprobado por la Cámara de Senadores y en espera de su ratificación por la de Diputados. El comunicado completo puede consultarse en una sección de nuestra página web: http://cmch.colmex.mx/ley-general

    En esta Asamblea se renovó la Mesa Directiva que quedó integrada de la siguiente forma: presidente: Alfredo Ávila (Instituto de Investigaciones Históricas, Universidad Nacional Autónoma de México), secretario: Gabriel Torres Puga (Centro de Estudios Históricos, El Colegio de México), tesorera: Yovana Celaya Nández (Universidad Veracruzana), y los vocales respectivos de las siguientes instituciones: Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social, Dirección de Estudios Históricos del INAH, El Colegio de Michoacán, Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, Universidad Autónoma Metropolitana, campus Iztapalapa y Universidad Iberoamericana.

    Dictámenes de los artículos ganadores (publicados en 2015)

    Historia del arte y del patrimonio

     

    Mejor artículo:

    Gabriela Sánchez Reyes e Irene González Hernando, “De la virgen abridera de Felipe II a las abrideras de Indias: el descubrimiento de dos esculturas en México”, Boletín Monumentos Históricos, Tercera época, núm. 34, mayo-agosto de 2015, pp. 6-28.

    El artículo se caracteriza por ofrecer un panorama muy completo de todas las imágenes de este tipo a nivel mundial tanto de época medieval como moderna, de los estudios que se han realizado sobre las mismas, de los posibles talleres donde se crearon, de las diferentes explicaciones sobre el contexto social e histórico en el que se produjeron y los cambios que sufrieron a lo largo del tiempo en su concepción como imágenes de devoción y en las prácticas de su culto.

     

    Menciones honoríficas:

    Víctor M. González, “La exposición de Arte Popular o del surgimiento de la vanguardia, México, 1921”, Historias, núm. 90, enero-abril de 2015, pp. 59-79. 

    Noelia Ávila Delgado, “Patrimonialización del espacio urbano”, Ciudades. Análisis de la coyuntura, teoría e historia urbana, núm. 107, julio-septiembre de 2015, pp. 15-21.

     

    Mejor reseña: 

    Mario Enrique Fuente Cid, “Arqueología del conflicto. Un estudio pionero sobre la guerra de la Conquista”, sobre el libro de Angélica María Medrano Enríquez, Arqueología del conflicto, la guerra del Mixtón (1541-1542) visto a través del Peón de Nochistlán (Taberna, Librería Editores, Zacatecas, 2012), publicada en Cuicuilco, núm. 64, septiembre-diciembre del 2015, pp. 321-324.

     

    Historia social

     

    Mejor artículo: 

    Isabel M. Povea Moreno, “Coacción y disensión. Protestas frente a los repartimientos mineros en Perú y Nueva España, siglo XVIII”, Estudios de Historia Novohispana, núm. 53, julio-diciembre de 2015, pp. 1-17.

    El trabajo busca conocer las similitudes y diferencias respecto al repartimiento en los virreinatos de Perú y Nueva España. Expone las características particulares respecto a los contextos legales, redes comerciales y políticas, así como formas de explotación minera existentes y el trabajo forzado en cada región. A partir de ahí se establece que la coerción iba acompañada del desarrollo de estrategias de resistencia, negociación y disenso por parte de diversos actores, entre los cuales, los propios indígenas tuvieron un papel sin duda preponderante. Da cuenta cómo a pesar de las diferencias en cada región los sentimientos de abuso despertados entre los indígenas exigían el apego a la ley y a las costumbres, para lo cual se sirvieron de pronunciamientos y quejas, hasta alzamientos violentos.

     

    Mención honorífica: 

    Verónica Oikión Solano, "Cuca García: trazando el surco socialista a través de la educación", Signos Históricos, vol. XVII, núm. 34, julio-diciembre de 2015, pp. 42-77.

     

    Mejor reseña:

    Valeria Sánchez Michel sobre el libro de Jaime M. Pensado, Rebel Mexico. Student Unrest and Authoritarian Political Culture during the Long Sixties, Standford, Stanford University Press, 2013, 399 pp., publicada en Historia Mexicana, LXV:2, octubre-diciembre de 2015, pp. 950-958.

     

    Mención honorífica:

    Carlos Riojas López, sobre el libro de Gladys Lizama Silva, Llamarse Martínez Negrete. Familia, redes y economía en Guadalajara, México, Siglo XIX, Zamora, El Colegio de Michoacán, 2013, 394 pp., publicada en Relaciones. Estudios de historia y sociedad, núm. 143, verano de 2015, pp. 339-344.

     

    Historia económica

     

    Mejor artículo:

    Paolo Riguzzi y Francesco Gerali, “Los veneros del emperador. Impulso petrolero global, intereses y política del petróleo en México durante el segundo imperio, 1863-1867”, Historia Mexicana, LXV:2, octubre-diciembre de 2015, pp. 747-808.

    Este artículo destaca por la inteligente definición de un problema de estudio sobre el tardío desarrollo de la industria petrolera en México, que no ha sido una pregunta sustantiva en la historiografía económica mexicana. Al concentrarse en la incipiente experiencia petrolera de México durante el Segundo Imperio, los autores argumentan convincentemente sobre el error que implica minimizar dicho proceso debido a que permite dilucidar una diversidad de temáticas, como el grado de conocimiento por parte de la élite acerca de las posibilidades petroleras del país, las restricciones técnicas imperantes, la capacidad de capitalización de la industria, la naturaleza del marco legal que se configuró y la variedad heterogénea de los actores involucrados, todo lo cual es una aportación significativa al conocimiento sobre el desempeño económico de México durante la segunda mitad del siglo XIX.

     

    Mención honorífica:

    Margarita Suárez, “Sedas, rasos y damascos: Lima y el cierre del comercio triangular con México y Manila en la primera mitad del siglo XVII”, América Latina en la Historia Económica, año 22, núm. 2, mayo-agosto de 2015, pp. 101-134.

     

    Mejor reseña:

    Verónica Oikión Solano sobre el libro de Leonor Ludlow (coord.), El sustento económico de las revoluciones en México, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 2013, 244 pp. (Serie Historia General, núm. 29), publicado en América Latina en la Historia Económica. Revista de Investigación, vol. 22, núm. 2, mayo-agosto 2015, pp. 199-206.

     

    Historia cultural

     

    Mejor artículo:

    Jaime Echeverría García, “Entre la fertilidad agrícola y la generación humana: el rol fecundante del mono entre los antiguos nahuas”, Estudios de Cultura Náhuatl, núm. 50, julio-diciembre de 2015, pp. 207-259.

    Se trata de un artículo sobre un tema original: el rol fecundante del mono entre los antiguos nahuas. Si bien existen estudios previos sobre el mono, sus nexos con la fertilidad no habían sido analizados de manera detallada. En este trabajo el autor acude a numerosas fuentes —arqueológicas, históricas y etnográficas— para demostrar las connotaciones sexuales y de fertilidad del mono. La iconografía, los mitos y los ritos son analizados con sutileza, a la vez que el autor establece interesantes comparaciones con otros animales como el tlacuache, el perro y la lagartija en su demostración. También son muy  sugerentes las reflexiones sobre los nexos entre los dioses del pulque y el mono. Por otra parte, hace un estudio exhaustivo de los contextos y simbolismos en que se ubica la figura del mono, sin aislarlo de sus equivalentes en el universo prehispánico.

     

    Reseñas: Premio desierto. 

     

    Historia política

     

    Mejor artículo:

    Daniela Gleizer, “Gilberto Bosques y el Consulado de México en Marsella (1940-1942). La burocracia en tiempos de guerra”, Estudios de Historia Moderna y Contemporánea de México, vol. 49, enero-junio de 2015, pp. 54-76.

    La autora cuestiona el papel que la historiografía le ha asignado al cónsul Gilberto Bosques como el salvador de perseguidos políticos en la convulsa Europa de los años cuarenta. Su argumentación hace claro que la mitología que se ha creído en torno a este personaje carece de sustento archivístico. En cambio, muestra que el funcionamiento del consulado de Marsella durante momentos de extrema urgencia para los solicitantes de asilo dependía casi por completo de la voluntad política del gobierno mexicano. Esta voluntad, además, era negociable, y solo los solicitantes con amigos poderosos o con recursos financieros importantes podrían lograr el apoyo del gobierno. El texto deja claro que ninguna autoridad consular tomó medidas para agilizar los trámites de las visas que salvarían vidas de manera particular.

     

    Menciones honoríficas:

    Pablo Yankelevich: “Mexicanos por naturalización en la primera mitad del siglo XX. Un acercamiento cuantitativo”, Historia Mexicana, LXIV:4, abril-junio de 2015, pp. 1729-1805.

    Luis J. García Ruiz, “La territorialidad de la República de Indios de Orizaba. Entre la separación de los sujetos y la preponderancia española: 1740-1828”, Historia Mexicana, LXIV: 4, abril-junio de 2015, pp. 1415-1461.

     

    Mejores reseñas:

    Luis Aboites Aguilar sobre el libro de José Luis Moreno Vázquez, Despojo de agua en la cuenca del río Yaqui, Hermosillo, El Colegio de Sonora, 2014, 342 pp., publicada en Historia Mexicana, LXV:1, julio-septiembre de 2015, pp. 466-479.

    Roberto Breña sobre el libro de María Victoria Crespo, Del rey al presidente (Poder Ejecutivo, formación del Estado y soberanía en la Hispanoamérica revolucionaria, 1810-1826), México, El Colegio de México (Colección “Jornadas”, 162), 2013, 455 pp., publicada en Historia Mexicana, LXV:1, julio-septiembre de 2015, pp. 441-450.

     

    Historiografía y teoría de la historia

     

    Mejor artículo:

    Faustino Oncina Coves, “De la contracción a la dilatación del tiempo: tiempos menguantes y crecientes”, Historia y Grafía, núm. 44, enero-junio de 2015, pp. 89-114.

    Se trata de un trabajo que destaca por la originalidad y audacia de sus propuestas. Es un planteamiento reflexivo y crítico cuyo análisis de la historia conceptual, particularmente de la filosofía de Reinhart Koselleck, no se limita a un balance retrospectivo, sino que incursiona en la elaboración de alternativas novedosas. La temática se desarrolla a través de un aparato argumentativo complejo, denso y aun así sólido. Cabe destacar que el artículo demuestra un amplio y actualizado conocimiento del campo de especialización.

     

    Mención honorífica:

    Javier Fernández Sebastián, “¿Cómo clasificamos a la gente del pasado? Categorías sociales, clases e identidades anacrónicas”, Historia y Grafía, núm. 45, julio-diciembre de 2015, pp. 13-55.

     

    Mejor reseña:

    Larisa Medina Brener, “Comunidades emocionales: hacia la apertura de la historia de las emociones”, sobre el libro de Barbara H. Rosenwein, Emotional Communities in the Early Middle Ages, Nueva York, Cornell University Press/Ithaca & London, 2006, 228 pp., publicada en Historia y Grafía, núm. 45, julio-diciembre de 2015, pp. 203-213.

    Palabras en representación de los premiados

    En nombre de todos los premiados quiero agradecer al Comité Mexicano de Ciencias Históricas por los reconocimientos, a los miembros del jurado, que dedican parte de su ya escaso tiempo a leer y seleccionar los trabajos, y por supuesto a todos los presentes.   

    Al solicitarme que dirigiera unas palabras, me pidieron abordara el tema de la importancia de los artículos en revistas académicas.  

    Hubo una época en la cual nos informábamos leyendo principalmente los periódicos. Un editor, serio idealmente, escogía qué información publicaría e, idealmente también, corroboraba la fuente de la información. Había una ética del trabajo periodístico.

    En la actualidad, mucha gente se informa en redes sociales y blogs. A pesar de la democratización que ello implica con respecto a la información y al conocimiento, buena parte de la información no tiene sustento alguno. La información fluye cada vez más rápido, e inunda todos los espacios de nuestras vidas. Esta información refiere muchas veces a la historia, donde la capacidad y disposición para inventar es admirable.

    Las revistas académicas son, en este mundo tan volátil, una guía certera para orientarnos, para saber que encontraremos allí investigación de primer orden, avalada por pares y por directores y editores. Son la plataforma para la investigación seria, la investigación cuidadosa, original, documentada. Son la garantía de que existen espacios confiables. Y mantener esos espacios será cada vez más importante.

    Estamos en un momento muy delicado. Como parte de la comunidad académica nos enfrentamos no sólo a la información sin sustento de las redes, sino también a información falsa, y a la abierta desconfianza sobre la ciencia y sobre los hechos. Padres que deciden no vacunar a sus hijos, porque no creen en las vacunas, han revivido enfermedades contagiosas que ya estaban erradicadas, arriesgando las vidas de otros niños, sobre todo de los que son demasiado pequeños para ser vacunados. Presidentes que no “creen” en el cambio climático toman decisiones que no hacen más que agravar el problema, arriesgando la vida entera del planeta. En esta época de la “posverdad” lo que nos toca como académicos, y específicamente como historiadores, es insistir en la investigación académica seria, fundamentada, original, basada en evidencia. Esa es una labor que se va a volver cada vez más subversiva. Una forma de resistencia al descrédito hacia la ciencia será hacer lo que hacemos: investigación seria.

    Pero no sólo es la ciencia lo que está en juego: también la vida de los científicos y de los académicos en regímenes totalitarios, que desgraciadamente están de vuelta. Ahora mismo se está llevando a cabo el juicio a los académicos turcos que llevaron a cabo una petición por la paz en enero de 2016, después del fallido golpe de Estado. La petición, firmada por más de mil académicos, buscaba llamar la atención del público sobre los brutales actos de violencia perpetrados por el Estado en la regiones kurdas de Turquía. Después de haber sido perseguidos, han sido expulsados de sus centros de trabajo, se les han retirado sus pasaportes, y se les ha acusado de hacer propaganda respondiendo a los intereses de una organización terrorista. Nuestro papel como académicos que gozamos de libertad de expresión y libertad de investigación radica también, creo, en levantar nuestras voces para defender a aquellos que están siendo perseguidos por hacer lo que nosotros hacemos: investigar, y tener una posición crítica frente a los acontecimientos que vivimos.

    Muchos retos, sin duda, frente a los que tendremos que desarrollar nuevas estrategias, nuevas plataformas para dar a conocer nuestro trabajo, nuevos temas, nuevas redes.

    Por el momento, la satisfacción de saber que nuestro trabajo serio, dedicado, lento, y a veces frustrante, es la base para que el conocimiento siga su camino adelante, a pesar de los obstáculos que encuentre. Y, por supuesto, la satisfacción de ver que nuestro esfuerzo es reconocido.

     

    Daniela Gleizer Salzman

       Ganadora del premio al mejor artículo de 2015 en la categoría de “Historia política”

    Clara Elena Suárez Argüello (1944-2018)

    Nuestra compañera y amiga Clara Elena era antropóloga social, con estudios en la Universidad Iberoamericana, institución donde también conoció a su compañero de vida, al arquitecto Renato Perrusquilla. Participó en el Centro de Investigaciones Superiores del Instituto Nacional de Antropología e Historia (CIS-INAH), hoy Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS), en un proyecto sobre los “Españoles en México” (impulsado por Guillermo Bonfil) en un grupo en el que se estudiaban “minorías étnicas no- indígenas”, es decir, libaneses en México, estadounidenses en México, alemanes en México, entre otros grupos. El proyecto sobre los españoles lo dirigía un amigo del Dr. Ángel Palerm, el Dr. Michael Kenny, y participaban en él jóvenes antropólogas como Gloria Artís, Virginia García, Carmen Icazurriaga y Clara Elena.

    A raíz de ese proyecto que culminó en varias publicaciones, y observando la importancia del sector español en la industria del pan en México, algunas de las mismas investigadoras estudiaron con una mirada histórica ese ramo económico y Clara Elena estudió el abasto del trigo a la Ciudad de México en el siglo XVIII. A partir de entonces sus estudios de posgrado se concentraron en la historia y sus investigaciones en ese siglo.

    Clara Elena y su familia -Renato y sus dos hijos, Carlos Alberto y Ana Elena- tuvieron experiencias de vivir en distintos lugares, en Chiapas y en Guanajuato; pero fue después en la capital en el CIESAS donde ella desarrolló su trabajo académico.

    Sus visitas al archivo fueron múltiples, incluyendo el Archivo General de Indias en Sevilla. Con base en sus pesquisas documentales escribió numerosos trabajos sobre la economía del siglo XVIII. Por ejemplo, sobre el transporte, tema en el que incursionó con pasión escribiendo un clásico de la historia de la arriería en México.

    A partir de su interés por el transporte también estudió el tema de la minería y el transporte de la plata en la Nueva España. Publicó importantes fuentes históricas y con Brígida von Mentz paleografió las cartas diarias o semanarias que desde la importante empresa minera de Veta Grande se escribieron entre 1792 y 1806 a los accionistas residentes en la Ciudad de México.

    Sus artículos sobre la minería, sobre Alejandro de Humboldt (junto con David Navarrete), sobre los bancos de plata en el siglo XVIII son múltiples.

    A pesar de caídas, fracturas, operaciones y enfermedad, Clara Elena mantuvo un espíritu de trabajo infatigable. Acompañada por Renato, quien con impresionante paciencia y cariño la apoyó toda su vida y sobre todo en los últimos y difíciles años, siguió vinculada al trabajo académico.

    Falleció el 13 de enero de 2018. Hemos perdido a una importante historiadora del siglo XVIII y una muy querida amiga.

    Brígida von Mentz

    Ciesas, Ciudad de México

     

        

     

    Boletín 427

    Noviembre-Diciembre 2017   

     

     

     

    Ávaro Matute Aguirre (1943-2017)

    Álvaro Matute nació en la Ciudad de México el 19 de abril de 1943. Tras su paso por el plantel 5 de la Escuela Nacional Preparatoria ingresó a la Escuela Nacional de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México. Como él mismo lo hizo saber en una entrevista reciente,1 por aquellos años (1963-64) descubrió que su verdadera vocación se inclinaba hacia las humanidades, y precisamente hacia la historia, aun cuando su formación en ciencia política y sociología había sido fundamental. Como bien han señalado algunos de sus más cercanos alumnos, pocos universitarios han logrado una combinación tan equilibrada entre la docencia, la investigación, la difusión de la cultura y la participación institucional.2

    Del vasto conjunto de sus aportaciones al desarrollo de la disciplina histórica, destaca su producción historiográfica sobre la Revolución Mexicana, la historiografía moderna y contemporánea de México, la teoría de la historia, la política, la educación y la cultura en México. En medio de esta pluralidad de intereses, su obra siempre reflejó la impronta de sus grandes maestros. A lo largo de su vida, refrendó de múltiples formas la deuda contraída con el pensamiento de Edmundo O’Gorman. Sus antologías La teoría de la historia en México (1940-1973), El historicismo en México y Pensamiento historiográfico mexicano del siglo XX: la desintegración del positivismo (1911-1935), acompañadas de sus respectivos estudios introductorios, son referencias obligadas que invitan al ejercicio crítico y reflexivo del análisis historiográfico. La necesidad de cuestionar los fundamentos de la disciplina histórica y su utilidad en el ámbito social y cultural, fueron inquietudes centrales en su labor como docente, investigador y divulgador de la historia. A través del ejercicio sistemático y comprometido de estas tareas formó a muchas generaciones de historiadores. La Escuela Nacional Preparatoria, la Universidad Iberoamericana, la Escuela Normal del Colegio Mayorazgo, la Escuela Nacional de Antropología, la Universidad Nacional Autónoma de México y El Colegio de México son algunas de las instituciones que se beneficiaron de sus enseñanzas, pero la Facultad de Filosofía y Letras y el Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM fueron los espacios donde ejerció cotidianamente su profesión, de manera ininterrumpida, desde 1970 y hasta su último día.

    La voluminosa cantidad de libros, artículos, capítulos de libro y reseñas producto de su investigación desafía casi cualquier intento por ofrecer una selección acotada. Pese a ello, resulta imprescindible considerar, además de las obras ya señaladas, textos como Lorenzo Boturini y el pensamiento histórico de Vico (IIH-UNAM, 1976), La carrera del caudillo (Colmex, 1980), Historia de la Revolución mexicana, 1917-1924Las dificultades del nuevo Estado (Colmex, 1995), El Ateneo de México (FCE, 1999), Aproximaciones a la historiografía de la Revolución mexicana (IIH-UNAM, 2005) y Cuestiones de historiografía mexicana (FFyL-UNAM, 2014). Por lo que se refiere a sus capítulos y artículos, cabe mencionar “Del Ejército Constitucionalista al Ejército Nacional” (1977), “La visión de Edmundo O’Gorman del México nacional” (1978), “Obregón como político” (1981), “El fantasma de la intervención. Los Estados Unidos y México en 1919” (1993), “El elemento metahistórico. Propuesta para una lectura analítica de la historia” (1994), “La historia como ideología” (1997), “Historia y Literatura. Nexo y deslinde” (1998), “De los episodios nacionales a las telenovelas. Balance de la divulgación histórica” (2001), “Lo sublime: un recurso para creer en la historia” (2005, escrito con Evelia Trejo) y “De traidores y héroes. Variaciones sobre un tema de Verdi y Borges” (2016). Este muestrario, limitado como es, da amplia cuenta de la diversidad de temáticas y perspectivas involucradas en el pensamiento de Álvaro Matute. Revela, aunque sea de modo parcial, la fecunda interacción entre la reflexión sobre conceptos y problemas teóricos (la noción de ideología histórica o los fundamentos de la crítica historiográfica) y la explicación de acontecimientos y procesos sociales, intelectuales y políticos de enorme relevancia para la historia de nuestro país.

    La obra de Álvaro Matute nos ha permitido cultivar estas y otras muchas líneas de investigación, y seguirá haciéndolo en el futuro. El estudio de la filosofía de la historia, el ejercicio del análisis historiográfico o la constante reinterpretación de la política, la cultura y las instituciones mexicanas, no se clausuran ante su irremediable pérdida; antes bien, sus enseñanzas nos compelen a plantear nuevas preguntas acerca de estos temas; nos obligan a problematizar la manera en que accedemos al pasado y nos inspiran a imaginar formas vivas y sugerentes para transmitir el conocimiento que producimos. El ejemplo que nos deja, como investigador y maestro, nos ayuda a reivindicar la importancia social de las humanidades en general y de la historia en particular. Sus intereses intelectuales, sus preocupaciones y sus filiaciones filosóficas (sobre todo el historicismo que siempre profesó), lejos de morir con él, trascienden y se renuevan a través del ejercicio cotidiano y creativo del quehacer historiográfico. 

    Álvaro Matute recibió múltiples distinciones en virtud de su inquebrantable compromiso universitario y la calidad de su producción intelectual. Las más notables incluyen el Premio Nacional de Ciencias y Artes, el Premio Universidad Nacional en Investigación en Humanidades y el emeritazgo de la UNAM. A lo largo de su trayectoria académica participó en un sinnúmero de cuerpos colegiados, jurados, consejos editoriales y asociaciones de diversa índole. A través de estas labores, fundamentales para el desarrollo de las instituciones educativas, ratificó una y otra vez su vocación de servicio. Durante más de cuarenta años de ejercicio profesional, fue capaz de dialogar con alumnos y colegas, de promover por esta vía no sólo su propia producción académica, sino también la de muchos otros que hemos contraído con él una deuda igualmente entrañable y perenne.

     

    Rebeca Villalobos Álvarez

    Facultad de Filosofía y Letras

    Universidad Nacional Autónoma de México

     
     

    Referencias:
    1. Alexander Betancourt Mendieta, “Entrevista a Álvaro Matute Aguirre, profesor emérito, Universidad Nacional Autónoma de México”, en Historelo. Revista de Historia Regional y Local, Universidad Nacional de Colombia, vol. 7, núm. 13, enero-junio, 2015, pp. 362-374: http://www.redalyc.org/pdf/3458/345833486013.pdf.
    2. Leonardo Lomelí Vanegas, “Obituario a Álvaro Matute Aguirre”, en: http://www.h-mexico.unam.mx/node/20409, 2017.

    El Catálogo de protocolos del siglo XVI del Archivo General de Notarías

    Ivonne Mijares

    Instituto de Investigaciones Históricas, UNAM

     

    Desde marzo de 2011 los usuarios de la sala de consulta del Acervo Histórico del Archivo General de Notarías de la Ciudad de México tienen a su disposición un Banco de Información integrado por más de 27,500 fichas de contenido y cerca de 58,000 imágenes digitales que, en conjunto, permiten acceder a la información de 96 de los 98 libros que se conservan del siglo XVI. Más aún, desde mayo de 2014, una versión sin imágenes del mismo, puede ser consultada libremente mediante un portal en Internet.

    La construcción de esta herramienta de consulta constituye uno de los principales frutos conseguidos a lo largo de casi tres décadas de labor, del “Seminario de Documentación e Historia Novohispana”, del Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad Nacional Autónoma de México. La idea de contar con esta herramienta comenzó a gestarse allá por el año de 1987, cuando un grupo de alumnos de la maestría en Historia de la Facultad de Filosofía y Letras, a instancias de la Maestra Guadalupe Pérez San Vicente, comenzamos a acudir al Acervo de Notarías con el fin de realizar un trabajo para acreditar su materia. Deslumbrados por la riqueza de su documentación, y al mismo tiempo impactados por la inexistencia de índices o catálogos de consulta que permitieran localizar la información, decidimos constituirnos en un grupo de trabajo que, además de investigar estos documentos, contribuyera a la resolución de su problemática, mediante la construcción de un banco de información que permitiera acceder a su contenido e imagen digitalizada. La tarea parecía más urgente, dado el avanzado estado de deterioro de los protocolos más antiguos –tanto que casi dos terceras partes de los libros del siglo XVI ya no se prestaba a consulta.

    Con tal propósito comenzamos a explorar las posibilidades que en ese entonces empezaban abrir la informática y la tecnología moderna, para el manejo de la información documental. Y para asegurarnos de que las fichas de contenido del banco recogieran un extracto lo más completo posible de cada registro, antes de iniciar la transcripción paleográfica y catalogación del fondo, emprendimos un análisis diplomático de la documentación, para establecer criterios que permitieran recoger los datos de manera uniforme y completa. Dicho análisis se hizo mediante una cala de los documentos a trabajar y el estudio de formularios notariales, como el que publicó Nicolás de Yrolo Calar en 1605, obra que decidimos reeditar porque sus modelos y explicaciones sobre el significado de las cláusulas y variantes de cada tipo de negocio vendrían a dar cuenta del clausulado omitido dentro de los resúmenes (Nicolás de Yrolo Calar, La política de escrituras: estudio preliminar, índices, glosario y apéndices, México, UNAM, 1996). Con ello se establecieron no solo los lineamientos para extraer los datos empíricos de forma sistemática y homogénea, sino las bases para que nuestras fichas se constituyeran por sí mismas en una fuente de información confiable.

    El reconocimiento institucional del Seminario, primero por parte de la Facultad de Filosofía y Letras y más adelante por el Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM, posibilitó el desarrollo formal de nuestro trabajo dentro del Archivo y nos permitió conseguir recursos para avanzar en su consecución. Así entre 1995 y 2003 se implementaron diferentes proyectos para obtener financiamiento tanto del CONACYT como de la propia Universidad; suscribimos distintos convenios para contar con asesoría institucional en los aspectos de conservación documental, cómputo y digitalización de imágenes; y se capacitó a más de medio centenar de alumnos de licenciatura y posgrado en materia de paleografía y diplomática notarial. Todos ellos participaron en estos proyectos con el fin de obtener asesoría y material inédito para sus tesis, completar su formación o cumplir con un servicio social. Lo anterior permitió crear una base de datos con la información de cerca de 50,000 escrituras coloniales, 20,000 catalogadas por el Seminario y 30,000 procedentes del trabajo de catalogación realizado a principio de la década de 1980, por el Instituto de Estudios y Documentos Históricos A.C. de la Universidad del Claustro de Sor Juana, cuyos resultados permanecían inéditos y sin poderse consultar, contenidos en más de 50 cajas de fichas manuscritas, que el Seminario se encargó de capturar y editar.

    En cuanto al aspecto de la digitalización documental, con la ayuda de expertos en la materia, pudimos implementar un proceso de calidad, bajo estrictas normas de seguridad para los documentos originales, cuyo funcionamiento comprobamos en un pequeño laboratorio que debimos instalar en el Archivo General de la Nación, durante estos años nunca obtuvimos el permiso de las autoridades del Archivo de Notarías para aplicar este proceso; esto aunado a su desinterés y la falta de apoyo, nos llevó suspender nuestra labor en el Archivo y a conformarnos con difundir los resultados logrados mediante la publicación de diferentes discos compactos.

    Afortunadamente a principios de octubre de 2008, cuando ya habíamos abandonado toda esperanza de completar la construcción del banco, una nueva administración y del Gobierno del Distrito Federal, compuesta de funcionarios más conscientes y sensibles hacia la problemática del Archivo, nos invitó a regresar al Acervo y junto con el Colegio de Notarios de la Ciudad de México, nos otorgaron las facilidades y el financiamiento para terminar de construir un banco con la información del siglo XVI; el único problema era que el proyecto debía iniciar de inmediato y concluir a muy corto plazo. No fue fácil, pero para diciembre de ese año habíamos integrado un equipo de trabajo de casi 30 personas bien capacitadas, divididas en cuatro áreas: la de Conservación que dio mantenimiento a los originales y los preparó para su digitalización; la de Digitalización encargada de la captura de imágenes; la de Catalogación responsable de completar la descripción de la documentación que faltaba, y otra de Integración, abocada tanto a la liga de las fichas de contenido con las imágenes correspondientes, como a la revisión y corrección de la información. El banco quedó integrado por 27,511 fichas que permiten acceder al contenido de otros tantos documentos del siglo XVI, de los cuales una tercera parte ya había sido catalogada por nuestro Seminario, otro tanto provino del trabajo de la Universidad del Claustro y la parte restante fue procesada con este proyecto.

    Por lo que se refiere a las imágenes, solo dos legajos completos y algunos cuadernillos aislados, que aproximadamente corresponden al 2% del total de la documentación que se conserva de este siglo, no pudieron ser ni digitalizados ni catalogados por su avanzado estado de deterioro.

     

     

     

    La catalogación del Acervo Histórico del Archivo General de Notarías de la Ciudad de México