Boletín

     

    Boletín 432

     

     Septiembre-Octubre 2018     

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                           

    La lucha por la memoria: Dar voz al silencio

    El 13 de septiembre de 1968 centenares de miles de personas participaron en la “Marcha del Silencio”. Exigían libertades. El 13 de septiembre de 2018 un grupo de académicos mexicanos, estadounidenses y europeos presentaron en El Colegio de México los “Archivos del Autoritarismo Mexicano” (en inglés MIDAS, The Mexican Intelligence Digital Archives), una iniciativa pensada para enfrentar pacíficamente la censura impuesta a los archivos.

    En febrero de 2002 el Archivo General de la Nación (AGN) recibió los archivos de la Dirección Federal de Seguridad y Dirección General de Investigaciones Políticas y Sociales, que reunían documentos en cumplimiento del Acuerdo decretado por el Presidente Vicente Fox en noviembre de 2001. En el mismo decreto se planteaban diversas medidas para la procuración de justicia por delitos cometidos contra personas vinculadas con movimientos sociales y políticos del pasado.

    Esos acervos permitieron que florecieran los estudios sobre los engranes y resortes que hacían funcionar el sistema político mexicano.   Además, estos archivos dieron pauta a las investigaciones realizadas por la extinta Fiscalía Especial de Movimientos Sociales y Políticos del Pasado y fueron la fuente primaria de información para el Informe Histórico presentado a la sociedad mexicana: Fiscalía especial FEMOSPP, informe que nunca fue publicado íntegramente por las autoridades mexicanas.

    Desafortunadamente, dichos fondos no se integraron al resto de los acervos del AGN de la manera, usual, sino que permanecieron como un acervo separado en la Galería 1, que siguió estando a cargo de personal del Centro de Investigación y Seguridad Nacional, CISEN. El acervo estaba organizado con un complejo y particular procedimiento de referencia que sólo el personal del CISEN conocía. Además, el público e incluso el AGN carecía de un instrumento de consulta que permitiera saber qué se encontraba en el mismo. De esta forma, su acceso al público requería de una solicitud de información a través del IFAI a partir de la cual el personal del CISEN formaba expedientes que entregaba en forma versiones públicas (testadas), a modo de ocultar los datos personales.

    A partir del 2009 el AGN intentó tomar control de dicho acervo al elaborar, junto con personal del CISEN un instrumento de consulta y sustituyendo gradualmente al personal del CISEN en dicha galería. Después, a partir de la promulgación de la Ley Federal de Archivos, en 2012, el AGN pudo dar mayor apertura a dichos acervos, puesto que dicha ley definía al AGN como fuente de acceso público, lo que lo exentaba de ejercer la protección de los datos personales en sus acervos. Esto fue dándose gradualmente a partir de negociaciones con el CISEN. Hacia mediados 2013 el acceso al acervo fue prácticamente completo, y ya pudo darse a solicitud directa del investigador, como en las demás galerías, en vez de a través de solicitudes de acceso de información del IFAI.

    Desafortunadamente, en 2015 la Secretaría de Gobernación decidió limitar en extremo el acceso a estos acervos. Para hacer esto compatible con la Ley Federal de Archivos se dejó de considerar a este fondo como parte del acervo histórico del AGN, lo que eliminaba su carácter de fuente de acceso público. Además, se consideró que los datos personales que contenían los documentos eran sensibles por lo que tendrían una protección de 70 años. A partir de entonces, el AGN se limitó a dar acceso a las versiones públicas que se habían realizado en el pasado, coartando el derecho a la verdad de la sociedad y olvidando el deber de memoria del estado mexicano.

    El reclamo de historiadores, academia, víctimas y sociedad civil dio pauta a amplias discusiones que impidieron que en una nueva ley de archivos que se estaba elaborando afianzara el uso de la ley para impedir el acceso a este tipo de fuentes históricas. En cambio, la Ley General de Archivos que fue aprobada en abril del 2018 (vigente hasta junio de 2019, véase Boletín 431) reconoce la publicidad irrestricta de los acervos que se encuentran actualmente dentro del AGN o cualquier otro archivo histórico, incluidos aquellos de la Dirección Federal de Seguridad, la Dirección General de Investigaciones Políticas y Sociales y el fondo documental de la Secretaria de la Defensa Nacional.

    El difícil acceso a estos fondos interfirió con el derecho a la verdad. Ello salió a la luz en la conferencia pública: “¿Qué pasa con nuestro patrimonio documental? Los archivos confidenciales” que organizó el Seminario sobre Violencia y Paz en febrero de 2016. De ahí se desprendió la iniciativa de solicitar a los investigadores, que habían trabajado en diferentes archivos, una copia de los documentos que habían recibido sin tachaduras. Se decidió crear un consorcio académico internacional para depositar en dos servidores en el extranjero los centenares de miles de páginas reunidas a lo largo del tiempo. En otras palabras, para hacer accesibles los documentos recuperados en archivos mexicanos fue necesario hacerlo desde el extranjero.

    El proyecto los “Archivos del Autoritarismo Mexicano” (en inglés MIDAS, The Mexican Intelligence Digital Archives) es un esfuerzo desde la academia y la sociedad civil por recuperar una parte de la historia de nuestro país. Quienes integramos este proyecto creemos que la construcción de la verdad y el avance hacia un proceso de pacificación real debe venir desde todos los sectores de la sociedad pues no habrá justicia ni perdón, sin verdad.  La verdad sobre las atrocidades del pasado es necesaria para lograr la reconciliación entre instituciones del Estado y sociedad. Por otro lado, como lo han señalado organismos internacionales, es deber del estado rendir cuentas y buscar la confianza de la sociedad. Por esto los archivos aquí presentados adquieren especial relevancia en el contexto en el que se busca la pacificación del país.

    Finalmente, hacemos un llamado a las autoridades, al recién nombrado Congreso de la Unión y al Instituto Nacional de Acceso a la Información y Protección de Datos Personales a reconsiderar la fecha de entrada en vigor de la Ley General de Archivos que está prevista hasta junio de 2019, a fin de que los acervos que se encuentran actualmente en las mencionadas instituciones puedan ser de acceso público irrestricto de manera inmediata. De igual forma les exhortamos a aportar un presupuesto suficiente al Archivo General de la Nación para que pueda hacerse realidad su carácter de organismo descentralizado y desectorizado que marca la ley, y pueda contar con el personal y recursos necesarios para organizar, preservar, y dar cabal acceso a fondos documentales tan importantes que resguarda, como el que aquí mencionamos.

    Actualmente, forman parte de dicho consorcio las siguientes instituciones: Northwestern University, The Center for Research Libraries, El Colegio de México y Artículo 19. Su consejo directivo se ha constituido con dos representates de la academia mexicana, un representante de la sociedad civil mexicana y tres académicos internacionales. Actualmente estos son: Sergio Aguayo, El Colegio de México; Aurora Gómez Galvarriato, El Colegio de México; Ana Cristina Ruelas, Artículo 19; Markus-Michael Müller, Frei Universität Berlin; Jocelyn Olcott, Duke University; y Benjamin T. Smith, Warwick University.

    El consorcio decidió presentar la iniciativa con colecciones relacionadas con el Movimiento de 1968, que actualmente incluye más de 4,000 documentos, provenientes de: Archivo Sergio Aguayo; National Security Archive; Comisión de la Verdad del Estado de Guerrero y colecciones privadas de varios ciudadanos, reporteros y académicos. El 13 de septiembre de 2018, como una manera de conmemorar el 50 aniversario de la Marcha del Silencio, entregamos la 1ª entrega de este esfuerzo. Es una forma de reiterar el compromiso, de la academia y la sociedad civil, con la libertad de expresión y de investigación.

     

    Proyecto MIDAS

    Liberar los archivos. Represión de Estado y conocimiento histórico

    Camilo Vicente Ovalle

     

    Cincuenta años parecen un periodo suficiente para escapar de las agitadas aguas de la política y  convocar testimonios sin que estos suenen ya amenazadores o peligrosos. El Archivo General de la Nación (AGN) anunció que hará públicos los documentos referentes al movimiento estudiantil y popular de 1968.1 Este anuncio, además de ser una reacción tardía e insuficiente por parte del AGN, hace evidente que para el conocimiento histórico la primera barrera no es epistémica, sino jurídica-política.

    Las relaciones entre el archivo y la historiografía no están mediadas, en principio, por problemas epistemológicos, antes existe la mediación y la determinación del poder político sobre el conocimiento. Como lo muestra la normatividad sobre archivos y sus restricciones, en la que definiciones de carácter político y jurídico establecen un marco paradigmático para la historiografía, en la medida en que pone los límites de lo que se puede conocer. Ni la distancia temporal, ni mucho menos una pretendida condición asociada a la supuesta imposibilidad de la historiografía de aprehender lo actual, son limitantes del conocimiento histórico. Pero las lógicas de poder y saber que cruzan el archivo sí son limitantes efectivas, convertidas luego en silencios y complicidades de la tradición historiográfica. Para decirlo con Jaques Le Goff: “muestra que el problema epistemológico de la historia […] no es solamente un problema intelectual y científico, sino también un problema cívico y hasta moral. El historiador tiene sus responsabilidades, de las que debe ‘rendir cuentas’”.2 La relación con el archivo y la escritura de la historia, en especial cuando se trata sobre indagar en el presente, está mediada por esa condición: estar colocado epistémica e intelectualmente frente al poder, al poder del Estado.

    Entre las décadas de 1960 y 1980, el Estado mexicano desplegó un conjunto de técnicas y estrategias, articuladas en una política de contrainsurgencia, para el control o eliminación de las disidencias políticas radicales, en particular, de las organizaciones populares y grupos guerrilleros contra los que se cometieron crímenes de Estado. El diseño e implementación de la contrainsurgencia quedaron registrados en cientos de miles de documentos de diversas dependencias de seguridad nacional, así como de diversas instancias de los gobiernos de las entidades federativas. En su conjunto, forman un vasto acervo documental que llamamos “archivos de la represión”, de los que forman parte los documentos del 68 que serán liberados.

    Sobre estos archivos se ha llevado a cabo un debate los últimos cuatro años, particularmente en torno al cierre de la consulta directa del archivo de la Dirección Federal de Seguridad, así como sobre la Ley Federal de Archivos, normativa particularmente regresiva en relación con el acceso a la información y el derecho a la verdad, y la Ley General de Archivos, reciéntenme aprobada y congelada hasta junio de 2019. Esta última, aunque menos regresiva (se eliminó de ella la categoría “documento histórico-confidencial”) conservó al menos tres aspectos peligrosos para el acceso a la información, el derecho a la verdad y para la investigación histórica: la temporalidad de la reserva que puede ir de 30 a 70 años; la indeterminación de los periodos de transferencia, que da lugar a la discrecionalidad de las dependencias; y preserva de forma injustificada la regulación del Instituto Nacional de Acceso a la Información (INAI) sobre la investigación social que se realiza o utiliza archivos.

    Sobre este último aspecto, comparto una experiencia personal: en 2015, después de una negativa del AGN de entregar información, interpuse un recurso de revisión ante el INAI que convalidó la negativa del AGN argumentando que yo no había acreditado “que requería tener acceso a dicha información para realizar una investigación o estudio que se considere relevante para el país”. Ante esta respuesta le solicité al propio INAI que me informara sobre los procedimientos y criterios por los cuales determina qué investigación es relevante para el país, la respuesta fue que “no cuenta con un documento específico que establezca los criterios y procedimientos por los que este Instituto determina si una investigación o estudio es relevante o no para el país”; es decir, estamos ante un ejercicio de mera discrecionalidad. Este criterio de “relevancia para el país” fue dejado pasar en la Ley General de Archivos en su artículo 38.

    Aún falta un largo camino por recorrer en materia de archivos de la represión, primero reconocerlos en cuanto tales, lo que significa construir una normatividad especial para su tratamiento. El argumento de protección de datos personales, que es el que se esgrime para seguir manteniendo en la opacidad estos archivos, no tendría que ser instrumentado de la misma manera, por ser documentos vinculados a graves violaciones a derechos humanos, pero eso sólo se comprenderá cuando se entienda la cualidad de los archivos de la represión. Y, en segundo lugar, la disciplina histórica, sus academias, deben desterrar del discurso historiográfico, o al menos cuestionar, las taras sobre la distancia temporal que lo único que han hecho es reforzar la opacidad y control político sobre el propio conocimiento histórico.

     

    1Pedro Villa y Caña y Teresa Moreno, “Abriremos documentos delicados sobre el 68: Mercedes de Vega”, El Universal, 6 de octubre de 2018.

    2Jacques Le Goff, “Prefacio”, en Marc Bloch, Apología para la historia o el oficio del historiador, 2ª ed. México: Fondo de Cultura Económica, 2001, pp. 11–12.

     

    Colección M68: Ciudadanías en movimiento

    Eunice Hernández

    Coordinadora de la Colección M68

    Centro Cultural Universitario Tlatelolco

     

    Somos nuestra memoria,

    somos ese quimérico museo de formas inconstantes,

    ese montón de espejos rotos.

    Jorge Luis Borges (1969)

     

    Cuando Jorge Luis Borges escribió estos versos en su poema “Cambridge”, el “68” —ese tiempo axial que moldeó a la época contemporánea—era todavía muy reciente. Quizá por ello, el movimiento estudiantil no fue bien recibido por el escritor argentino. A pesar de que el premio Nobel fue conservador en sus ideas políticas, todavía sorprende el telegrama hallado por el Dr. Sergio Aguayo en el Archivo General de la Nación, por medio del cual Borges, Bioy Casares y Manuel Peyrou expresaban su “adhesión al gobierno mexicano”. En cambio, su intuición literaria sobre las bibliotecas, la memoria, el recuerdo y el olvido vaticinan las posibilidades del archivo en el siglo XXI, el cual se ha expandido de las bibliotecas y de las investigaciones académicas a nuevos circuitos como el ámbito digital, los museos y la producción artística.

    En este “giro archivístico” se inscribe la Colección M68: Ciudadanías en movimiento, cuya misión reside en ser un repositorio digital sobre los movimientos sociales que han impulsado el reconocimiento de derechos en México desde 1968 a la fecha. Concebida como un proyecto a largo plazo y en permanente construcción, sus objetivos son fomentar el libre acceso a la información, contribuir a la documentación, visibilidad e internacionalización de los acervos que la componen, así como generar conocimiento sobre diez líneas de investigación: el 68 mexicano y los movimientos estudiantiles; respuestas a la violencia y crímenes de estado; luchas por la democracia; feminismo y disidencia de género; luchas indígenas; luchas socio-ambientales; movimientos obreros y sindicales; movimientos impulsados por la sociedad civil; movilidad, migración y desplazados; y arte, cultura y medios digitales en torno a los movimientos sociales.

    Dicen que “sin archivos no hay memoria” y por ello, el punto de partida de la Colección M68 nace de una coyuntura específica: la conmemoración por los cincuenta años del movimiento estudiantil de 1968, el cual estuvo marcado por la violencia estatal y el silencio sistemático, pero también por la recuperación de la memoria histórica y colectiva, a mano de sus participantes, líderes históricos, académicos, escritores y artistas.

    Impulsado gracias a la labor del Comité interuniversitario para los 50 años del 68 —integrado por la UNAM, El Colegio de México, el Instituto Politécnico Nacional, la Universidad Iberoamericana y la Universidad Autónoma de Chapingo—, este repositorio digital es posible gracias a la colaboración de diversos socios estratégicos y patrones.  Sin embargo, su creación se aleja de la lógica del monumento y de las tradiciones que ven al pasado como un proceso cerrado que hay que “recordar”, para incentivar un sentido más amplio del acto de con-memorar, es decir, de “hacer” memoria juntos, donde el documento y el archivo juegan un papel fundamental no sólo para la reconstrucción de los hechos históricos y la búsqueda de la verdad histórica y jurídica sino también como objetos donde se configuran las relaciones de poder y, por ende, las tensiones entre la gestión de la memoria y la política del silencio y el olvido.

    De ahí, que la Colección M68 haya iniciado sus labores no sólo con una versatilidad de archivos provenientes de universidades, instituciones gubernamentales, organismos de la sociedad civil, medios de comunicación y personales, así como con una variedad de documentos, fotografías, mantas, expedientes, entrevistas, volantes y manuscritos sino también impulsando —junto con el AGN— la resolución del Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales (INAI) para determinar que la información referente al “68” contenida en este repositorio, es de mayor interés para la sociedad y para los procesos de verdad, justicia y reparación del daño que la protección de datos personales que obran en ella, lo que posibilitó la consulta pública de los documentos íntegros en la Colección M68.

    Su lanzamiento se realizó el pasado 1º de octubre con más de 25,000 registros catalográficos y casi 100,000 objetos digitales, provenientes de 35 archivos de los 47 participantes, entre los que destacan: 

    * El fondo de caricatura política —compuesto por la colección de Rogelio Naranjo, Rius y próximamente de Gonzalo Rocha—, y el fondo M68: Ciudadanías en movimiento, ambos bajo el resguardo del Centro Cultural Universitario Tlatelolco de la UNAM.

    * El archivo fotográfico El Heraldo Gutiérrez Vivó-Balderas de la Biblioteca Francisco  Xavier Clavigero de la Universidad Iberoamericana.

    * Movimientos armados en México. Recursos de la Información y una selección de documentos provenientes de la Biblioteca Daniel Cosío Villegas de El Colegio de México.

    * Una selección de más de 150 expedientes sobre el movimiento estudiantil del Fondo Secretaría de Gobernación Siglo XX de Investigaciones Políticas y Sociales (1924-1982) y de la Dirección Federal de Seguridad (1947-1971), así como fotografías de fondos como Hermanos Mayo, bajo el resguardo del Archivo General de la Nación.

    *Una selección de fotografías de 1968 resguardadas en el Museo Archivo de la Fotografía (MAF) de la Secretaría de Cultura del Gobierno de la Ciudad de México.

     * El Acervo Cristina Híjar. Arte y Movimiento Social-CENIDIAP/INBA, así como una selección de documentos del Comité ¡Eureka!-Museo Casa de la Memoria Indómita, de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI) y de la Agencia Autónoma de Comunicación SubVersiones.

    * Los Archivos Históricos del Feminismo, compuesto por las revistas Fem, La Revuelta, La correa feminista, el CIHUAT y La Boletina, resguardados por el Centro de Investigaciones y Estudios de Género (CIEG) de la UNAM.

    * Una selección de documentos provenientes de los archivos personales de Arturo Martínez Nateras y de Joel Ortega, ambos participantes del movimiento estudiantil de 1968, así como de la caricaturista Cintia Bolio y de las activistas  Marta Lamas, Ana Lau Jaiven, Isabel Vericat, Lucero González, Yan María Yaoyólotl Castro y  Mariana Pérez Ocaña, directora de la revista LeSVOZ.

    Por otro lado, en 2019, la Colección M68 irá integrando nuevos registros, fondos y archivos, tales como el Fondo documental Juan Acha del Centro Cultural Universitario Tlatelolco; el Archivo Álvarez Garín del Comité 68 Pro Libertades Democráticas; el Proyecto Memoria y Verdad de Artículo 19; fotografías y documentos del Archivo Histórico de la UNAM-IISUE, una selección de los fondos Proceso Pentágono, No Grupo y Felipe Ehrenberg del Centro de documentación Arkheia, MUAC, UNAM; materiales del Fondo Ana Victoria Jiménez de la Universidad Iberoamericana, del Centro de Documentación de la Maestría en Estudios de la Mujer de la UAM-Xochimilco y de asociaciones civiles como el Sindicato de costureras del 19 de septiembre, entre muchos otros.

    Además de las búsquedas actualmente habilitadas por colección de origen, tema, fecha y palabras claves, la Coleccción M68 ampliará sus sistemas de búsqueda avanzada, conforme al modelo de metadatos creado ex profeso para el proyecto, así como integrando la web semántica, machine learning y deep bots para facilitar la consulta tanto en línea como en el Centro de Documentacion del Centro Cultural Universitario Tlatelolco.

    Concebida como una plataforma inteligente que vincula al archivo y al documento con el “museo digital”, la Colección M68: Ciudadanías en movimiento servirá de vehículo para actualizar los contenidos de la exposición permanente, recién inaugurada, del Memorial del 68 y Museo de los Movimientos Sociales, al tiempo que se impulsarán programas públicos y académicos, en colaboración con diversas universidades  e instituciones, para fomentar la difusión de los acervos que la componen y propiciar que éstos deriven en tesis, ensayos, creaciones artísticas e iniciativas culturales que apuesten por el pensamiento crítico, la investigación y la memoria colectiva sobre los movimientos sociales.

    Premio a la Trayectoria Académica “Silvio Zavala” en Historia Colonial de América, edición 2018

    El 18 de septiembre se realizó la reunión de dictaminación para este reconocimiento en memoria del presidente fundador de la Comisión de Historia del Instituto Panamericano de Geografía e Historia.

    El jurado, por decisión unánime, otorgó el premio al Dr. Óscar Mazín, por considerar que su trayectoria cumple las condiciones de la convocatoria. Óscar Mazín es Doctor en Historia por la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales (EHESS, París). Actualmente es profesor investigador en el Centro de Estudios Históricos (CEH) de El Colegio de México y es miembro del Sistema Nacional de Investigadores, Nivel II.

    Entre sus obras destacan El cabildo catedral de Valladolid de Michoacán (El Colegio de Michoacán, 1996); Una ventana al mundo hispánico (El Colegio de México, 2006); Gestores de la Real Justicia (El Colegio de México, 2007). Fue director de la revista Historia Mexicana.

    El Comité extiende su felicitación a nuestro colega.

    Información tomada del Boletín de la Comisión de Historia, núm. 49, octubre de 2018. Instituto Panamericano de Geografía e Historia.

    Premio Francisco Javier Clavijero, Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) edición 2018

    El Comité extiende sus felicitaciones a los colegas reconocidos con el Premio Francisco Javier Clavijero, de Historia y Etnohistoria, que entrega el INAH, en las categorías de mejor investigación; mejor tesis de doctorado; mejor tesis de maestría y mejor tesis de licenciatura.

    https://premios.inah.gob.mx/index.php

     

     

    Boletín 431

     Julio-Agosto 2018                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                          

     

    Ley General de Archivos. Logros y desafíos

     

     

     

    Alfredo Ávila

    Presidente de la Mesa Directiva CMCH

     

    El 15 de junio de 2018, el Diario Oficial de la Federación publicó el decreto que emite la Ley General de Archivos. Se trata de una normatividad de la mayor importancia, pues sustituye a la anterior Ley Federal y amplía el alcance que ésta tenía.

    Desde hace casi tres años, la Mesa Directiva del Comité Mexicano de Ciencias Históricas se interesó en el proceso de elaboración de la Ley General de Archivos. De inmediato expresamos  nuestras preocupaciones sobre el anteproyecto que había elaborado el Archivo General de la Nación (AGN), por lo que invitamos a colegas y a representantes del propio AGN para que expusieran sus puntos de vista en nuestras sesiones ordinarias. En noviembre de 2016 organizamos un foro sobre el tema, y participamos en los realizados en el INAI y en el Senado de la República, entre otros. Con motivo de la presentación de la primera iniciativa en noviembre de 2016, el Comité promovió junto con colegas de diversas instituciones la publicación de un desplegado, y participó en varios pronunciamientos realizados con diversas organizaciones. De igual manera, llevamos a instancias internacionales las preocupaciones del gremio respecto a la iniciativa y conseguimos el respaldo de colegas y asociaciones, incluida la de los representantes de las asociaciones/comités de historia de América Latina, reunidos en São Paulo. Junto con el CIDE, la Red por la Rendición de Cuentas y Artículo 19 México/Centroamérica nos manifestamos sobre diversos aspectos que nos afectaban en el desarrollo de nuestras actividades profesionales, pero que también ponían en riesgo la memoria histórica del país. En la página web del Comité pueden verse estos y otros documentos relevantes.

    A continuación, enumeramos los principales aspectos de la iniciativa que nos causaban preocupación, nuestra propuesta y el resultado final en el dictamen aprobado por el Senado: 

    1) El artículo 36 de la iniciativa habría permitido la aplicación de la Ley General de Protección de Datos Personales, pues no declaraba que los archivos fueran fuentes de acceso público. Por ello, solicitamos que se empleara de manera explícita ese término, pues se trataba del único que podía eximir de la protección de datos personales.

    En el dictamen aprobado se establece que: “Los documentos contenidos en los archivos históricos son fuente de acceso público […] Asimismo, deberá considerarse que de acuerdo con la legislación en materia de transparencia y acceso a la información pública, no podrá clasificarse como reservada aquella información que esté relacionada con violaciones graves a derechos humanos o delitos de lesa humanidad”.

    2) La iniciativa no contemplaba ningún mecanismo mediante el cual se pudiera realizar investigaciones en archivos administrativos o de concentración. Propusimos que se recuperara el procedimiento de la Ley Federal de Archivos aún vigente, que ya había permitido al menos a un historiador consultar documentos con datos personales sensibles en un archivo.

    El dictamen aprobado tiene un artículo en este sentido. De esta forma, aunque los documentos con información personal sensible (solo la “sensible”, no toda la personal) que no haya sido transferida a un archivo histórico será resguardada hasta por setenta años, de acuerdo con criterios internacionales, su consulta está garantizada por el artículo 38 cuando se trate de estudios académicos, el interés público sea mayor o beneficie al titular de la información. Cabe reiterar que, de acuerdo al artículo 36, los documentos con información confidencial sensible que ya están en archivos históricos no están protegidos por la Ley General de Protección de Datos Personales.

    3) La iniciativa contenía un artículo transitorio, el 14, que obligaba a las dependencias federales y estatales a revisar los documentos de los archivos históricos para determinar qué debería quedarse allí y qué devolverse a los archivos de concentración. Nos opusimos rotundamente. En el dictamen aprobado, el artículo se eliminó.

    4) En la iniciativa se declaraba al AGN como dependiente de la SEGOB y como secretario técnico del Consejo Nacional de Archivos. Nos pareció muy preocupante que una dependencia con tan escaso presupuesto se hiciera cargo, en la práctica, del Sistema Nacional pero sin capacidad de decidir. Por ello, exigimos que se diera autonomía, que no fuera secretario técnico subordinado a SEGOB y que se incremente su presupuesto de manera urgente.

    La Ley aprobada dio al AGN la presidencia del Sistema Nacional de Archivos, lo define como una entidad paraestatal no sectorizada y establece que en el ejercicio fiscal de 2019 se cambie el AGN al ramo 47 para que obtenga los recursos suficientes. Cabe señalar que en su momento debemos seguir presionando para que se asigne ese presupuesto realmente y se detengan los recortes que hasta ahora se han dado.

    5) La iniciativa no establecía plazos para que los documentos se trasladaran de los archivos de concentración a los históricos, confiando en los catálogos de disposición documental de cada sujeto obligado.

    En el dictamen aprobado se estableció que catálogos de disposición documental sigan siendo los que rijan en ese aspecto, aunque se aclaró que nunca podrán exceder de 25 años.

    6) De igual manera, en materia de valoración documental para trasferencias a archivos históricos sugerimos que en las comisiones y grupos interdisciplinarios hubiera al menos un historiador.

    En este caso, el dictamen no incluyó nuestra petición, aunque, dado el carácter de ley general que tiene, permite que en esos grupos haya especialistas en áreas afines a la archivística, pudiendo las leyes estatales ser más específicas. En todo caso, nos parece que se trata de un aspecto en el que se puede seguir insistiendo y hacer convenios con los archivos y los sujetos obligados para brindar la asesoría en las transferencias documentales.

    7) La iniciativa original señalaba como los pilares fundamentales: la archivística, la preservación y la organización documental. Desde un comienzo, insistimos en la importancia de que se agregara la máxima difusión como el tercer pilar. El dictamen aprobado contempla en igualdad de condiciones la conservación de documentos, su organización y catalogación, así como facilitar su consulta y máxima difusión.

    Como puede apreciarse, pese a las objeciones que diversos actores políticos pusieron a nuestras demandas, se incluyó la mayoría, lo cual puede dejarnos satisfechos, aunque en guardia. Es necesario dar seguimiento a las legislaciones estatales, que se deriven de esta Ley General. Es muy importante señalar a los encargados de archivos que no pueden entregar copias testadas de los documentos, pues los datos personales son públicos si ya están en un archivo histórico, y en el caso de archivos de concentración, se pueden consultar mediante el mecanismo del artículo 38. En caso necesario, debemos promover juicios para que se establezca jurisprudencia en este sentido, según lo señaló el ministro José Ramón Cossío (véase Boletín 424). Todavía queda mucho por hacer, y el Comité continuará su trabajo en este sentido.

    Por último, cabe señalar que lo conseguido se debió a la buena disposición y voluntad política de la senadora Laura Rojas, quien llevó nuestras propuestas a las reuniones con representantes de otras bancadas, de la Secretaría de Gobernación y del Archivo General de la Nación. Organizaciones no gubernamentales como la Red por la Rendición de Cuentas y Artículo 19 estuvieron en las jornadas de trabajo (a veces maratónicas) que mantuvimos con la senadora Rojas, el senador Alejandro Encinas y sus asistentes. Aurora Gómez Galvarriato, Andrés Lira y Daniela Gleizer también estuvieron presentes en esas reuniones, lo mismo que Enrique Florescano, Carlos Marichal y los directores de los institutos de Humanidades de la UNAM, encabezados por el Coordinador de Humanidades, Alberto Vital, frente a la Junta de Coordinación Política del Senado. El consejo consultivo del AGN, presidido primero por Mauricio Merino, y posteriormente por Agustín Escobar, y del cual forma parte el Comité, también fue de enorme importancia. Otros colegas promovieron desde diferentes medios una Ley General de Archivos que no obstruya nuestro trabajo y que contribuya a la transparencia y a la construcción de una memoria histórica, tan necesaria para toda la sociedad. A todos ellos, muchas gracias.

     

    Cronología de la LGA

    13 de noviembre de 2015. La Mesa Directiva del Comité Mexicano de Ciencias Históricas (CMCH) recibió copia del anteproyecto de la Ley General de Archivos (LGA) elaborado por el Archivo General de la Nación (AGN) que sería presentado al Senado. (Véase Boletín 417)

    3 de diciembre de 2015. El presidente del CMCH se entrevistó con los senadores Alejandro Encinas y Laura Rojas para solicitar información sobre el proyecto de LGA. En la reunión estuvo presente Enrique Chmelnik, presidente de la Asociación Mexicana de Archivos y Bibliotecas Privados (AMABPAC). (Boletín 417)

    12 de enero de 2016. En el Centro de Estudios de Historia de México CARSO, en una nueva reunión con senadores Rojas y Encinas, la presidencia del CMCH entregó un documento con la posición de los historiadores. (Boletín 417)

    26 de enero de 2016. En la primera sesión ordinaria del Consejo Académico Asesor del AGN, el CMCH se refirió a la LGA y solicitó:  1) que se invitara a historiadores para participar en los foros de discusión sobre la ley; 2) considerar que todo documento existente en un archivo histórico fuera público, de modo que no pueda ser clasificado como confidencial ni ponerse obstáculos para su consulta. (Boletín 417). La directora del AGN manifestó su respaldo a esta petición.

    3 de febrero de 2016. Foro: “La LGA: la preservación de la memoria colectiva y el derecho a la verdad en México”, en el Senado.

    28 de abril de 2016. Foro “Archivos. Condición para el funcionamiento de los Sistemas Nacionales: Transparencia, Archivos, Rendición de Cuentas”, organizado por el AGN y la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).

    31 de agosto de 2016. Carta de la Red por la Rendición de Cuentas dirigida a la Segunda Comisión de Estudios Legislativos en la que se exhorta a diseñar una LGA congruente con la normativa del sistema de rendición de cuentas. (Boletín 420)

    19 de octubre de 2016. El CMCH entregó al Senado una misiva suscrita por varias asociaciones civiles, archivistas e historiadores. La carta pública, con más de 110 firmas, manifestaba que “en congruencia con la normatividad en materia de transparencia y acceso a la información aprobada hasta ahora, los archivos históricos deben conservar su carácter público. Cualquier restricción para el acceso a los archivos históricos debe ser eliminada sin ambigüedades, es decir, los documentos históricos no pueden ser considerados información reservada ni confidencial”. (Boletín 420)

    17 de noviembre de 2016. La Comisión de Gobernación presentó ante el pleno del Senado la iniciativa de LGA para su discusión. La iniciativa planteó la creación de una ley de 117 artículos para establecer la administración homogénea de archivos en los tres órdenes de gobierno; bajo un Consejo Nacional de Archivos presidido por la Secretaría de Gobernación.

    24 de noviembre de 2016. Carta “Por el derecho a la memoria”, publicada en El Universal, dirigida al Senado, a la directora del AGN y a la opinión pública. La misiva señalaba que “La Ley, que podría ser una oportunidad para mejorar los archivos mexicanos y favorecer la transparencia, en su estado actual podría provocar precisamente lo contrario”.

    24 y 25 de noviembre de 2016. El CMCH organizó el Foro: “Los historiadores frente a los archivos”, en el Centro de Estudios de Historia de México CARSO, donde se discutió el proyecto de la LGA, la protección de datos personales, los proyectos de digitalización y difusión de fuentes escritas, los archivos privados y las restricciones a la información en ciertos ramos de documentación reservada. (Boletín 421)

    28 de noviembre de 2016. Ciclo de audiencias públicas en el Senado sobre la LGA, en la que intervinieron la Mesa Directiva del CMCH; la Red por la Rendición de Cuentas; Artículo 19;  asociaciones de archivos públicos y privados; académicos; funcionarios de las administraciones públicas federal y estatales; legisladores.

    La AMABPAC expuso un documento titulado “Observaciones y propuestas de la AMABPAC al proyecto de iniciativa de LGA”.

    29 de noviembre de 2016. Posicionamiento público sobre la iniciativa de LGA y las audiencias públicas del Senado. Participaron historiadores, académicos, y representantes de archivos y organizaciones civiles. La argumentación se enfocó en dos puntos centrales: “desvincular la política pública nacional en materia archivística del control político de la Secretaría de Gobernación”; y “adecuada valoración documental, junto con la conservación y plena consulta de los documentos históricos”.

    30 de noviembre de 2016. Publicación del “Análisis, crítica y propuestas de la Iniciativa de LGA 2016”, de la Red Nacional de Archivos de Instituciones de Educación Superior (RENAIES).

    5 de diciembre de 2016. Pronunciamiento del Consejo Técnico de Humanidades de la UNAM en el que refrendó la preocupación por la aprobación de la LGA en los términos de la iniciativa.

    6 de diciembre de 2016. Pronunciamientos del Consejo Académico de El Colegio de México y de los académicos del Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM solicitando revisar a fondo la iniciativa de la LGA en beneficio de la “libertad de expresión” y la “protección y el acceso libre a la memoria histórica de la nación”.

    El INAI presentó un decálogo de recomendaciones sobre la legislación.

    8 de diciembre de 2016. Comunicado de la Asociación Argentina de Investigadores de Historia (AsAIH) en apoyo a la iniciativa del CMCH sobre la LGA.

    14 de diciembre de 2016. Foro “Discutiendo la iniciativa de la Ley General de Archivos”, en la Facultad de Historia de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo. Carta pública de los participantes expresando su preocupación por la LGA.

    15 de diciembre de 2016. Pronunciamiento del Consejo Universitario de la UNAM, en el que se manifiesta por “una amplia consulta a la sociedad y a la academia”. 

    30 de enero de 2017. Foro “Balance sobre la iniciativa de la LGA”, organizado por el AGN y el INAI, en la sede del INAI, con la participación de archivistas, bibliotecónomos y órganos de gobierno. El CMCH presentó la postura de los historiadores. (Boletín 424)

    2 de marzo de 2017. Foro de “Análisis y propuestas a la iniciativa de la LGA”, convocado por la senadora Martha Tagle y la RENAIES, en el Senado.

    18 de abril de 2017. La Junta de Coordinación Política del Senado realizó una reunión de trabajo con académicos para recibir observaciones al dictamen de la iniciativa de la LGA. (Boletín 424)

    16 y 17 de junio de 2017. Foro “Principios rectores y bases para una LGA”, en el AGN y el Instituto de Investigaciones Jurídicas, UNAM.

    4 de agosto de 2017. En el Primer Foro Nacional de Archivos Legislativos, el comisionado presidente del INAI, Francisco Javier Acuña Llamas, urgió al Senado la reanudación de los trabajos de la LGA.

    13 de septiembre de 2017. Pronunciamiento conjunto del Comité Mexicano de Ciencias Históricas, Artículo 19, Red por la Rendición de Cuentas y el CIDE, titulado “Por una LGA congruente y funcional”, que considera siete puntos clave que recogen las inquietudes y demandas de académicos especialistas en archivos, activistas sociales y ciudadanos.

    Septiembre-diciembre de 2017. Participación del CMCH, de la Red por la Rendición de Cuentas, de Artículo 19 y de otras organizaciones de archivos en la revisión profunda y adecuación de la LGA con representantes del Senado sobre la base de los “siete puntos clave”.

    13 de diciembre de 2017. A las 21:35 horas, el pleno del Senado aprobó por unanimidad y sin discusión un nuevo dictamen de la LGA, con las modificaciones mencionadas, enviado por las comisiones de Gobernación y de Puntos Legislativos.

    14 de diciembre de 2017. Comunicado del CMCH sobre la aprobación en el Senado del dictamen de la LGA, en el que se enumeran siete puntos de los principales aspectos de la nueva legislación aprobada, que implican cambios sustanciales en beneficio de la libre consulta de los documentos históricos.

    10 de abril de 2018. Exhorto conjunto del CMCH, Artículo 19, CIDE, la Red por la Rendición de Cuentas y la Escuela Mexicana de Archivos A.C. (EMAAC) a la Cámara de Diputados para aprobar la LGA en los términos en que la aprobó el Senado. (Boletín 429)

    26 de abril de 2018. En la Gaceta Parlamentaria se publicó el proyecto de decreto por el que se expide la LGA, aprobada en lo general y en lo particular por el Pleno de la Cámara de Diputados durante la sesión ordinaria de la LXIII Legislatura, con 357 votos a favor, uno en contra y una abstención (Gaceta Parlamentaria, año XXI, número 5013).

    15 de junio de 2018. En el Diario Oficial de la Federación se publicó el decreto que emite la LGA.

     

     

    Comité Mexicano de Ciencias Históricas

    Colaboración: Ernesto Reséndiz Oikión

     

    Guadalupe Curiel Defossé (1952-2018)

    Salvador Reyes Equiguas

    Instituto de Investigaciones Bibliográficas. UNAM

     

    Con una profunda tristeza anunciamos que la tarde del seis de septiembre falleció la querida universitaria Guadalupe Curiel Defossé. Nació el 12 de diciembre de 1952 en Taxco de Alarcón, Guerrero. Se formó como historiadora en la Universidad de Guanajuato para posteriormente trasladarse a la Ciudad de México para doctorarse en la misma disciplina bajo la influencia de notables pensadores como Roberto Moreno de los Arcos, Luis Mario Schneider, Álvaro Matute y Miguel León-Portilla. Dueña de una pluma polifacética, Lupita -como todos la conocíamos en el círculo humanístico- gozó de varias inquietudes intelectuales y exploró diversas parcelas disciplinarias, entre ellas, el estudio de fuentes documentales, la historia del noreste novohispano, la bibliografía decimonónica mexicana, la hemerografía contemporánea y el desarrollo de los sistemas de información para las humanidades. Entre sus obras más destacadas se cuenta La historia de Texas en la Biblioteca Nacional: 1528-1848. Bibliografía comentadaFray Juan Agustín Morfi, Provincias Internas (Biblioteca del Estudiante Universitario); Tierra incógnita, tierra de misiones y presidios. El noroeste novohispano según fray Juan Agustín de Morfi 1673-1779 (Instituto de Investigaciones Históricas IIH, 2016); Tesoros patrimoniales de la Biblioteca Nacional de México (UdeG, Biblioteca Pública del Estado de Jalisco, Instituto de Investigaciones Bibliográficas IIB, 2016), así como la edición de la Relación geográfica e histórica de Texas o Nuevas Filipinas: 1673–1779 (IIB, CONACULTA, 2010). En coautoría con Luis Mario Schneider y Miguel Ángel Castro, publicó Biblos. Boletín semanal de información bibliográfica, publicado por la Biblioteca Nacional (1919-1926) y su Galería de escritores mexicanos contemporáneos (UNAM, 1999) y con María Teresa Camarillo, tanto la Hemerografía del movimiento estudiantil universitario: 1999-2000 como la base de datos hemerográfica, Elecciones presidenciales en México 2006. Con Aurora Cano, coordinó el volumen conmemorativo, Crónica de la Constitución de 1917 en la prensa de la época (Senado de la República, Secretaría de Cultura, INHERM, Instituto de Investigaciones Jurídicas IIJ, 2016) con Belem Clark, Aproximaciones a una historia intelectual. Revistas y asociaciones literarias mexicanas del siglo XIX (UNAM, DGAPA, IIB, BNM, HNM, 2016) y con Gisel Cosío Colina, Pasión por la prensa: vida y obra de María Teresa Camarillo Carbajal (IIB, 2016).

    Acostumbrada a los proyectos que suman esfuerzos, coordinó con Miguel Ángel Castro y Vicente Quirarte el Seminario de Bibliografía Mexicana del siglo XIX , donde salieron a la luz los catálogos: Obras Monográficas Mexicanas del Siglo XIX en la Biblioteca Nacional de México: 1822-1900Publicaciones periódicas mexicanas del siglo XIX: 1822-1855 y Publicaciones periódicas mexicanas del siglo XIX: 1856–1876, coordinó también el Seminario Cantares Mexicanos y otros opúsculos de la BN, proyecto donde se editó, tradujo y estudió dicho tesoro documental.  Asimismo, fue artífice y coordinadora de la Hemeroteca Nacional Digital de México y de la Biblioteca Nacional Digital de México.

    Universitaria comprometida, dedicó parte de sus afanes a la administración de su segunda casa. Fue coordinadora de la Hemeroteca Nacional, directora del Instituto de Investigaciones Bibliográficas, Biblioteca y Hemeroteca nacionales y secretaria de los Consejos Académicos del Área de las Humanidades y las Artes.  Formadora de varias generaciones, fue titular de la asignatura “Métodos de Investigación” en el Colegio de Historia de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM.

    A pesar de su prematura partida, sus aportaciones en la historiografía mexicana sabrán ser valoradas por las futuras generaciones de historiadores y bibliógrafos. Vaya para ella un espacio en nuestra memoria.

     

    Boletín 430

     Mayo-Junio 2018                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                             

    La casa de la memoria

    Raquel Castro

                                                       Centro de Documentación e Investigación Judío de México (CDIJUM)

     

    “La casa de la memoria”: así llamó el historiador mexicano Enrique Krauze al Centro de Documentación e Investigación Judío de México, o CDIJUM por sus siglas, el día en que éste fue presentado públicamente, en agosto de 2015. En esa ocasión, representantes de distintos sectores de la comunidad judía de México firmaron un convenio con el fin de “unir esfuerzos para que el material histórico sea concentrado en un mismo espacio y pueda a su vez ser consultado por cualquier miembro de la comunidad judía y por cualquier ciudadano mexicano o persona extranjera”. 

    Este convenio fue apoyado y reconocido por el Comité Central de la Comunidad Judía en México y por las comunidades Maguén David, Alianza Monte Sinaí, Comunidad Sefaradí, Bet-El, Beth Israel Community Center, así como el Centro Deportivo Israelita; además de la Comunidad Ashkenazí, que fundó originalmente el Centro, entonces llamado Centro de Documentación e Investigación de la Comunidad Ashkenazí de México (CDICA).

     

    Un poco de historia

    El CDICA fue creado en 1993 con la misión de preservar, custodiar y difundir la cultura ashkenazí (que es la de los judíos originarios principalmente de Europa Central y Oriental), labor que permitió salvaguardar las bibliotecas y archivos de instituciones como la Cámara Israelita de Industria y Comercio, el Comité Central Israelita de México y el Consejo Mexicano de Mujeres Israelitas, además de los de la propia Comunidad Ashkenazí.

    Con el paso del tiempo, el CDICA fue ganando reconocimiento por su labor. Por ejemplo, en 2008, el CDICA ingresó a la lista mexicana del Registro de la Memoria del Mundo y a la de América Latina y el Caribe; y, en 2009, al Registro de la Memoria del Mundo Internacional: una relación de los acervos documentales de importancia mundial, aprobada por un Comité Internacional y ratificada por el Director General de la UNESCO.

    A raíz de dichas distinciones y del hecho de que los acervos del Centro continuaban creciendo, se decidió conformar un Patronato, encargado de consolidar la autonomía financiera del Centro y fortalecer su presencia, reconocimiento e imagen. 

    En 2013, el patronato propuso extender el campo de acción de la institución más allá de la Comunidad Ashkenazí y convertirlo en un organismo intercomunitario, centralizado pero autónomo, encargado de resguardar, conservar y difundir la memoria histórica de la comunidad judía de México. Fue así que nació el CDIJUM: el centro de documentación que alberga la historia y la cultura de todas las comunidades judías establecidas en el país.

     

    Futuro cercano

    Dentro de muy poco tiempo, la sede del CDIJUM será la sinagoga Rodfe Sedek, ubicada en la calle de Córdoba (en la colonia Roma de la Ciudad de México), que fue generosamente cedida por la Comunidad Maguén David, conformada por los judíos originarios de Alepo, Siria, y sus descendientes. El edificio principal, que se encuentra en la fase final de su restauración, fue fundado en 1931 (precisamente por la Comunidad Maguén David, entonces denominada Sociedad de Beneficencia Sedaká u Marpé), y dio abrigo no sólo a un templo, sino que también fue sede de la primera mikvé (baño ritual judío) que hubo en nuestro país. En su momento, en el predio hubo también un colegio y una casa funeraria. Adosado a la sinagoga, también conocida como el Knis de Córdoba, se está terminando de construir un moderno edificio que resguardará los fondos del CDIJUM. En este inmueble se albergarán archivos documentales, fototeca, archivos audiovisuales (de historia oral, música y películas), biblioteca, hemeroteca, bases de datos y colecciones especiales de las distintas comunidades, clasificados y catalogados de forma homologada, pero separados por fondos, de modo que conserven su identidad y origen. Tendrá también un auditorio para congresos y seminarios y salones de clase para impartir cursos a estudiantes y maestros, así como al público en general. Esto último es importante ya que el CDIJUM está abierto para académicos e investigadores, sí; pero también para todas las personas interesadas en la historia y la cultura de la comunidad judía de México en sus diferentes facetas. 

    Los acervos del CDIJUM: del siglo XVI a la era digital

    Raquel Castro

    Centro de Documentación e Investigación Judío de México (CDIJUM)

     

    Es probable que lo más atractivo del acervo del Centro de Documentación e Investigación Judío de México sea la sección “Fondo Hebreo Antiguo” de su biblioteca, conformado por alrededor de 1 400 libros, la mayoría de ellos escritos en hebreo y editados entre los siglos XVI y XX. Llama la atención, sobre todo, porque cuenta con ejemplares confiscados por el nazismo y que fueron rescatados por los Ejércitos Aliados después de la Segunda Guerra Mundial. Sus sellos son fieles testigos de este acontecer histórico; y el reconocimiento “Memoria del Mundo” que obtuvo la colección por parte de la UNESCO, refrenda su importancia. 

    Sin embargo, no son éstos los únicos documentos valiosos que resguarda el CDIJUM. Además de la biblioteca, el Centro cuenta con una hemeroteca (que  contiene los primeros periódicos editados por la comunidad judía en México -en idish y español-, además de publicaciones periódicas en hebreo, inglés, ladino, polaco y ruso, por mencionar sólo algunos de los idiomas presentes en la colección) y un archivo histórico compuesto por fondos documentales que han sido donados al CDIJUM a lo largo de los años, que provienen de diferentes instituciones e individuos de la colectividad judía en México, y que se encuentran en diversos tipos de soportes: papel, madera, cartón, películas, grabaciones analógicas, cintas magnéticas, grabaciones digitales, discos compactos, medios magnéticos audiovisuales y medios ópticos. En el archivo histórico también se cuenta con materiales en distintos idiomas, así como mecanuscritos y manuscritos.

    El archivo histórico está dividido en fondos institucionales (aquellos que provienen de una institución judía) y fondos personales (los que provienen de un archivo creado por miembros de la comunidad) y en él hay documentos de vital importancia para entender la presencia judía en México, como el acta fundacional de la primera institución comunitaria en el país, la Sociedad de Beneficencia Alianza Monte Sinaí, firmada en 1912; los documentos del Comité Central Israelita de México (llamado actualmente Comité Central de la Comunidad Judía de México), que se remontan a la creación de dicho organismo, en 1938; y los de la Cámara Israelita de Industria y Comercio, fundada en 1931. 

    No hay que olvidar el acervo fotográfico resguardado por el CDIJUM: esta colección, que comprende más de 18 000 piezas, da cuenta de la formación de la comunidad judía en México, la creación de sus instituciones, tanto laicas como religiosas, y la inmigración judía a nuestro país. Las imágenes del acervo captan, en su mayoría, la cotidianidad de la vida judía desde principios del siglo XX hasta la época actual. Por su parte, el archivo de historia oral comprende más de 200 entrevistas a inmigrantes, intelectuales y líderes comunitarios. 

    El CDIJUM ofrece numerosos servicios a académicos y especialistas en historia y pensamiento judío; así como a miembros de la comunidad judía interesados en conocer más acerca de sus raíces y al público en general. Además, en los últimos años el CDIJUM ha emprendido una campaña de digitalización de documentos para salvaguardar sus acervos y brindar un servicio más eficiente.

    John Lynch (1927-2018)

    Alfredo Ávila

    Instituto de Investigaciones Históricas, UNAM

     

    El pasado 4 de abril falleció el profesor John Lynch. No hay duda de que fue uno de los pilares del estudio de la historia latinoamericana en Gran Bretaña. Interesado en la España imperial, muy pronto fijó su atención en la administración española en América, en particular en la de las décadas inmediatamente anteriores a los procesos de independencia. En sus estudios sobre el virreinato del Río de la Plata y en su visión sobre Las revoluciones hispanoamericanas (de 1973, con muchas reediciones), interpretó las medidas administrativas de la década de 1780 como un conjunto de reformas que reestructuraron las relaciones de dependencia entre la monarquía española y sus dominios ultramarinos. Esa reorganización ocasionaría fracturas que conducirían a las independencias. De tal forma, el trabajo del profesor Lynch, junto con el de David Brading, contribuyó de modo decisivo a la visión más aceptada sobre las llamadas Reformas Borbónicas y su impacto en las revoluciones de la segunda década del siglo XIX.

    Integrante y director del Institute of Latin American Studies, contribuyó a que los estudios latinoamericanos ocuparan un lugar importante en las instituciones de investigación y universidades británicas, empezando por la University of Liverpool y el University College, en donde fue profesor.

    En 1992 publicó Caudillos in Spanish America, 1800-1850, un extraordinario esfuerzo para explicar la presencia de estos personajes en las primeras décadas de vida independiente. Tal como había hecho antes en su libro sobre las independencias, la historia mexicana ocupó un lugar importante, en esta ocasión a partir de la figura de Antonio López de Santa Anna, al que analizó y comparó con otros políticos como Rafael Carrera, José Antonio Páez y Juan Manuel de Rosas.

    Entre sus libros más importantes destacan los ya citados, pero también los volúmenes dedicados a la España imperial (tanto la de los Austrias como la borbónica), la biografía sobre Rosas, la de San Martín y la excelente Simón Bolívar. A Life, publicada en 2006. Esta obra, como bien señaló en su momento David Bushnell, podría considerarse la versión definitiva del gran militar y político caraqueño, de no ser porque la vida de Bolívar es tan rica, compleja y llena de matices que sin duda permitirá más investigación y nuevas interpretaciones. Más recientemente, apareció New Worlds: a Religious History of Latin America, que una vez más daba cuenta de la importancia que para el profesor Lynch tenía la historia comparada e integrada de la región, más allá de las peculiaridades nacionales.

      

     

     

    Boletín 429

    Marzo-Abril 2018   

     

     

     

     

     

    Aprobación de la Ley General de Archivos

    El 10 de abril del 2018 el CMCH participó en un exhorto a la Cámara de Diputados para aprobar la Ley General de Archivos con las reformas que le hizo el Senado en diciembre de 2017, después de un largo debate con instituciones y asociaciones académicas y de la sociedad civil. El 26 de abril la Cámara de Diputados aprobó finalmente la ley, aunque fijó algunas reservas. En el próximo número daremos cuenta de ello, así como de las ventajas y retos que esta ley general ofrecerá a directores y profesionales de archivo, historiadores y organizaciones de la sociedad civil.

    https://cmch.colmex.mx/ley-general   

    Un recinto de la memoria: La Biblioteca Histórica José María Lafragua

    La Biblioteca José María Lafragua recibió este nombre el 16 de septiembre de 1885, al ser reinaugurada como biblioteca del Colegio del Estado de Puebla. Once años antes ya había sido abierta como biblioteca pública.

    El Colegio del Estado de Puebla fue creado en 1825 con la consigna de apoyar el proyecto educativo nacionalista que consideraba rebasados los establecimientos educativos coloniales. Bajo una administración civil y en aras de ofrecer una educación que alcanzara a una mayor parte de la población, este colegio empezó a consolidarse bajo el marco legal y jurídico de la Constitución liberal de 1824. El surgimiento de nuevos saberes demandó contar con libros más actualizados que fue necesario traer de Europa para formar con ellos a la élite ilustrada de la época. Así, a lo largo del siglo XIX estas nuevas ediciones se incorporaron a la biblioteca, que ya albergaba un fondo de origen jesuita, algunas pocas adquisiciones realizadas durante el breve lapso que antecedió a esta institución como Real Colegio Carolino, y otros volúmenes provenientes de fondos conventuales, colegios e instituciones hospitalarias coloniales que a partir de 1859 fueron suprimidas durante el gobierno del presidente Benito Juárez.

    Esta convergencia consolidó desde el siglo XIX una biblioteca muy rica tanto para la ciudad como para el estado. Al permanecer como un fondo abierto, en las décadas siguientes se enriqueció con otros legados. Uno de los más destacados fue el proveniente de su principal benefactor, el Ministro de Relaciones Exteriores don José María Lafragua, quien dividió su biblioteca personal entre dos instituciones a las que llevó en el corazón y dirigió en diferentes etapas de su vida: la Biblioteca Nacional de México y la Biblioteca del Colegio del Estado.

    Esta última recibió en 1876, por disposición testamentaria, una importante colección de documentos manuscritos e impresos de gran trascendencia (la Biblioteca Nacional recibió, por su parte, su colección de impresos con temática americana). A la donación se fueron sumando valiosas ediciones europeas que pudieron adquirirse gracias a una aportación en dinero que también fue dispuesta por el ministro. Todo ello constituye ahora el “Legado Lafragua”.

    A lo largo del siglo XX la Biblioteca Lafragua se enriqueció con donaciones de varios poblanos ilustres: Lic. Manuel Azpiroz (Embajador de México en Washington, Lic. Rafael Isunza (Director del Colegio del Estado y gobernador), Dr. Rafael Serrano (Psiquiatra), cuya donación fue organizada por el Club Rotario de Puebla; Manuel Maneyro (Cónsul), Ing. Gustavo Gaona Salazar, Lic. Vicente Rodríguez, José Pablo Almendaro, entre otros.

    También fue importantísima la incorporación del fondo bibliográfico y documental perteneciente a la Academia de Bellas Artes de Puebla en 1973 y a finales del XX la Biblioteca Benjamín Franklin. Entrado el siglo XXI, la importante biblioteca de la doctora María del Carmen Millán, que incluye sus reconocimientos y condecoraciones. Muchas de estas colecciones más antiguas están conformadas a su vez por donaciones de bibliotecas personales y ejemplares de otros importantes personajes. Tal es el caso de los libros procedentes de la Academia de Bellas Artes, pues en su momento ésta formó su biblioteca a partir de donaciones de valiosos libros de estampas. Así, la Lafragua se conformó como un lugar de resguardo de la memoria de la propia ciudad y del Estado, y por tanto de su historia, a la vez que se configuró como un testigo de los procesos educativos por los que ha atravesado a lo largo de más de cuatro siglos.

    Por ello mismo, esta biblioteca está destinada a la investigación especializada desde dos perspectivas: una, la que da sostén a nuestra misión como “biblioteca histórica”, es dar servicio a investigadores, asesorándolos y guiándolos para localizar los materiales de su interés. Algunos estudios enfocados a materiales específicos de este acervo son propuestos para formar parte de sus productos editoriales. La segunda es una labor de investigación constante de nuestro propio fondo. El personal actual de la biblioteca está constituido por un equipo interdisciplinario de especialistas que desarrolla instrumentos de consulta como bases de datos, catálogos, guías y colecciones digitales para potenciar el alcance y uso tanto por parte de sus propios investigadores como del público en general. Asimismo, estas pesquisas determinan y definen las estrategias, las prioridades y los planes de trabajo anuales. Eventualmente, estas indagaciones también forman parte de publicaciones en las que los investigadores de la Biblioteca contribuimos con aportaciones relacionadas a los temas de nuestras áreas de especialidad y al mismo tiempo damos a conocer la parte relativa a la historia de nuestros fondos y colecciones, lo que nos atañe necesariamente.

    En la Biblioteca Lafragua somos conscientes de la necesidad de generar productos digitales como nuevas formas de difundir, divulgar y organizar la gran variedad temática de sus materiales para el aprovechamiento actual y futuro manteniendo una política de libre acceso. Para ello, existe un programa de digitalización fundamentado básicamente en cuatro ejes: apoyar la difusión; contribuir a la conservación de algunos materiales para disminuir su uso y manipulación; en atención a la rareza y/o unicidad; y, por último, apoyar a investigadores que difícilmente pueden venir de forma presencial a realizar investigaciones que implican largos periodos de tiempo. Estos casos específicos requieren de una justificación que se evalúa para ver la pertinencia de publicarlos en línea y beneficiar no sólo a una persona en particular, sino que resulten del interés y objeto de estudio a un grupo mayor de investigadores. Hermanado con dicha labor, la Biblioteca Lafragua también tiene el compromiso de preservar sus colecciones digitales de documentos patrimoniales, que desde su creación se realizan con estándares óptimos para su conservación a largo plazo.

    Mediante los cursos que organiza con temáticas relacionadas con la gestión de su heterogéneo patrimonio documental, la Biblioteca incentiva la capacitación continua a su personal con el fin de promover las competencias así como actualizar sus conocimientos. Esta capacitación ha sido aprovechada innumerables veces por otras instituciones similares, creándose con ello una red de cooperación sobre la que descansan muchos proyectos actuales. Sin embargo, en otras ocasiones, es necesario que su personal asista y participe en congresos, seminarios, coloquios, o acuda a cursos especializados que se imparten en otras instituciones. También somos conscientes de que la fuerza de los proyectos interinstitucionales recae en la colaboración, por lo que nos hemos sumado y sumaremos a otros futuros proyectos.

    La difusión del patrimonio documental de la Biblioteca es otra de sus tareas primordiales. Para ello ofrece un programa permanente de actividades culturales destinadas al público en general como conferencias, cursos, talleres, exposiciones presenciales y virtuales, visitas guiadas y presentaciones de libros.

    La Biblioteca Histórica “José María Lafragua” de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla está adscrita orgánicamente a la Vicerrectoría de Extensión y Difusión de la Cultura. Se ubica en el corazón del así llamado “Edificio Carolino”, que en el siglo XVI fue el Colegio del Espíritu Santo de la Compañía de Jesús, ubicado en el centro histórico sobre la avenida 4 sur 104. Su sala de lectura (conocida como “Sala Histórica”) tiene entrada por la avenida Juan de Palafox y Mendoza 407. Funciona de lunes a viernes de 9 a 17 horas.

    www.lafragua.buap.mx

      

    Mercedes Isabel Salomón Salazar

    Directora 

     

    Catalogación de impresos antiguos de la Biblioteca Lafragua

    Toda biblioteca de fondo antiguo debe afrontar el desafío de conformar el catálogo de los bienes culturales que resguarda. Más allá de las normas internacionales, en lo referente a los impresos antiguos el catálogo siempre evidencia la comprensión e implicación que una institución determinada tiene con su patrimonio bibliográfico y documental. En este sentido, los catálogos de impresos antiguos han evolucionado en función de las necesidades de control patrimonial, del desarrollo de las disciplinas asociadas al estudio del libro, y en los últimos años en función de la incorporación de herramientas tecnológicas.

    Un catálogo de impresos antiguos es una secuencia organizada de registros bibliográficos. Estos últimos “representan” e individualizan los ejemplares singulares, facilitando su localización. Pero, ¿qué es aquello que debe representarse en un registro bibliográfico? Como parte de los lineamientos institucionales, en los últimos años se ha buscado que los registros del catálogo de la Biblioteca Histórica José María Lafragua muestren, en la medida de lo posible, los valores textuales, editoriales, tipográficos e históricos asociados a los impresos antiguos, de tal forma que se facilite su reconocimiento y valoración patrimonial. En cuanto a la metodología, hay un principio básico que consiste en la correcta identificación del objeto que se tiene a la vista. Ningún registro bibliográfico se elabora sin tener el objeto material a la mano. Asimismo, nunca se da nada por sentado. Cada libro se coteja y compara con tantos libros y registros bibliográficos como sea necesario, tanto de la misma biblioteca como de otras instituciones.

    La Biblioteca Lafragua ha priorizado una catalogación con criterios temporales, favoreciendo con ello la descripción y uniformidad de los registros bibliográficos. Actualmente se ha catalogado todo el material referente al siglo XVI y se está concluyendo el siglo XVII. Hasta hace un par de años, la catalogación estaba orientada a la descripción exhaustiva de los ejemplares singulares. Desde hace un par de meses, a esta descripción se han incorporado elementos que permiten clarificar quiénes fueron sus “antiguos poseedores” y facilitar la reconstrucción de las bibliotecas novohispanas.

    Sobre esto último se le ha dado preferencia a las bibliotecas conventuales masculinas de la ciudad de Puebla, cuyos libros se incorporaron a la Biblioteca Lafragua a raíz de la supresión de las órdenes religiosas de 1859. Hasta febrero de 2018 se han catalogado 9,546 obras que formaron parte de las bibliotecas conventuales, de las cuales 3,272 formaron parte de la librería del convento de San Francisco; 1,284 de Santo Domingo; 1,125 de San Agustín; 994 de Nuestra Señora de la Merced, 1,208 de Nuestra Señora del Carmen; 1,293 de San Antonio; y 370 de Nuestra Señora de Belén.

    El catálogo de impresos antiguos de la Biblioteca Lafragua tiene una doble vertiente. Por una parte obedece a la necesidad del reconocimiento y salvaguarda del patrimonio bibliográfico, pero por otro lado aspira a fomentar la investigación histórica. Entre sus miles de registros bibliográficos, las descripciones muestran que los libros nunca se encontraron acumulando polvo en los estantes de las bibliotecas conventuales. Los libros se leían y se anotaban profusamente. Se movían a lo largo de la provincia de una orden religiosa determinada y pasaban por diversas manos; incluso, se expurgaban, intercambiaban o robaban.

    Ante la imposibilidad de conseguir alguna edición los libros se transcribían e incluso se traducían. En pocas palabras, los libros formaron parte de sociedades que constituían un mundo plural y en movimiento, con expresiones y continuidades a lo largo de su historia.

    Jonatan Moncayo Ramírez

    Jefe del Departamento de Catalogación

     

    Actividades de la Biblioteca

    Consciente del carácter histórico de su acervo, la Biblioteca Lafragua ha asumido el fundamento conceptual de “conocer para preservar y preservar para conocer”. A éste debe añadirse la consideración de la sutil pero importante diferencia entre conocer y dar a conocer sus colecciones. Asumiendo tal responsabilidad, una de las prioridades de la Biblioteca ha sido la de investigar su propio fondo con el objetivo adicional de difundir sus colecciones, tanto en el ámbito académico (centrado en la investigación especializada) como en el social (a través de la divulgación). De tal forma, cada proyecto y actividad desarrollados, o aquellos en los que participa de manera colaborativa, están concebidos con ese doble objetivo.

    Con esa visión se han emprendido, fomentado y acompañado diversas investigaciones centradas en sus materiales más emblemáticos, en el marco de un programa editorial. Esta colección, por ahora pequeña pero selecta, está conformada por ediciones facsimilares de los libros y manuscritos que se han seleccionado por su valor temático, gráfico, por su unicidad o su valor histórico. Por añadidura, como una extensión de dicho programa editorial, se está construyendo una colección de libros digitales, derivados de esas mismas ediciones impresas, para alcanzar mayor número de públicos especializados, de forma gratuita y desde cualquier parte del mundo.

    Los proyectos editoriales emprendidos han contribuido a plantear a su equipo de trabajo nuevas líneas de investigación que permitirán conocer mejor –es decir, con mayor puntualidad y profundidad– el contenido del acervo que la Biblioteca custodia. El reto planteado ha sido recibido responsablemente, considerado como un trabajo sustantivo y atendido de manera colectiva y multidisciplinaria, tal como el perfil profesional de sus integrantes lo permite y enriquece.

    Proyectos digitales

    Estampas de Bellas Artes

    El catálogo digital “Estampas de la Academia de Bellas Artes de Puebla. Modelos y ejemplos gráficos para la enseñanza del dibujo” (www.bellasartespuebla.buap.mx) se conformó recientemente con el propósito de ser una herramienta para investigadores, artistas y estudiosos de las técnicas de estampación. El sitio permite consultar in situ y de manera remota,  un nuevo corpus de documentos que pocas instituciones mexicanas conservan. Su puesta en marcha siguió a una ardua tarea de investigación, identificación, descripción y catalogación de la colección de estampas que, como su nombre lo dice, fueron usadas como modelos y ejemplos gráficos para la enseñanza del dibujo en dicha Academia durante el siglo XIX.

    Marcas de fuego 

    En ese mismo sentido, desde 2010 se emprendió un proyecto colaborativo que dio lugar al “Catálogo Colectivo de Marcas de Fuego” (www.marcasdefuego.buap.mx). Si bien la Biblioteca Lafragua y la Biblioteca Franciscana de la Universidad de las Américas Puebla, fueron sus instituciones fundadoras, se planteó desde su creación que fuera un sitio donde toda institución, nacional o extranjera, que custodie ejemplares con este tipo de testimonios de pertenencia, se sumaran al proyecto en aras de poder reconstruir los libros de muchas instituciones seglares, regulares y de particulares novohispanos. El Catálogo se ha constituido en un instrumento excepcional, pues superó a sus antecesores impresos al poner en relación la marca con el libro que la contiene. Este catálogo está en continuo crecimiento además de que de manera periódica se realizan actualizaciones, revisiones y correcciones.

    Así como la Biblioteca ha emprendido sus propios proyectos, se distingue por estar dispuesta a colaborar en otros que también estén enfocados en el conocimiento del libro antiguo. Tal es el caso de la participación en el “Catálogo Colectivo de Encuadernaciones Artísticas” (http://www.ccea.info) que encabeza el Dr. Antonio Carpallo Bautista de la Universidad Complutense de Madrid, a través del cual se realizan tareas de identificación y descripción de las encuadernaciones, históricas y modernas. Nuestra contribución enriquece el catálogo al dar cuenta de las encuadernaciones que se hicieron en nuestro país desde la época colonial, aunque también hay de manufactura europea, contribuyendo con ello a la proyección internacional del acervo patrimonial universitario y a la profundización del conocimiento de sus fondos y colecciones. El mismo objetivo fomentó la intervención de la Biblioteca en la conformación del proyecto interinstitucional “Primeros Libros de las Américas. Impresos Americanos y Peruanos del siglo XVI en las Bibliotecas del Mundo” (www.pla.org), que constituye una colección digital, a texto completo, de los primeros libros impresos en las Américas antes de 1601. Una de las propuestas de este programa es incluir todas las ediciones existentes de una misma obra, con miras a que se puedan hacer estudios y evidenciar las emisiones y estados, con tal de entender así los primeros procesos de manufactura en Nueva España.

    Respeto a la otra cara de la custodia de bienes culturales de carácter patrimonial, la Biblioteca ha comprendido lo útil que resultan las nuevas tecnologías en la difusión de su acervo sin perder de vista la oportunidad del fomento a la investigación y sin afectar su preservación. Fue así que surgió la colección “Lafragua Digital” (que se puede consultar en el sitio de la biblioteca www.lafragua.buap.mx), planteada como un espacio donde se transforma la palabra escrita en imagen digital ante la demanda de consultas virtuales cada vez más importante en la web y ante la necesidad de acceso traspasando las fronteras geográficas. La colección se compone de cuatro rubros: incunables; libros impresos del fondo antiguo; impresos mexicanos del siglo XVI y manuscritos.

    Como parte de las actividades de difusión, la Biblioteca también cuenta con un programa de conferencias magistrales y exposiciones temporales cuya curaduría en la gran mayoría de los casos corre a cargo de un especialista en el tema. Algunas de ellas, de acuerdo a la afluencia de visitantes que tiene, se seleccionan para formar parte de la sección de “Exposiciones virtuales”, que también se muestra en el sitio web. De esta manera se dan a conocer las obras contenidas en el acervo desde múltiples perspectivas: medicina, música, obras científicas, moda, animales fantásticos, libros prohibidos y censurados, marcas de fuego, navegación, encuadernaciones artísticas.

     

    Edgar Iván Mondragón Aguilera

             Coordinador de Proyectos 

     

     

    Boletín 428

    Enero-Febrero 2018   

     

     

     

     

    Asamblea del CMCH y premios a los mejores artículos y reseñas de 2015

    El 8 de diciembre de 2017 se celebró la Asamblea Ordinaria del Comité Mexicano de Ciencias Históricas. Al evento, que tuvo lugar en el auditorio del Centro de Estudios de Historia de México Carso, acudieron los delegados de las instituciones asociadas, entre ellos los integrantes de la Mesa Directiva que presentó su informe anual de actividades, así como las metas propuestas para el presente año. En voz del secretario, la Mesa Directiva comunicó también la postura del Comité sobre el nuevo dictamen de la Ley General de Archivos, recién aprobado por la Cámara de Senadores y en espera de su ratificación por la de Diputados. El comunicado completo puede consultarse en una sección de nuestra página web: http://cmch.colmex.mx/ley-general

    En esta Asamblea se renovó la Mesa Directiva que quedó integrada de la siguiente forma: presidente: Alfredo Ávila (Instituto de Investigaciones Históricas, Universidad Nacional Autónoma de México), secretario: Gabriel Torres Puga (Centro de Estudios Históricos, El Colegio de México), tesorera: Yovana Celaya Nández (Universidad Veracruzana), y los vocales respectivos de las siguientes instituciones: Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social, Dirección de Estudios Históricos del INAH, El Colegio de Michoacán, Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, Universidad Autónoma Metropolitana, campus Iztapalapa y Universidad Iberoamericana.

    Dictámenes de los artículos ganadores (publicados en 2015)

    Historia del arte y del patrimonio

     

    Mejor artículo:

    Gabriela Sánchez Reyes e Irene González Hernando, “De la virgen abridera de Felipe II a las abrideras de Indias: el descubrimiento de dos esculturas en México”, Boletín Monumentos Históricos, Tercera época, núm. 34, mayo-agosto de 2015, pp. 6-28.

    El artículo se caracteriza por ofrecer un panorama muy completo de todas las imágenes de este tipo a nivel mundial tanto de época medieval como moderna, de los estudios que se han realizado sobre las mismas, de los posibles talleres donde se crearon, de las diferentes explicaciones sobre el contexto social e histórico en el que se produjeron y los cambios que sufrieron a lo largo del tiempo en su concepción como imágenes de devoción y en las prácticas de su culto.

     

    Menciones honoríficas:

    Víctor M. González, “La exposición de Arte Popular o del surgimiento de la vanguardia, México, 1921”, Historias, núm. 90, enero-abril de 2015, pp. 59-79. 

    Noelia Ávila Delgado, “Patrimonialización del espacio urbano”, Ciudades. Análisis de la coyuntura, teoría e historia urbana, núm. 107, julio-septiembre de 2015, pp. 15-21.

     

    Mejor reseña: 

    Mario Enrique Fuente Cid, “Arqueología del conflicto. Un estudio pionero sobre la guerra de la Conquista”, sobre el libro de Angélica María Medrano Enríquez, Arqueología del conflicto, la guerra del Mixtón (1541-1542) visto a través del Peón de Nochistlán (Taberna, Librería Editores, Zacatecas, 2012), publicada en Cuicuilco, núm. 64, septiembre-diciembre del 2015, pp. 321-324.

     

    Historia social

     

    Mejor artículo: 

    Isabel M. Povea Moreno, “Coacción y disensión. Protestas frente a los repartimientos mineros en Perú y Nueva España, siglo XVIII”, Estudios de Historia Novohispana, núm. 53, julio-diciembre de 2015, pp. 1-17.

    El trabajo busca conocer las similitudes y diferencias respecto al repartimiento en los virreinatos de Perú y Nueva España. Expone las características particulares respecto a los contextos legales, redes comerciales y políticas, así como formas de explotación minera existentes y el trabajo forzado en cada región. A partir de ahí se establece que la coerción iba acompañada del desarrollo de estrategias de resistencia, negociación y disenso por parte de diversos actores, entre los cuales, los propios indígenas tuvieron un papel sin duda preponderante. Da cuenta cómo a pesar de las diferencias en cada región los sentimientos de abuso despertados entre los indígenas exigían el apego a la ley y a las costumbres, para lo cual se sirvieron de pronunciamientos y quejas, hasta alzamientos violentos.

     

    Mención honorífica: 

    Verónica Oikión Solano, "Cuca García: trazando el surco socialista a través de la educación", Signos Históricos, vol. XVII, núm. 34, julio-diciembre de 2015, pp. 42-77.

     

    Mejor reseña:

    Valeria Sánchez Michel sobre el libro de Jaime M. Pensado, Rebel Mexico. Student Unrest and Authoritarian Political Culture during the Long Sixties, Standford, Stanford University Press, 2013, 399 pp., publicada en Historia Mexicana, LXV:2, octubre-diciembre de 2015, pp. 950-958.

     

    Mención honorífica:

    Carlos Riojas López, sobre el libro de Gladys Lizama Silva, Llamarse Martínez Negrete. Familia, redes y economía en Guadalajara, México, Siglo XIX, Zamora, El Colegio de Michoacán, 2013, 394 pp., publicada en Relaciones. Estudios de historia y sociedad, núm. 143, verano de 2015, pp. 339-344.

     

    Historia económica

     

    Mejor artículo:

    Paolo Riguzzi y Francesco Gerali, “Los veneros del emperador. Impulso petrolero global, intereses y política del petróleo en México durante el segundo imperio, 1863-1867”, Historia Mexicana, LXV:2, octubre-diciembre de 2015, pp. 747-808.

    Este artículo destaca por la inteligente definición de un problema de estudio sobre el tardío desarrollo de la industria petrolera en México, que no ha sido una pregunta sustantiva en la historiografía económica mexicana. Al concentrarse en la incipiente experiencia petrolera de México durante el Segundo Imperio, los autores argumentan convincentemente sobre el error que implica minimizar dicho proceso debido a que permite dilucidar una diversidad de temáticas, como el grado de conocimiento por parte de la élite acerca de las posibilidades petroleras del país, las restricciones técnicas imperantes, la capacidad de capitalización de la industria, la naturaleza del marco legal que se configuró y la variedad heterogénea de los actores involucrados, todo lo cual es una aportación significativa al conocimiento sobre el desempeño económico de México durante la segunda mitad del siglo XIX.

     

    Mención honorífica:

    Margarita Suárez, “Sedas, rasos y damascos: Lima y el cierre del comercio triangular con México y Manila en la primera mitad del siglo XVII”, América Latina en la Historia Económica, año 22, núm. 2, mayo-agosto de 2015, pp. 101-134.

     

    Mejor reseña:

    Verónica Oikión Solano sobre el libro de Leonor Ludlow (coord.), El sustento económico de las revoluciones en México, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 2013, 244 pp. (Serie Historia General, núm. 29), publicado en América Latina en la Historia Económica. Revista de Investigación, vol. 22, núm. 2, mayo-agosto 2015, pp. 199-206.

     

    Historia cultural

     

    Mejor artículo:

    Jaime Echeverría García, “Entre la fertilidad agrícola y la generación humana: el rol fecundante del mono entre los antiguos nahuas”, Estudios de Cultura Náhuatl, núm. 50, julio-diciembre de 2015, pp. 207-259.

    Se trata de un artículo sobre un tema original: el rol fecundante del mono entre los antiguos nahuas. Si bien existen estudios previos sobre el mono, sus nexos con la fertilidad no habían sido analizados de manera detallada. En este trabajo el autor acude a numerosas fuentes —arqueológicas, históricas y etnográficas— para demostrar las connotaciones sexuales y de fertilidad del mono. La iconografía, los mitos y los ritos son analizados con sutileza, a la vez que el autor establece interesantes comparaciones con otros animales como el tlacuache, el perro y la lagartija en su demostración. También son muy  sugerentes las reflexiones sobre los nexos entre los dioses del pulque y el mono. Por otra parte, hace un estudio exhaustivo de los contextos y simbolismos en que se ubica la figura del mono, sin aislarlo de sus equivalentes en el universo prehispánico.

     

    Reseñas: Premio desierto. 

     

    Historia política

     

    Mejor artículo:

    Daniela Gleizer, “Gilberto Bosques y el Consulado de México en Marsella (1940-1942). La burocracia en tiempos de guerra”, Estudios de Historia Moderna y Contemporánea de México, vol. 49, enero-junio de 2015, pp. 54-76.

    La autora cuestiona el papel que la historiografía le ha asignado al cónsul Gilberto Bosques como el salvador de perseguidos políticos en la convulsa Europa de los años cuarenta. Su argumentación hace claro que la mitología que se ha creído en torno a este personaje carece de sustento archivístico. En cambio, muestra que el funcionamiento del consulado de Marsella durante momentos de extrema urgencia para los solicitantes de asilo dependía casi por completo de la voluntad política del gobierno mexicano. Esta voluntad, además, era negociable, y solo los solicitantes con amigos poderosos o con recursos financieros importantes podrían lograr el apoyo del gobierno. El texto deja claro que ninguna autoridad consular tomó medidas para agilizar los trámites de las visas que salvarían vidas de manera particular.

     

    Menciones honoríficas:

    Pablo Yankelevich: “Mexicanos por naturalización en la primera mitad del siglo XX. Un acercamiento cuantitativo”, Historia Mexicana, LXIV:4, abril-junio de 2015, pp. 1729-1805.

    Luis J. García Ruiz, “La territorialidad de la República de Indios de Orizaba. Entre la separación de los sujetos y la preponderancia española: 1740-1828”, Historia Mexicana, LXIV: 4, abril-junio de 2015, pp. 1415-1461.

     

    Mejores reseñas:

    Luis Aboites Aguilar sobre el libro de José Luis Moreno Vázquez, Despojo de agua en la cuenca del río Yaqui, Hermosillo, El Colegio de Sonora, 2014, 342 pp., publicada en Historia Mexicana, LXV:1, julio-septiembre de 2015, pp. 466-479.

    Roberto Breña sobre el libro de María Victoria Crespo, Del rey al presidente (Poder Ejecutivo, formación del Estado y soberanía en la Hispanoamérica revolucionaria, 1810-1826), México, El Colegio de México (Colección “Jornadas”, 162), 2013, 455 pp., publicada en Historia Mexicana, LXV:1, julio-septiembre de 2015, pp. 441-450.

     

    Historiografía y teoría de la historia

     

    Mejor artículo:

    Faustino Oncina Coves, “De la contracción a la dilatación del tiempo: tiempos menguantes y crecientes”, Historia y Grafía, núm. 44, enero-junio de 2015, pp. 89-114.

    Se trata de un trabajo que destaca por la originalidad y audacia de sus propuestas. Es un planteamiento reflexivo y crítico cuyo análisis de la historia conceptual, particularmente de la filosofía de Reinhart Koselleck, no se limita a un balance retrospectivo, sino que incursiona en la elaboración de alternativas novedosas. La temática se desarrolla a través de un aparato argumentativo complejo, denso y aun así sólido. Cabe destacar que el artículo demuestra un amplio y actualizado conocimiento del campo de especialización.

     

    Mención honorífica:

    Javier Fernández Sebastián, “¿Cómo clasificamos a la gente del pasado? Categorías sociales, clases e identidades anacrónicas”, Historia y Grafía, núm. 45, julio-diciembre de 2015, pp. 13-55.

     

    Mejor reseña:

    Larisa Medina Brener, “Comunidades emocionales: hacia la apertura de la historia de las emociones”, sobre el libro de Barbara H. Rosenwein, Emotional Communities in the Early Middle Ages, Nueva York, Cornell University Press/Ithaca & London, 2006, 228 pp., publicada en Historia y Grafía, núm. 45, julio-diciembre de 2015, pp. 203-213.

    Palabras en representación de los premiados

    En nombre de todos los premiados quiero agradecer al Comité Mexicano de Ciencias Históricas por los reconocimientos, a los miembros del jurado, que dedican parte de su ya escaso tiempo a leer y seleccionar los trabajos, y por supuesto a todos los presentes.   

    Al solicitarme que dirigiera unas palabras, me pidieron abordara el tema de la importancia de los artículos en revistas académicas.  

    Hubo una época en la cual nos informábamos leyendo principalmente los periódicos. Un editor, serio idealmente, escogía qué información publicaría e, idealmente también, corroboraba la fuente de la información. Había una ética del trabajo periodístico.

    En la actualidad, mucha gente se informa en redes sociales y blogs. A pesar de la democratización que ello implica con respecto a la información y al conocimiento, buena parte de la información no tiene sustento alguno. La información fluye cada vez más rápido, e inunda todos los espacios de nuestras vidas. Esta información refiere muchas veces a la historia, donde la capacidad y disposición para inventar es admirable.

    Las revistas académicas son, en este mundo tan volátil, una guía certera para orientarnos, para saber que encontraremos allí investigación de primer orden, avalada por pares y por directores y editores. Son la plataforma para la investigación seria, la investigación cuidadosa, original, documentada. Son la garantía de que existen espacios confiables. Y mantener esos espacios será cada vez más importante.

    Estamos en un momento muy delicado. Como parte de la comunidad académica nos enfrentamos no sólo a la información sin sustento de las redes, sino también a información falsa, y a la abierta desconfianza sobre la ciencia y sobre los hechos. Padres que deciden no vacunar a sus hijos, porque no creen en las vacunas, han revivido enfermedades contagiosas que ya estaban erradicadas, arriesgando las vidas de otros niños, sobre todo de los que son demasiado pequeños para ser vacunados. Presidentes que no “creen” en el cambio climático toman decisiones que no hacen más que agravar el problema, arriesgando la vida entera del planeta. En esta época de la “posverdad” lo que nos toca como académicos, y específicamente como historiadores, es insistir en la investigación académica seria, fundamentada, original, basada en evidencia. Esa es una labor que se va a volver cada vez más subversiva. Una forma de resistencia al descrédito hacia la ciencia será hacer lo que hacemos: investigación seria.

    Pero no sólo es la ciencia lo que está en juego: también la vida de los científicos y de los académicos en regímenes totalitarios, que desgraciadamente están de vuelta. Ahora mismo se está llevando a cabo el juicio a los académicos turcos que llevaron a cabo una petición por la paz en enero de 2016, después del fallido golpe de Estado. La petición, firmada por más de mil académicos, buscaba llamar la atención del público sobre los brutales actos de violencia perpetrados por el Estado en la regiones kurdas de Turquía. Después de haber sido perseguidos, han sido expulsados de sus centros de trabajo, se les han retirado sus pasaportes, y se les ha acusado de hacer propaganda respondiendo a los intereses de una organización terrorista. Nuestro papel como académicos que gozamos de libertad de expresión y libertad de investigación radica también, creo, en levantar nuestras voces para defender a aquellos que están siendo perseguidos por hacer lo que nosotros hacemos: investigar, y tener una posición crítica frente a los acontecimientos que vivimos.

    Muchos retos, sin duda, frente a los que tendremos que desarrollar nuevas estrategias, nuevas plataformas para dar a conocer nuestro trabajo, nuevos temas, nuevas redes.

    Por el momento, la satisfacción de saber que nuestro trabajo serio, dedicado, lento, y a veces frustrante, es la base para que el conocimiento siga su camino adelante, a pesar de los obstáculos que encuentre. Y, por supuesto, la satisfacción de ver que nuestro esfuerzo es reconocido.

     

    Daniela Gleizer Salzman

       Ganadora del premio al mejor artículo de 2015 en la categoría de “Historia política”

    Clara Elena Suárez Argüello (1944-2018)

    Nuestra compañera y amiga Clara Elena era antropóloga social, con estudios en la Universidad Iberoamericana, institución donde también conoció a su compañero de vida, al arquitecto Renato Perrusquilla. Participó en el Centro de Investigaciones Superiores del Instituto Nacional de Antropología e Historia (CIS-INAH), hoy Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS), en un proyecto sobre los “Españoles en México” (impulsado por Guillermo Bonfil) en un grupo en el que se estudiaban “minorías étnicas no- indígenas”, es decir, libaneses en México, estadounidenses en México, alemanes en México, entre otros grupos. El proyecto sobre los españoles lo dirigía un amigo del Dr. Ángel Palerm, el Dr. Michael Kenny, y participaban en él jóvenes antropólogas como Gloria Artís, Virginia García, Carmen Icazurriaga y Clara Elena.

    A raíz de ese proyecto que culminó en varias publicaciones, y observando la importancia del sector español en la industria del pan en México, algunas de las mismas investigadoras estudiaron con una mirada histórica ese ramo económico y Clara Elena estudió el abasto del trigo a la Ciudad de México en el siglo XVIII. A partir de entonces sus estudios de posgrado se concentraron en la historia y sus investigaciones en ese siglo.

    Clara Elena y su familia -Renato y sus dos hijos, Carlos Alberto y Ana Elena- tuvieron experiencias de vivir en distintos lugares, en Chiapas y en Guanajuato; pero fue después en la capital en el CIESAS donde ella desarrolló su trabajo académico.

    Sus visitas al archivo fueron múltiples, incluyendo el Archivo General de Indias en Sevilla. Con base en sus pesquisas documentales escribió numerosos trabajos sobre la economía del siglo XVIII. Por ejemplo, sobre el transporte, tema en el que incursionó con pasión escribiendo un clásico de la historia de la arriería en México.

    A partir de su interés por el transporte también estudió el tema de la minería y el transporte de la plata en la Nueva España. Publicó importantes fuentes históricas y con Brígida von Mentz paleografió las cartas diarias o semanarias que desde la importante empresa minera de Veta Grande se escribieron entre 1792 y 1806 a los accionistas residentes en la Ciudad de México.

    Sus artículos sobre la minería, sobre Alejandro de Humboldt (junto con David Navarrete), sobre los bancos de plata en el siglo XVIII son múltiples.

    A pesar de caídas, fracturas, operaciones y enfermedad, Clara Elena mantuvo un espíritu de trabajo infatigable. Acompañada por Renato, quien con impresionante paciencia y cariño la apoyó toda su vida y sobre todo en los últimos y difíciles años, siguió vinculada al trabajo académico.

    Falleció el 13 de enero de 2018. Hemos perdido a una importante historiadora del siglo XVIII y una muy querida amiga.

    Brígida von Mentz

    Ciesas, Ciudad de México

     

        

     

    Boletín 427

    Noviembre-Diciembre 2017   

     

     

     

    Ávaro Matute Aguirre (1943-2017)

    Álvaro Matute nació en la Ciudad de México el 19 de abril de 1943. Tras su paso por el plantel 5 de la Escuela Nacional Preparatoria ingresó a la Escuela Nacional de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México. Como él mismo lo hizo saber en una entrevista reciente,1 por aquellos años (1963-64) descubrió que su verdadera vocación se inclinaba hacia las humanidades, y precisamente hacia la historia, aun cuando su formación en ciencia política y sociología había sido fundamental. Como bien han señalado algunos de sus más cercanos alumnos, pocos universitarios han logrado una combinación tan equilibrada entre la docencia, la investigación, la difusión de la cultura y la participación institucional.2

    Del vasto conjunto de sus aportaciones al desarrollo de la disciplina histórica, destaca su producción historiográfica sobre la Revolución Mexicana, la historiografía moderna y contemporánea de México, la teoría de la historia, la política, la educación y la cultura en México. En medio de esta pluralidad de intereses, su obra siempre reflejó la impronta de sus grandes maestros. A lo largo de su vida, refrendó de múltiples formas la deuda contraída con el pensamiento de Edmundo O’Gorman. Sus antologías La teoría de la historia en México (1940-1973), El historicismo en México y Pensamiento historiográfico mexicano del siglo XX: la desintegración del positivismo (1911-1935), acompañadas de sus respectivos estudios introductorios, son referencias obligadas que invitan al ejercicio crítico y reflexivo del análisis historiográfico. La necesidad de cuestionar los fundamentos de la disciplina histórica y su utilidad en el ámbito social y cultural, fueron inquietudes centrales en su labor como docente, investigador y divulgador de la historia. A través del ejercicio sistemático y comprometido de estas tareas formó a muchas generaciones de historiadores. La Escuela Nacional Preparatoria, la Universidad Iberoamericana, la Escuela Normal del Colegio Mayorazgo, la Escuela Nacional de Antropología, la Universidad Nacional Autónoma de México y El Colegio de México son algunas de las instituciones que se beneficiaron de sus enseñanzas, pero la Facultad de Filosofía y Letras y el Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM fueron los espacios donde ejerció cotidianamente su profesión, de manera ininterrumpida, desde 1970 y hasta su último día.

    La voluminosa cantidad de libros, artículos, capítulos de libro y reseñas producto de su investigación desafía casi cualquier intento por ofrecer una selección acotada. Pese a ello, resulta imprescindible considerar, además de las obras ya señaladas, textos como Lorenzo Boturini y el pensamiento histórico de Vico (IIH-UNAM, 1976), La carrera del caudillo (Colmex, 1980), Historia de la Revolución mexicana, 1917-1924Las dificultades del nuevo Estado (Colmex, 1995), El Ateneo de México (FCE, 1999), Aproximaciones a la historiografía de la Revolución mexicana (IIH-UNAM, 2005) y Cuestiones de historiografía mexicana (FFyL-UNAM, 2014). Por lo que se refiere a sus capítulos y artículos, cabe mencionar “Del Ejército Constitucionalista al Ejército Nacional” (1977), “La visión de Edmundo O’Gorman del México nacional” (1978), “Obregón como político” (1981), “El fantasma de la intervención. Los Estados Unidos y México en 1919” (1993), “El elemento metahistórico. Propuesta para una lectura analítica de la historia” (1994), “La historia como ideología” (1997), “Historia y Literatura. Nexo y deslinde” (1998), “De los episodios nacionales a las telenovelas. Balance de la divulgación histórica” (2001), “Lo sublime: un recurso para creer en la historia” (2005, escrito con Evelia Trejo) y “De traidores y héroes. Variaciones sobre un tema de Verdi y Borges” (2016). Este muestrario, limitado como es, da amplia cuenta de la diversidad de temáticas y perspectivas involucradas en el pensamiento de Álvaro Matute. Revela, aunque sea de modo parcial, la fecunda interacción entre la reflexión sobre conceptos y problemas teóricos (la noción de ideología histórica o los fundamentos de la crítica historiográfica) y la explicación de acontecimientos y procesos sociales, intelectuales y políticos de enorme relevancia para la historia de nuestro país.

    La obra de Álvaro Matute nos ha permitido cultivar estas y otras muchas líneas de investigación, y seguirá haciéndolo en el futuro. El estudio de la filosofía de la historia, el ejercicio del análisis historiográfico o la constante reinterpretación de la política, la cultura y las instituciones mexicanas, no se clausuran ante su irremediable pérdida; antes bien, sus enseñanzas nos compelen a plantear nuevas preguntas acerca de estos temas; nos obligan a problematizar la manera en que accedemos al pasado y nos inspiran a imaginar formas vivas y sugerentes para transmitir el conocimiento que producimos. El ejemplo que nos deja, como investigador y maestro, nos ayuda a reivindicar la importancia social de las humanidades en general y de la historia en particular. Sus intereses intelectuales, sus preocupaciones y sus filiaciones filosóficas (sobre todo el historicismo que siempre profesó), lejos de morir con él, trascienden y se renuevan a través del ejercicio cotidiano y creativo del quehacer historiográfico. 

    Álvaro Matute recibió múltiples distinciones en virtud de su inquebrantable compromiso universitario y la calidad de su producción intelectual. Las más notables incluyen el Premio Nacional de Ciencias y Artes, el Premio Universidad Nacional en Investigación en Humanidades y el emeritazgo de la UNAM. A lo largo de su trayectoria académica participó en un sinnúmero de cuerpos colegiados, jurados, consejos editoriales y asociaciones de diversa índole. A través de estas labores, fundamentales para el desarrollo de las instituciones educativas, ratificó una y otra vez su vocación de servicio. Durante más de cuarenta años de ejercicio profesional, fue capaz de dialogar con alumnos y colegas, de promover por esta vía no sólo su propia producción académica, sino también la de muchos otros que hemos contraído con él una deuda igualmente entrañable y perenne.

     

    Rebeca Villalobos Álvarez

    Facultad de Filosofía y Letras

    Universidad Nacional Autónoma de México

     
     

    Referencias:
    1. Alexander Betancourt Mendieta, “Entrevista a Álvaro Matute Aguirre, profesor emérito, Universidad Nacional Autónoma de México”, en Historelo. Revista de Historia Regional y Local, Universidad Nacional de Colombia, vol. 7, núm. 13, enero-junio, 2015, pp. 362-374: http://www.redalyc.org/pdf/3458/345833486013.pdf.
    2. Leonardo Lomelí Vanegas, “Obituario a Álvaro Matute Aguirre”, en: http://www.h-mexico.unam.mx/node/20409, 2017.

    El Catálogo de protocolos del siglo XVI del Archivo General de Notarías

    Ivonne Mijares

    Instituto de Investigaciones Históricas, UNAM

     

    Desde marzo de 2011 los usuarios de la sala de consulta del Acervo Histórico del Archivo General de Notarías de la Ciudad de México tienen a su disposición un Banco de Información integrado por más de 27,500 fichas de contenido y cerca de 58,000 imágenes digitales que, en conjunto, permiten acceder a la información de 96 de los 98 libros que se conservan del siglo XVI. Más aún, desde mayo de 2014, una versión sin imágenes del mismo, puede ser consultada libremente mediante un portal en Internet.

    La construcción de esta herramienta de consulta constituye uno de los principales frutos conseguidos a lo largo de casi tres décadas de labor, del “Seminario de Documentación e Historia Novohispana”, del Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad Nacional Autónoma de México. La idea de contar con esta herramienta comenzó a gestarse allá por el año de 1987, cuando un grupo de alumnos de la maestría en Historia de la Facultad de Filosofía y Letras, a instancias de la Maestra Guadalupe Pérez San Vicente, comenzamos a acudir al Acervo de Notarías con el fin de realizar un trabajo para acreditar su materia. Deslumbrados por la riqueza de su documentación, y al mismo tiempo impactados por la inexistencia de índices o catálogos de consulta que permitieran localizar la información, decidimos constituirnos en un grupo de trabajo que, además de investigar estos documentos, contribuyera a la resolución de su problemática, mediante la construcción de un banco de información que permitiera acceder a su contenido e imagen digitalizada. La tarea parecía más urgente, dado el avanzado estado de deterioro de los protocolos más antiguos –tanto que casi dos terceras partes de los libros del siglo XVI ya no se prestaba a consulta.

    Con tal propósito comenzamos a explorar las posibilidades que en ese entonces empezaban abrir la informática y la tecnología moderna, para el manejo de la información documental. Y para asegurarnos de que las fichas de contenido del banco recogieran un extracto lo más completo posible de cada registro, antes de iniciar la transcripción paleográfica y catalogación del fondo, emprendimos un análisis diplomático de la documentación, para establecer criterios que permitieran recoger los datos de manera uniforme y completa. Dicho análisis se hizo mediante una cala de los documentos a trabajar y el estudio de formularios notariales, como el que publicó Nicolás de Yrolo Calar en 1605, obra que decidimos reeditar porque sus modelos y explicaciones sobre el significado de las cláusulas y variantes de cada tipo de negocio vendrían a dar cuenta del clausulado omitido dentro de los resúmenes (Nicolás de Yrolo Calar, La política de escrituras: estudio preliminar, índices, glosario y apéndices, México, UNAM, 1996). Con ello se establecieron no solo los lineamientos para extraer los datos empíricos de forma sistemática y homogénea, sino las bases para que nuestras fichas se constituyeran por sí mismas en una fuente de información confiable.

    El reconocimiento institucional del Seminario, primero por parte de la Facultad de Filosofía y Letras y más adelante por el Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM, posibilitó el desarrollo formal de nuestro trabajo dentro del Archivo y nos permitió conseguir recursos para avanzar en su consecución. Así entre 1995 y 2003 se implementaron diferentes proyectos para obtener financiamiento tanto del CONACYT como de la propia Universidad; suscribimos distintos convenios para contar con asesoría institucional en los aspectos de conservación documental, cómputo y digitalización de imágenes; y se capacitó a más de medio centenar de alumnos de licenciatura y posgrado en materia de paleografía y diplomática notarial. Todos ellos participaron en estos proyectos con el fin de obtener asesoría y material inédito para sus tesis, completar su formación o cumplir con un servicio social. Lo anterior permitió crear una base de datos con la información de cerca de 50,000 escrituras coloniales, 20,000 catalogadas por el Seminario y 30,000 procedentes del trabajo de catalogación realizado a principio de la década de 1980, por el Instituto de Estudios y Documentos Históricos A.C. de la Universidad del Claustro de Sor Juana, cuyos resultados permanecían inéditos y sin poderse consultar, contenidos en más de 50 cajas de fichas manuscritas, que el Seminario se encargó de capturar y editar.

    En cuanto al aspecto de la digitalización documental, con la ayuda de expertos en la materia, pudimos implementar un proceso de calidad, bajo estrictas normas de seguridad para los documentos originales, cuyo funcionamiento comprobamos en un pequeño laboratorio que debimos instalar en el Archivo General de la Nación, durante estos años nunca obtuvimos el permiso de las autoridades del Archivo de Notarías para aplicar este proceso; esto aunado a su desinterés y la falta de apoyo, nos llevó suspender nuestra labor en el Archivo y a conformarnos con difundir los resultados logrados mediante la publicación de diferentes discos compactos.

    Afortunadamente a principios de octubre de 2008, cuando ya habíamos abandonado toda esperanza de completar la construcción del banco, una nueva administración y del Gobierno del Distrito Federal, compuesta de funcionarios más conscientes y sensibles hacia la problemática del Archivo, nos invitó a regresar al Acervo y junto con el Colegio de Notarios de la Ciudad de México, nos otorgaron las facilidades y el financiamiento para terminar de construir un banco con la información del siglo XVI; el único problema era que el proyecto debía iniciar de inmediato y concluir a muy corto plazo. No fue fácil, pero para diciembre de ese año habíamos integrado un equipo de trabajo de casi 30 personas bien capacitadas, divididas en cuatro áreas: la de Conservación que dio mantenimiento a los originales y los preparó para su digitalización; la de Digitalización encargada de la captura de imágenes; la de Catalogación responsable de completar la descripción de la documentación que faltaba, y otra de Integración, abocada tanto a la liga de las fichas de contenido con las imágenes correspondientes, como a la revisión y corrección de la información. El banco quedó integrado por 27,511 fichas que permiten acceder al contenido de otros tantos documentos del siglo XVI, de los cuales una tercera parte ya había sido catalogada por nuestro Seminario, otro tanto provino del trabajo de la Universidad del Claustro y la parte restante fue procesada con este proyecto.

    Por lo que se refiere a las imágenes, solo dos legajos completos y algunos cuadernillos aislados, que aproximadamente corresponden al 2% del total de la documentación que se conserva de este siglo, no pudieron ser ni digitalizados ni catalogados por su avanzado estado de deterioro.

     

     

     

    La catalogación del Acervo Histórico del Archivo General de Notarías de la Ciudad de México

    María Cristina Soriano Valdez

    Coordinadora de catalogación

     

    El Acervo Histórico del Archivo General de Notarías de la Ciudad de México es hoy en día uno de los repositorios documentales notariales más importantes en su tipo a nivel nacional e internacional. En él se resguardan documentos que representan una fuente imprescindible para la historia de nuestro país en general, y de manera particular, de la Ciudad de México y sus habitantes. Es por ello que a este recinto acuden investigadores tanto nacionales como extranjeros a consultar sus fondos, conformados por cerca de 29 mil volúmenes que abarcan cinco siglos de historia.

    La descripción documental es una de las tareas fundamentales de un archivo junto con la ordenación y la difusión, por ello es necesario concebirla como una de las labores cotidianas que deben desempeñarse en él y a la que debe dársele prioridad, según las normas nacionales e internacionales.

    Sin embargo, desde su creación, el archivo notarial había carecido de un programa de catalogación permanente; los instrumentos de consulta elaborados desde entonces habían tenido su origen en proyectos externos encabezados por entidades como el Instituto de Estudios y Documentos Históricos A.C. de la Universidad del Claustro de Sor Juana Inés de la Cruz; El Colegio de México, y el Instituto de Investigaciones Históricas (IIH) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

    Gracias a la suma de diversas voluntades, fue posible el traslado del Acervo Histórico al ex-convento de Corpus Christi, restaurado para tal fin, y a la par, el inicio del Proyecto de catalogación automatizada del Acervo Histórico del Archivo General de Notarías, que comenzó a operar a partir del mes de junio de 2004, dirigido por la Biblioteca del Museo Nacional de Antropología e Historia, con la asesoría de distintos especialistas en la materia, y la colaboración de diversas instituciones académicas.

    La Dirección General Jurídica y de Estudios Legislativos del Gobierno de la Ciudad de México y el Colegio de Notarios del Distrito Federal, mediante la Asociación Amigos del Acervo Histórico del Archivo de Notarías A. C., suscribieron un convenio de colaboración que permitió el traslado del Archivo Histórico a su nueva sede, y la implementación de los trabajos de descripción documental de manera permanente.

    El proyecto consistió en la elaboración de un catálogo electrónico que describiera las escrituras notariales, en primera instancia del Fondo Antiguo (siglos XVII-XIX), con información pertinente para el público que visita el acervo, entre los que se cuentan investigadores de diversas áreas, autoridades judiciales, administrativas y particulares. La organización, planteamiento y puesta en marcha de los trabajos de catalogación han pasado por diversas etapas, cambios y pausas que han hecho variar los resultados obtenidos a lo largo de los 13 años que ha subsistido este proyecto. Actualmente el catálogo está basado en la Norma Internacional General de Descripción Archivística conocida como ISAD G. La información contenida en la ficha catalográfica incluye Área de identificación (archivo, fondo, sección, serie, subserie, título, fecha, nivel de descripción, volumen y soporte); Área de contexto (nombre del productor, resumen); Área de acceso y utilización (lengua, características físicas), y Área de notas (observaciones).

    El resultado de estos trabajos al mes de junio de 2017 ha sido la catalogación y puesta a consulta de 265 notarías de las 750 que conforman la Sección Escribanos del Fondo Antiguo (siglos XVII-XX), esto es 474 volúmenes; la Sección Hacienda (siglo XIX) en su totalidad con 54 volúmenes y la Sección Juzgados de primera instancia (siglos XVII-XX) también en su totalidad con 82 volúmenes.

    Por otro lado, de 2008 a 2010 fueron catalogados y digitalizados los protocolos del siglo XVI que forman parte del Fondo Reservado, muchos de los cuales se encuentran afectados por diversas problemáticas en su conservación, razón por la cual su consulta es restringida. A través de un convenio suscrito por el Colegio de Notarios y el Gobierno de la Ciudad de México, con el Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM, fue posible la estabilización, catalogación y digitalización de 96 de los 98 volúmenes que conforman este fondo.

    El resultado son más de 57,000 imágenes y alrededor de 27,500 fichas catalográficas que completaron la catalogación de estos volúmenes iniciada con anterioridad por el Claustro de Sor Juana y el Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM. El catálogo se encuentra disponible tanto en el Acervo como en línea, en la página web del IIH, sitio donde únicamente se puede acceder a la ficha catalográfica, pues las imágenes solo pueden ser consultadas en la sede del archivo.

    Es cierto que en ocasiones las cifras no dicen mucho, pues no representan el esfuerzo que ha implicado alcanzarlas, y en este caso, tampoco la riqueza de información derivada de este proceso de catalogación, a la que se le ha podido dar diversos usos: consulta a usuarios, elaboración de tesis, artículos y libros; exposiciones, publicaciones generadas por el Colegio de Notarios, difusión en los medios de comunicación, ponencias, etcétera.

    Sería imposible mostrar en unas cuantas palabras la riqueza e importancia de la documentación notarial, la cual aporta información sobre diversas áreas del conocimiento como la economía, la religión, el arte, la ciencia, el comercio, las leyes, las instituciones, la vida cotidiana y otros temas de interés. Ante el escribano y notario han pasado desde el más humilde ciudadano, hasta aquellos hombres y mujeres que con sus acciones han influido en la historia de México: personajes como Hernán Cortés, sor Juana Inés de la Cruz, Carlos de Sigüenza y Góngora, Miguel Hidalgo y Costilla, Leona Vicario, Benito Juárez, Porfirio Díaz, Francisco Villa, José Vasconcelos, entre muchos otros, han dejado testimonio de su vida pública y privada en los documentos notariales. También los procesos de formación de la Ciudad de México en los ámbitos urbano y económico han quedado plasmados en los protocolos: la construcción de edificios gubernamentales, privados y religiosos; el desarrollo de los servicios públicos como la limpieza, el alumbrado, el desagüe y provisión de agua; además de la formación gradual de colonias, la apertura de calles, el nacimiento de nuevas instituciones públicas y compañías con capitales nacionales y extranjeros.

    El arte también se ve reflejado, por ejemplo en los contratos para la factura de retablos, así como en los numerosos inventarios en los que se consignan objetos artísticos. Y la vida cotidiana de la sociedad novohispana también tiene cabida en estos documentos, pues a través de ellos podemos tener conocimiento de las creencias religiosas de los otorgantes, los eventos festivos y diversiones públicas; las problemáticas sociales como la delincuencia, la pobreza, la orfandad, el adulterio, la corrupción, las enfermedades o la guerra, etcétera.

    Catálogo:  http://cpagncmxvi.historicas.unam.mx/

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                   

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                              

      

    Boletín 426

    Septiembre-Octubre 2017

     

     

    Bernardo García Martínez (1946-2017)

    Bernardo García Martínez nació en 1946 en la Ciudad de México. Desde su infancia el espacio lo cautivó. De pequeño disfrutaba ver las filas de tranvías que se perfilaban en la estación “Indianilla”, muy cerca de su casa en la colonia Doctores, para ingresar a aquel centro que impulsaba la movilidad en la zona. Paseaba por los parques y no pocas veces llegaba al monumento a Hidalgo, en la Ciudadela, para trepar los cañones y desde esa perspectiva contemplar su entorno.

    Los fines de semana salía de la Ciudad de México, pues su padre era un apasionado de las ruinas arqueológicas, por lo que los domingos, al regresar por la carretera de Texcoco, Bernardo apresuraba a su padre para alcanzar a la máquina de vapor. Era un niño entusiasmado con la idea de ver los vagones pasar y, con suerte, recibir un saludo por parte del maquinista. Desde entonces su gusto por los espacios, el territorio y las carreteras.

    Fue un estudiante ejemplar. Su paso por el Centro de Estudios Históricos de El Colegio de México permanece en el recuerdo de sus maestros y compañeros, quienes se asombraban por sus trabajos perfectamente mecanografiados, con notas hechas a mano en tinta china, acompañados de mapas y cuadros que ninguna impresora moderna podría superar. La presentación prolija estaba en sintonía con el contenido. Siempre brillante, siempre propositivo, así era Bernardo García Martínez.

    El Centro de Estudios Históricos lo incorporó inmediatamente a su planta docente. Desde 1968 comenzó a formar a decenas de generaciones. Siempre crítico, siempre exigente, pero todo el tiempo generoso. Su pasión por el espacio y por las instituciones político-sociales lo llevó a publicar significativas aportaciones como lo son El Marquesado del Valle (1969), Los pueblos de la Sierra (1987), así como Los pueblos de indios y las comunidades (1991). Cultivó también con gran rigor los campos de la geografía histórica y la historia ambiental, de lo que hay muestra en las obras El desarrollo regional y la organización del espacio, siglos XVI al XX (2004), Las regiones de México (2008) y Estudios sobre historia y ambiente en América (2002 y 2009).

    A su bibliografía se deben agregar cientos de trabajos en forma de artículos, capítulos de libro y magníficas reseñas. Dirigió la revista Historia Mexicana entre 1974 y 1982 y participó activamente en cuerpos académicos y colegiados. Su destacada trayectoria lo llevó a merecer el Premio “Antonio García Cubas” (2008); el “Silvio Zavala” (1988), los premios a la mejor reseña (1997) y al mejor artículo sobre historia colonial (1995) otorgados por el Comité Mexicano de Ciencias Históricas; asimismo fue ganador del concurso “Proyectos de gran aliento” del Instituto Panamericano de Geografía e Historia (1995).

    Ingresó a la Academia Mexicana de la Historia, Correspondiente de la Real de Madrid, en 1999. Ocupó con gran dignidad el sitial 19. Su discurso de ingreso llevó por título “La naturaleza política y corporativa de los pueblos de indios”. En su agradecimiento, Bernardo García dijo orondo que era “bueno saber que uno no ha andado el camino solo”, se sentía dichoso de ingresar al claustro en el que estaban presentes sus grandes maestros, como Silvio Zavala y Josefina Z. Vázquez, así como sus queridos compañeros de estudio, como Andrés Lira González.

    Sus alumnos lo recordaremos siempre con gran cariño, pues el rigor y la exigencia no son enemigos de la calidez y la generosidad. Sus colegas extrañaremos su presencia, sus amenas charlas, muchas de ellas grandes cátedras. Sus amigos aprenderemos a vivir con la ausencia que nos deja y en el recuerdo permanecerá su gran sabiduría. A su familia sólo podemos desearle consuelo y resignación. Nos heredó un gran ejemplo de fortaleza y su legado historiográfico lo mantendrá por siempre entre nosotros. Pocas veces uno tiene la fortuna de conocer a personas tan brillantes y tan humanas.

    Sabemos que ya recorres otros caminos, que descubres nuevos espacios y que tampoco lo haces solo, ahora te reencuentras con tus grandes amores. Descansa en paz, querido Bernardo.

    Academia Mexicana de la Historia

    4 de septiembre de 2017

    El legado de un maestro

    América Molina del Villar

    Ciesas Ciudad de México

    Al igual que la muerte de los padres, da un gran pesar perder a un maestro por el legado que nos deja. En 1992 Bernardo García Martínez nos impartió el Seminario de Geografía Histórica en El Colegio de México. A lo largo de dos años en nuestro querido Colegio y luego en la Universidad Iberoamericana fuimos siguiendo al profesor, en donde discutíamos y entregábamos avances de nuestras tesis. Desde entonces estaba en mi cabeza estudiar la epidemia de matlazahuatl de 1736-1739, que había provocado graves estragos en la población novohispana. Cuando aceptó dirigirme la tesis me dijo: “hay que meterle el diente a la primera mitad del siglo XVIII”. El estudio de la epidemia desde un enfoque general y social mostró una serie de problemas que Bernardo había visto y analizado en su magnífico libro, Los pueblos de la Sierra norte de Puebla, que refería a las desbandadas y “huidas erráticas” de la población de los pueblos en momentos de crisis y epidemias, tema que ya había sido estudiado por Nancy Farriss en la sociedad maya colonial.

    Los pueblos de la Sierra, que se convirtió en una especie de Biblia para mí y muchos de nosotros, concluye en 1700, por lo que continuar con esta problemática a la luz del matlazahuatl era alentador. En su seminario presenté los primeros indicios documentales sobre conflictos entre gobernadores y tributarios, pérdidas de tierras, abusos de autoridades locales, todos estos problemas agudizados a raíz del impacto demográfico de la epidemia. Otro gran aporte de su seminario fue el análisis espacial, el diseño de mapas para ir describiendo y analizando las rutas de diseminación del matlazahuatl: desde Tacuba en 1736 hasta el septentrión novohispano dos años después. Sin duda, el enfoque espacial y el gran conocimiento del profesor García Martínez sobre la geografía del país fue fundamental para replantear el estudio de esta epidemia desde un enfoque geográfico y espacial.

    Eran los meses de un invierno de 1997, cuando me dijo “vuelva al archivo, consulte los registros de entierros, indague en la lana (hace frío), en las rutas comerciales y busque a Elsa Malvido”, otra querida maestra a quien hace unos años también perdimos. Lo anterior porque esta epidemia mantenía características muy semejantes a la peste, cuya diseminación en Europa fue a través de las rutas de comercio de la lana. Ya estaba editado el magnífico estudio de Miguel Ángel Cuenya sobre el impacto de esta misma epidemia en Puebla. El estudio de la propagación de la epidemia se hizo a partir del juego y cruce de varias variables: el clima, la altitud, la geografía y la población.

    En el seminario de Geografía Histórica, Bernardo diseñó el plano en donde dibujó círculos concéntricos que representaban los meses, en donde se fueron ubicando los lugares y fechas de aparición de la epidemia. Al respecto, comentó: “este mapa es como el radar de un avión, ya que las localidades están situadas en un plano temporal con respecto a Tacuba, primera localidad afectada por el matlazahuatl. Recuerdo muy bien cuando me comentó: “el capítulo III sobre la propagación de la epidemia es el plato fuerte de la tesis”.

    Los conocimientos de mi profesor en el aula y la lectura de sus espléndidos estudios inspiraron otros trabajos míos: analizar los ritmos de crecimiento demográfico de los pueblos, los patrones de asentamiento, las características de la población asentada en las haciendas analizando padrones y registros parroquiales. En años recientes me he alejado un poco de los temas coloniales, pero su ejemplo y sabiduría persisten en mi obsesión por ir al archivo, la manera en cómo consulto y cito documentos, mi afán de elaborar índices analíticos.

    Me duele mucho su partida, su sufrimiento en los últimos meses. Es una gran pérdida para la historiografía mexicana, para sus alumnos y colegas. Al mismo tiempo me siento muy privilegiada de haber sido su alumna.

     

    Archivo General de Notarías

     Las guías de protocolos. Un proyecto cincuentenario.

     

    Josefina Zoraida Vázquez

    CEH, El Colegio de México

     

    Robert Potash recuerda en su libro Looking Back, My First Eighty Years, A Mostly Professional Memoir, publicado en 2008, que durante largo tiempo venía contempló la forma de facilitar la consulta del Archivo General de Notarías de la Ciudad de México. Al utilizarlo para su estudio sobre el Banco de Avío, tropezó con que su organización cronológica, bajo el nombre de los notarios, dificultaba la consulta de ese riquísimo arsenal para muchas y variadas ramas de la historia.  En 1978, después de una larga y complicada investigación, entregó el primer tomo de su estudio sobre El Ejército y la Política en Argentina, 1945-1962 y se encontró con tiempo suficiente para el proyecto. Empezaban a utilizarse las computadoras (todavía de cintas) y se le ocurrió consultar con el director del Centro de Cómputo de la Universidad de Massachussetts en Amherst sobre las posibilidades que ofrecían modernas y sofisticadas formas de recuperar información. El director le explicó que podía crearse un programa para capturar y que sería fácil ordenarlos en una Guía, de manera que lo primero era decidir qué datos se iban a registrar.

    Ese mismo año, al encontrarnos en la reunión anual de la American Historical Association (AHA) en la que generalmente nos veíamos, me lo mencionó todavía vagamente. Él siguió cavilando sobre el asunto y en unas vacaciones en Guatemala pudo visitar el archivo de Protocolos, y se dio cuenta que seguía la misma organización del mexicano. Esto lo convenció de que una Guía Computarizada del archivo de Notarías de la Ciudad de México podría serviría de modelo para ordenar todos los archivos de Hispanoamérica.

    En junio de 1979, Potash se reunió conmigo y con Roberto Moreno, entonces director del Instituto de Investigaciones Históricas, para plantearnos el proyecto, aunque la proposición formal me la hizo en diciembre, en la reunión de la AHA. Quedamos de reunirnos en enero en El Colegio con Roberto Moreno y Jan Bazant, que había consultado el archivo. Ahí se convino que, como directora del Centro de Estudios Históricos de El Colegio de México, yo me haría cargo de contratar a los auxiliares que trabajarían en el proyecto. En esa reunión nos presentó el primer borrador de la cédula que utilizarían los ayudantes para buscar los datos pertinentes y elegimos los años de 1829, 1847 y 1875. A mí me pareció que debíamos elegir años conflictivos y sugerí los dos primeros y 1857, que nos permitiría ver el impacto de la ley de desamortización, pero Moreno se empeñó en que el tercero fuera 1875, después de la legislación que regía el Archivo.  

    Para entonces, el empeño y entusiasmo del Dr. Potash había logrado que la Tinker Foundation le otorgara 36 000 dólares para el proyecto y que dos amigos de la Organización de Estados Americanos (OEA) le concedieran 15, 000 dólares como complemento. Con esos elementos se echó a caminar el proyecto, en el que El Colegio se hizo cargo de gastos menores, de la administración de los fondos y de la vigilancia del trabajo. Éste inició una vez que logré encontrar candidatos para iniciar las tareas. Bob mismo siguió redondeando el proyecto y redactó la ponencia “Los archivos notariales: Cómo revelar sus tesoros escondidos”, que presentó en el Segundo Congreso Mexicano de Historia Legal organizado por Guillermo Margadant en 1981.

    Debido a que mi gestión como directora terminaba a principios de 1982 y me habían otorgado una beca Guggenheim para investigar en archivos del extranjero, le pedí a Pilar Gonzalbo que se hiciera cargo del proyecto en mi ausencia, y aunque posteriormente lo retomé, ella pasó a ser el alma del proyecto, pues se volcó con entusiasmo y constancia y a ella se debe su constante mejoramiento.

    El IIH dejó de colaborar y Jan Bazant, que era un investigador solitario, nunca participó. El Centro de Cómputo del Colegio, entonces bajo la jefatura de Rosa María Rubalcaba, como después lo harían sus sucesores, nos auxilió en todo lo que se requería, pero los años modelo los procesó y publicó el Computing Center de la Universidad de Massachusetts, en aquellas maquinotas de entonces, que Rosa María y yo conocimos durante nuestra visita en 1985. Lo malo es que cuando se decidió convertir las Guías impresas en CD hubo necesidad de recapturar la información, pues ya las computadoras no podían procesar las cintas. Esto fue la oportunidad para enriquecer la información, puesto que la experiencia misma había permitido mejorar las cédulas con datos importantes que antes se habían pasado por alto.

    Entre 1981 y 1985 el Dr. Potash nos visitó a menudo para estar al pendiente del proyecto que había diseñado. Para entonces, la Guía había mostrado con creces la riqueza de datos que podía utilizarse en historia política, económica, social, del arte, del ejército, de la mujer, etc. por lo que, entusiasmada, busqué el apoyo del Colegio para continuarla. Como estaba inmersa en el estudio del periodo de la República Centralista (1835-1846), decidí ampliar el proyecto a esa época y le presenté el proyecto a don Víctor Urquidi de llevarlo hasta 1970 para ver si se sostenían las conclusiones del libro de Bazant.  Mario Ojeda y sus sucesores mantuvieron el apoyo institucional desde entonces y el proyecto fructificó primero en las guías publicadas, después en CDs, y ahora en la puesta de la información en línea para el uso de los interesados.  

    El proyecto contó con el auxilio valioso de Estela Villalba, que coordinó a los auxiliares, hasta su muerte. Lucila López de la Vega, que ha quedado a cargo, entró también desde el principio y es la memoria de todas las etapas, por lo que ha sido una gran suerte contar con ella. Han colaborado también muchos auxiliares, entre ellos algunos doctorandos lo que impide mencionarlos a todos; en cambio hay que subrayar que Pilar Gonzalbo ha sido el alma del proyecto desde 1982 y que gracias a la institución hemos puesto el archivo al servicio de todos los historiadores.

    Me siento contenta con darle la noticia de esta nueva a Bob Potash, autor del proyecto. Si hubiera tenido por entonces el conocimiento que he logrado de la primera mitad del XIX, hubiera iniciado en 1804, año en que se aplicó la Convalidación de Vales Reales que tantos problemas sociales y económicos generó en Nueva España y que alimentó el descontento que precedió a la lucha por la autonomía y después por la independencia. Espero que alguien interesado pueda llevarlo de 1804 a 1870, lo que sería fundamental para saber qué pasó realmente con los bienes de la Iglesia. De todas maneras, no cabe duda que lo hecho cumplió el intento de Potash y que, al proseguirlo, El Colegio ha enriquecido la contribución a la investigación, facilitando la consulta del rico arsenal que ofrece el Archivo de Notarías de la Ciudad de México.

    Un proyecto de protocolos para el Archivo General de Notarías

    María Lucila López de la Vega

    Investigadora de proyecto, El Colegio de México

     

     

    El proyecto Guías de protocolos del Archivo General de Notarías de la Ciudad de México inició a fines de la década de 1970 por iniciativa de los doctores Robert Potash, de la Universidad de Amherst, Massachusetts, y Josefina Z. Vázquez y Jan Bazant, del Centro de Estudios Históricos de El Colegio de México. En los primeros años se realizó la captura de escrituras notariales de tres momentos diferentes del siglo XIX. El resultado fue la publicación de las guías impresas de 1829, 1847 y 1875. La primera, como prueba piloto, tuvo errores tan numerosos que años más tarde se volvió a capturar y editar. La de 1847 sirvió de base para las adaptaciones al programa que se hicieron en la siguiente etapa. Ambas han quedado incorporadas a la base de datos actualmente disponible, que abarca los años de 1819 a 1860.

    A partir de 1984, inclusive ya desligados del proyecto los doctores Potash y Bazant, la Dra. Josefina Z. Vázquez asumió la responsabilidad de continuarlo, para lo cual contó con el respaldo del Centro de Estudios Históricos, que durante los últimos 33 años lo ha mantenido. La Dra. Pilar Gonzalbo Aizpuru, como coordinadora del mismo, contó en un principio con la adaptación del diseño que realizó Isabel García Hidalgo y que aplicó durante varios años María Luisa Pérez Valdespino. La maestra Estela Villalba dirigió hasta 1999 el trabajo en el archivo, con la colaboración de Lucila López de la Vega, actual responsable del trabajo de archivo.

    El programa fue diseñado como un instrumento de consulta destinado a los investigadores que tropezaban con la carencia de instrumentos eficientes de exposición de los contenidos del acervo, que no cuenta con índices detallados de la valiosa información contenida en los antiguos libros de escribanos y notarios. Acorde con los avances de los recursos electrónicos, el proyecto se ha adaptado a los cambios tecnológicos, desde los grandes aparatos con cintas y accesos compartidos por varios usuarios hasta los equipos personales, las computadoras de escritorio, las portátiles y el acceso directo a las redes.

    Nuestro trabajo no es un catálogo, ni tampoco se ha limitado a la construcción de una guía que proporcione nombres y fechas. Si bien conservan el nombre de guías, sólo lo son en un sentido muy general, puesto que contienen, en forma de índices, información completa que se puede entrecruzar para relacionar diversas referencias en una misma base de datos. La finalidad es ofrecer a los usuarios y lectores orientación acerca del tipo de escritura, la nacionalidad de los participantes, el monto de las transacciones o bienes en cuestión, el detalle de las operaciones, así como las anotaciones especiales que se encuentran al margen y final de cada instrumento.

    Durante la primera época de estos 36 años de arduo y sostenido trabajo, se publicaron 33 guías impresas de protocolos del siglo XIX, que han permitido a muchos investigadores encontrar cómodamente la información que tanto habían buscado. A lo largo de los años los sucesivos directores de nuestro Centro de Estudios Históricos y la presidencia de El Colegio de México nos han brindado un apoyo que ha superado cualquier expectativa.

    Después de publicar los primeros 24 volúmenes que sistematizaban igual número de años y gracias al avance de la tecnología, en el 2000 se editó un CD que contiene la recopilación de datos de 22 años (1836-1857).  Para ello se contó con la colaboración de técnicos especializados, que trataron de corregir errores inevitables que aparecían en los volúmenes publicados, sumado a que esta edición permitía a los usuarios desplegar datos que no aparecían en las guías publicadas. Esta publicación solo fue posible gracias a los apoyos de El Colegio de México y del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, más las aportaciones personales, en gastos imprescindibles que el etiquetado del presupuesto no permitía.

    Nuestra inquietud y el compromiso con nuestro trabajo se refrendaron al ser conscientes de que el Archivo resguarda documentos difícilmente localizables y de gran valor para la historia de México. Así, puedo decir que el final no está ni cerca. Sin duda puede ser conocida, o al menos imaginada, la riqueza de información contenida en los protocolos notariales. Gracias a ella podemos acercarnos a la vida cotidiana de las personas que acudían a los escribanos. En sus documentos encontramos, entre otras muchas cosas, su origen, sus negocios, sus riquezas, sus debilidades, sus relaciones personales, comerciales e institucionales, etcétera.

     

    Dificultades y características técnicas

     

    Si bien en un primer momento todo marchó de maravilla, las sucesivas migraciones de un programa a otro ocasionaron pérdidas y errores en la información, que, poco a poco, pudimos ir localizando y corrigiendo. En un momento (hace menos de un año) pudimos detectar que la nueva sistematización de los datos había provocado fallas en más de un millar de entradas que, por alguna extraña razón tecnológica, marcaban error. Así nuestro trabajo nos impuso un nuevo reto: limpiar al máximo los defectos y carencias de información que esperamos remediar tan pronto como sea posible. Simultáneamente, para nuestra satisfacción, hemos ampliado la base, que actualmente ofrece los protocolos desde 1819 hasta 1860, lo que suma un total de 43 años notariales.

     Como podrán imaginar, si la curva tecnológica nos rebasó, también lo hicieron la información del archivo y los distintos cambios de domicilio de nuestros “papeles” (jerga común que adoptamos todos aquellos que sentimos algo especial por un documento histórico). Cuando comencé a trabajar, en 1981 el Archivo residía en el ex-convento/colegio de la Antigua Enseñanza, y, después, en la década de los 90 se trasladaría a su nueva residencia de la Candelaria de los Patos, donde tuvimos dos diferentes espacios. Tras una breve interrupción durante el traslado de la documentación, llegamos a su sede actual en el ex–convento de Corpus Christi, frente a la Alameda. Por esos motivos, el proyecto se fue adaptando a las necesidades de los documentos por lo que las columnas de información se ampliaron hasta llegar a las categorizaciones con resumen incluido. Sin embargo, nuestro trabajo también nos ha enfrentado a muchas dificultades, como la persistente inseguridad ante los problemas del presupuesto, que con bastante inquietud recibíamos cada año; y, si bien los recortes nunca supusieron una tregua al trabajo, sí limitó al número de personas que seguíamos en la causa. De hecho, en varios momentos los recortes nos dejaron solas a la doctora Pilar Gonzalbo y a mí en el Archivo o al frente de un teclado y un monitor, hasta que llegaron tiempos un poco mejores, con los que contamos, con ayuda de uno o dos becarios o investigadores contratados.

    Las guías cuentan con una lista de Escribanos que trabajaron el año correspondiente, Índice Onomástico General, Clasificación del documento, Extranjeros, Personas Morales, Religiosas, etcétera, así como también Arras, Dotes y Capellanías, Bienes rurales y urbanos, Fábricas, Alhajas y Muebles, Mercancías; Minas, Negocios, Arrendamientos, Créditos, Sociedades y Compañías, Contratos de Servicios, Adjudicaciones y Observaciones. Esta última contiene datos interesantes de la escritura en general; es decir, en este apartado se registran datos como superficies de casas, haciendas, huertas, etcétera, inventarios, listados, entre otros muchos. En fin, cada acta notarial nos aporta datos de gran valor para diferentes líneas de investigación.  

    Las nuevas tecnologías nos dieron paso a un nuevo campo de gran alcance mediante la inclusión de la ya inmensa base de datos en la página de El Colegio de México para su difusión en red.

    Las guías en la red han sido útiles y bien recibidas por la comunidad académica y el público en general, lo que ha permitido que investigadores de otros estados del país e incluso del extranjero lleguen al Archivo, hoja impresa en mano a consultar sus escrituras. En la actualidad, forman parte del equipo de trabajo los licenciados Daniel Vázquez y Josué Motte.

    El proceso para la elaboración de las fichas tiene su comienzo en la lectura cuidadosa de los documentos correspondientes al año que se estudia. Con el paso del tiempo, la experiencia en el Archivo nos dio elementos para mejorar la descripción de las fichas.

    A nivel personal este trabajo ininterrumpido se ha ganado un enorme afecto y un lugar muy especial en mi vida. En el transcurso de todos estos años, pasé de auxiliar a coordinar el proyecto en el archivo. Este trabajo vio nacer a mi hija y hasta el día de hoy sigo yendo con la misma pasión y compromiso como aquel 14 de septiembre de 1981. Nuestras mesas pasaron de largos tablones a escritorios con atriles y lámparas, y las papeletas también cambiaron y dejaron de ser pliegos para convertirse en pequeñas hojas de control. Estos años me han permitido adentrarme en la fascinante veta que representa el acervo de dicho Archivo, además de valorarlo y conocer las potencialidades que ofrece. Mi experiencia personal me permite sugerir que cada documento nos lleva a otro y así sucesivamente, y que los estudiosos disponen de una fuente documental inmensamente rica ya que estos documentos, como mencioné en un inicio, nos aportan datos biográficos de personajes, genealogía, estado civil, parentesco, lugar de origen, ocupación, circunstancias de cómo vivían y lo que los rodeaba, acontecimientos y situación que vivía nuestro país, la forma como las familias protegían sus capitales haciendo toda clase de gestiones para que sus propiedades permanecieran entre ellos mismos, como lo podemos ver en el caso de la Familia Fagoaga. Sus escrituras nos hablan de estos vínculos. En los testamentos los testadores declaraban y asentaban datos de gran relevancia; a tal grado, que nos hacen sentirnos espectadores presenciales, y percatarnos de aspectos religiosos como la invocación a Dios y a los santos, que tan frecuente era, o la Fundación de Obras Pías y Capellanías para que se rezara cierta cantidad de misas por su alma también tuvo gran auge. Como ejemplo de la valiosa información que algunos expedientes contienen, me viene a la mente una escritura mediante la cual José María Fagoaga da en arrendamiento su hacienda “La Blanca” junto a la cuesta de Barrientos, en jurisdicción de Tlalnepantla, y en el que se inserta un detallado inventario de dicha hacienda. El apellido Fagoaga estaba identificado con la riqueza y el poder, de modo que no es raro encontrarlo con tanta frecuencia en los protocolos notariales. Sus miembros formaron parte del Consulado de México; del tribunal de Minería y del Supremo Gobierno; lo mismo tenían minas que haciendas, ranchos y casas; además, los encontramos en diversas escrituras de préstamos y durante varias generaciones. Dichos instrumentos notariales nos dan elementos para analizar críticamente el pasado.

    No es fácil resumir poco más de 36 años de trabajo, pero al intentarlo no puedo dejar de agradecer a El Colegio de México y al Archivo de Notarías.

    Búsqueda en línea de protocolos notariales

    El buscador electrónico de los protocolos notariales (1821-1860) del Archivo de Notarías está disponible en red. De acuerdo con el sitio web, esta herramienta facilita la búsqueda de información con base en distintas categorías descritas en las fichas como son: la temporalidad del acta, la ubicación, el nombre del notario, la clasificación del acta, el nombre de las personas físicas y/o morales, los valores y tipos de las operaciones económicas y el tipo de bienes asentados en actas.

    El parámetro de búsquedas permite la localización de personas, tipo de operaciones formalizadas, bienes descritos, servicios y contratos de diversa índole. La información expuesta se refiere a la totalidad de cada escritura, lo que permite indagar sobre un abanico amplio de cruces de datos y puede despertar diferentes líneas de investigación.

    Se recomienda realizar búsquedas específicas, puesto que entre más generales sean los campos es posible que el buscador demore en mostrar los registros debido a la gran cantidad de información contenida en las bases de datos. Se trata de un proyecto en permanente actualización.

    Sitio web: http://notarias.colmex.mx

     

     

     

    Boletín 425

    Julio-Agosto 2017

     

     

    Ida Rodríguez Prampolini (1925-2017)

    Ida Rodríguez Prampolini (Veracruz, 24 de Septiembre 1925 – 26 de julio 2017) comenzó su carrera profesional aún siendo estudiante de la Licenciatura en Historia de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México. Fue a mediados de la década de los cuarenta cuando su profesor Edmundo O’Gorman, al reconocer el singular talento que poseía la estudiante veracruzana para memorizar y pensar con agudeza el pasado, decidió nombrarla su profesora suplente. Otros profesores de la Facultad como Manuel Toussaint, Justino Fernández y Francisco de la Maza coincidirían con O’Gorman en el hecho de que Ida Rodríguez era la alumna más destacada de su generación. Los primeros libros de la historiadora — Amadises de América: La hazaña de Indias como empresa caballeresca y La Atlántida de Platón en los cronistas del siglo XVI— comprobaron su inteligencia y creatividad.

    A mediados de los cincuenta, y luego de vivir en Venecia estudiando historia del arte, su maestro y amigo Justino Fernández le sugirió la elaboración de una compilación de la crítica de arte del siglo XIX. Ida Rodríguez pasaría más de dos años consultando la hemeroteca nacional y transcribiendo a mano las ideas y debates sobre arte y estética publicados en periódicos y revistas de dicho siglo. La conclusión y publicación de este monumental proyecto le permitió su entrada al Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM. Hoy en día, los tres volúmenes de crítica de arte decimonónica son indispensables no sólo para el estudio de la historia del arte mexicano sino también para conocer los múltiples debates culturales del siglo XIX.

    Al final de la década de los cincuenta centró su interés en estudiar el arte del siglo XX con el fin de explicar los cambios radicales que las artes visuales estaban teniendo en los últimos años. Dejó atrás las tradiciones académicas asentadas en el estudio progresivo de los estilos y las formas para reconocer las huellas dispersas que explicaban el nuevo estado del arte. Su mirada siguió una línea diferente a la de algunos críticos que en la época de la Guerra Fría utilizaban la crítica de arte como pretexto literario y a otros que aún defendían el canon figurativo imperante en la primera mitad de siglo.

    En 1964, respondiendo al interés por trazar genealogías del arte nuevo, escribió el libro El arte contemporáneo: Esplendor y agonía. Es sobresaliente la documentación de este trabajo, en el cual se muestra una historia del arte que recupera tanto los signos de desgaste del estatuto artístico como su vitalidad creativa y capacidad de incidencia crítica en el mundo contemporáneo. En este libro hay un perfil intelectual independiente y un compromiso con el arte de su época más allá de la ceguera de otros que seguían perpetuando el discurso nacionalista del arte mexicano. Por un tiempo considerable El arte contemporáneo: Esplendor y agonía fue la única referencia bibliográfica que existía en español sobre el tema en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM.

    Como muchos de los intelectuales de su generación, Ida Rodríguez asumió una postura de incidencia social después del fin del movimiento estudiantil de 1968. A partir de entonces su agencia cultural estaría involucrada de lleno con causas y luchas sociales. A principios de los setenta junto con un grupo de estudiantes y profesores creó una escuela rural en el municipio de Tlayacapan, Morelos. Esta experiencia es clave para entender la agencia social que la historiadora del arte desarrolló en las décadas subsiguientes.

    En los años ochenta, Ida Rodríguez regresó a su natal Puerto de Veracruz para fundar el Instituto Veracruzano de Cultura. El proyecto tuvo alcances en todo el Estado ya que creó casas de cultura en más de setenta municipios. Este proyecto educativo y cultural tuvo también un énfasis en el rescate del patrimonio arquitectónico del Estado.

    El profundo conocimiento de la cultura de Veracruz y la recuperación del arte indígena ocupó a Ida Rodríguez durante las últimas décadas. Fundó el Consejo Veracruzano de Arte Popular, que recuperó la memoria de la artesanía veracruzana y ayudó a que poblaciones desfavorecidas pudieran seguir produciendo expresiones artísticas.

    Su último proyecto fue la compilación de tres volúmenes que documentan y analizan la historia del Muralismo Mexicano. Estos tomos son parte del proyecto educativo que Ida Rodríguez se propuso fundar y responden a su convicción de que un país podía cambiar por medio de la preservación y el estudio de su cultura. 

        Cristóbal Andrés Jácome

    Center for Latin American Visual Studies The University of Texas at Austin

     

     

    Acta del 1° encuentro de representantes de Asociaciones/Comités de historia de América Latina

    En los días 7 y 8 de junio del presente año, se reunieron en la sede Nacional de la Asociación Nacional de Historia-ANPUH, los representantes de las asociaciones y Comités de Historia de Argentina (Marcela Ternavasio), de Brasil (María Helena Rolim Capelato), de Colombia (Renzo Ramírez Bacca), de México (Gabriel Torres Puga), de Perú (David Velásquez) y de Uruguay (María Inés Moraes) y la vicepresidenta del Comité Internacional de Ciencias Históricas- CISH (Eliana de Freitas Dutra).

    En esta reunión, los participantes:

    1.  Enfatizaron la importancia de este primer encuentro para estrechar lazos en torno de una agenda común de los historiadores latinoamericanos, con el objetivo de responder a las demandas de nuestras sociedades locales, así como el de fortalecer las relaciones de nuestras organizaciones con la comunidad internacional de historiadores representada por el Comité Internacional de Ciencias Históricas-CISH.

    2.   Hicieron un breve balance de experiencias, objetivos y actividades de las Asociaciones/Comités latino-americanos de historia, incluyendo la experiencia de las formas de acción, organización y reclutamiento. También se realizó un balance del estado de arte de los intercambios entre los historiadores de la región, los proyectos comunes existentes, las acciones integradas, las redes de colaboración, coloquios, congresos y publicaciones. Otros temas fueron debatidos, como ejemplo de las posibles estrategias de fortalecimiento del contacto entre los historiadores y especialistas latino-americanos de historia y las demandas de políticas públicas de preservación de la historia y de la memoria. Por último, los participantes discutieron actividades futuras dirigidas a ampliar la participación de América Latina en las acciones del Comité Internacional de Ciencias Históricas, en especial, las formas de adhesión de las Asociaciones/Comités al CISH y el potencial de articulación y capacidad de inserción en la organización de la comunidad internacional de historiadores.

    3.  Acordaron un protocolo de intenciones relativo a:

                   a)       el intercambio de información sobre las asociaciones y comités de nuestros países y a sus respectivos periódicos científicos, redes y

    centros de investigación y eventos;

                 b)      el incentivo, en nuestras respectivas asociaciones, de la discusión sobre el presente y el futuro de los archivos históricos, tomando en cuenta los siguientes aspectos: la autonomía técnica y política de los archivos históricos y de los sistemas de archivos; la definición de un protocolo de preservación y transferencia de documentación para los archivos históricos; la simplificación de la consulta y la digitalización de los acervos, a partir del principio de acceso amplio e irrestricto a la información histórica.

    No habiendo nada más que tratar concluyó la sesión.

    São Paulo, 8 de junio 2017.—Siguen firmas de los representantes.

     

    Asociaciones de Historia en América Latina

    Desde la fundación en 1884 de la Asociación de Historiadores de Estados Unidos (AHA, por sus siglas en inglés), han nacido organizaciones de historiadores en diversos países con objetivos comunes: promover el ejercicio libre de la profesión, difundir los conocimientos históricos producidos por el gremio, proteger acervos y garantizar su apertura, entre otras. El Comité Internacional de Ciencias Históricas, fundado en Ginebra en 1926, constituyó el primer esfuerzo de vincular y establecer un diálogo periódico entre esas organizaciones.

    En el mundo hispanoamericano cada vez hay más asociaciones. Algunas reúnen a los especialistas de una subdisciplina, como pasa con las de historiadores de la economía, o incluso a un segmento de edad, como la de jóvenes historiadores en España. Las asociaciones nacionales en América Latina son, sorprendentemente, recientes. La decana es la brasileña, de la década de 1960, seguida por el Comité Mexicano de Ciencias Históricas, que aún no cumple medio siglo; las argentina, peruana, colombiana y uruguaya son todavía más jóvenes. En la reunión celebrada en São Paulo, Brasil, en junio de este año se habló de fomentar la creación de nuevas asociaciones en América Latina y de fortalecer la integración entre las existentes; así como de tender lazos para hacer un frente común en pro del resguardo de archivos y bibliotecas y de su libre consulta para la investigación histórica.

     

    Asociación Argentina ASAIH

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    La AsAIH (Asociación Argentina de Investigadores en Historia) se constituyó el 26 de enero  de 2011. Es una asociación sin fines de lucro cuyos propósitos, según la definición de sus estatutos, son “reunir a quienes se dedican a la investigación en historia de todo el país; promover y difundir la investigación en historia, en toda su diversidad de enfoques y temas de estudio; fomentar la participación de los investigadores e investigadoras en historia en los debates públicos sobre el pasado, la memoria y la historia; estimular el interés público respecto de temas atinentes a la conservación del patrimonio histórico, a la organización de archivos y museos históricos, y a la difusión del conocimiento histórico; colaborar en el fortalecimiento de la enseñanza media y superior en historia”. 

    Para cumplir con sus objetivos, la Asociación Argentina se ha propuesto organizar y patrocinar congresos, jornadas, seminarios, coloquios y simposios; publicar revistas, folletos y artículos de divulgación sin fines de lucro; idear instrumentos multimedia; instituir concursos, certámenes y exposiciones con premios y becas; asociarse al Comité Internacional de Ciencias Históricas; asesorar a organismos públicos y privados sobre temas históricos y vincularse a instituciones que apoyen la gestión y la conservación del patrimonio histórico. 

    La AsAIH organiza sus labores en tres Comisiones, una dedicada a la preservación, consulta y acceso a archivos, bibliotecas y museos; otra a la presencia de la Historia en el debate público y una última sobre difusión y publicidad. Finalmente, realiza un evento anual con la intención de difundir la labor histórica y discutir problemáticas en torno a ella.

    En su sitio web se pueden encontrar, además de los estatutos y características de la asociación, vínculos a colecciones digitales, archivos y bibliotecas, convocatorias de becas, concursos docentes, informes sobre posgrados y noticias de interés general. 

    Presidente: Marcela Ternavasio Correo electrónico: This email address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it.

     

    Asociación Barsileña ANPUH

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    El 19 de octubre de 1961 fue fundada en la Ciudad de Marília, Sao Paulo, la Asociación Nacional de Profesores Universitarios de Historia ANPUH. Su objetivo era “la profesionalización de la enseñanza de la investigación histórica, para aquel entonces, no académica y autodidáctica”.  Hoy en día la ANPUH ha incorporado en sus objetivos la divulgación de trabajos de investigación histórica, “la defensa de las fuentes y manifestaciones culturales de interés para los estudios históricos, la defensa del libre ejercicio de la actividad histórica y la representación de la comunidad de profesionales de la historia ante distintos organismos”.

    La ANPUH está constituida por un número ilimitado de asociados interesados en formar parte de ella o de sus secciones estatales. Los miembros pueden ser graduados en Historia, profesores e investigadores de Historia y áreas afines, estudiantes de posgrado y profesores de enseñanza básica y media. 

     Como beneficios, los afiliados participan en los eventos promovidos por la Asociación, toman parte de las decisiones políticas y académicas de la entidad, reciben información actualizada y contribuyen en los servicios digitales que ofrece la página de  internet.

    Para garantizar el cumplimiento de sus objetivos, la Asociación promueve el intercambio de ideas entre sus asociados por medio de reuniones periódicas intrarregionales e interregionales. Además, cada dos años, organiza un Simpósio Nacional de História, que se ha convertido en el más grande e importante encuentro de historia en Brasil y América Latina.

    Al tener como una de sus metas la divulgación científica, la ANPUH publica de manera semestral dos revistas. Por un lado, la Revista Brasileña de Historia, una de las más prestigiosas en Brasil, está conformada por artículos originales que pretenden difundir avances en las áreas de investigación, escritura y enseñanza de la historia. Por otro lado, desde el año 2003, la revista digital Historia Hoy ha transformado su contenido hasta convertirse en un dossier temático, donde especialistas de diferentes áreas de especialización dan a conocer los resultados de sus investigaciones. 

    Con el fin de extender su presencia en todo el país, la ANPUH se divide en más de veinte Secciones Estatales y Regionales, que a su vez, están subdivididas en grupos de trabajo que promueven actividades relacionadas con temas específicos de la historia brasileña.

    El sitio web tiene acceso a revistas electrónicas, novedades editoriales, convocatorias, noticias, eventos y un mapa interactivo desde donde se puede ingresar a las páginas web de las distintas regiones en que se divide la ANPUH.

    Presidente: Joana Maria Pedro

    Correo electrónico: This email address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it.

     

    Asociación Colombiana

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    La Asociación Colombiana de Historiadores fue fundada el 25 de septiembre de 1991, como entidad sin ánimo de lucro cuyos objetivos son: "impulsar y promover el desarrollo de las investigaciones históricas en Colombia; pugnar por la defensa de la profesión del historiador en Colombia; la difusión libre de sus teorías, pensamientos o resultados investigativos y el apoyo a su integridad y derechos profesionales."

    La Asociación también promueve el "rescate, la conservación, organización y puesta al servicio público indiscriminado de las fuentes históricas, archivos, monumentos, museos y toda forma expresiva del patrimonio cultural o memoria histórica del pueblo colombiano".

    Para un mejor funcionamiento nacional, la Asociación se divide en cinco "capítulos regionales" integrados por al menos 12 miembros cuya residencia habitual esté en ciudades diferentes al domicilio principal de la Asociación, estos "capítulos" están sometidos al reglamento expedido por la Junta Directiva de la Asociación.

    Desde su sitio web, se puede acceder a las actividades de la Asociación y sus cinco capítulos. Además, es posible ingresar a un blog, donde se publican, de manera periódica, noticias y avisos relacionados con la ACH.

    Presidente, Renzo Ramírez Baca

    Correo electrónico: This email address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it.

     

    Asociación Uruguaya AUDHI

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    La Asociación Uruguaya de Historiadores (AUDHI) es una Asociación civil sin fines de lucro, creada en noviembre de 2015 a partir de una iniciativa del año anterior.

    De acuerdo con sus estatutos, su intención principal es "reunir a las instituciones y personas que se dedican a la investigación en historia en todo el país, contribuir a la profesionalización de la labor del historiador y promover el intercambio de ideas entre sus asociados mediante reuniones periódicas". Otros objetivos son proteger el ejercicio libre de sus asociados y representarlos ante instancias administrativas y entidades científicas, estimular el interés público por la conservación del patrimonio y por la organización, difusión y acceso a bibliotecas, archivos y museos.

    La Asociación se ha propuesto organizar congresos y eventos académicos, publicar folletos y revistas, producir materiales multimedia y promover certámenes de historia. Muy recientemente celebró su primer congreso nacional.

    La AUDHI tiene un sitio web en construcción y una página de Facebook en la que da a conocer sus actividades cotidianas y otras noticias de interés general para la comundad de historiadores.

    Presidente: Gerardo Caetano

    Correo Electrónico: This email address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it.

     

     

     

     

     

    ¿Dónde estudiar historia? Instituto Mora

    Entidad académica: Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora (Centro Público de Investigación - CONACYT) 

    Nombre del Programa: Licenciatura en Historia con líneas de formación en didáctica de la historia, divulgación de la historia y gestión del patrimonio cultural

    Contacto: Alicia Salmerón (coordinadora)

    Correo electrónico: This email address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it.

    El Instituto Mora, centro público de enseñanza e investigación CONACYT, ofrece desde el año de 2008 un programa docente con características muy particulares: una licenciatura capaz de responder a necesidades de enseñanza y comunicación del conocimiento histórico, así como de rescate y conservación de nuestras riquezas culturales. Se trata de una licenciatura en Historia, pero con la característica de formar profesionales en tres áreas del quehacer del historiador con enorme impacto en la sociedad: la didáctica de la historia, la divulgación de la historia y la gestión del patrimonio cultural. El objetivo  principal de este programa es formar profesionales con conciencia y sensibilidad históricas, dotados de pensamiento crítico y capaces de participar de manera activa en la vida cultural del país, en su sentido más amplio. Busca la formación de jóvenes en la disciplina de la historia, que podrán continuar estudios superiores para dedicarse a la investigación o desempeñarse profesionalmente en los campos de la educación media-básica y media-superior, de la administración pública, de las fundaciones e instituciones culturales públicas y privadas, de los archivos, bibliotecas y museos, y de los medios de comunicación.

    Convocatoria bianual, próxima apertura en 2018.

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    Boletín 424

    Mayo-junio 2017

     

    Últimas noticias sobre la Ley de Archivos

     

    En el primer semestre de 2017 ha avanzado poco la discusión sobre la Ley General de Archivos en el Senado de la República. Si bien algunos senadores han manifestado interés en las preocupaciones y críticas expresadas por representantes de instituciones académicas, historiadores y archivistas, a la fecha no se ha presentado oficialmente una versión diferente a la que se hizo pública en noviembre de 2016.

      El CMCH se ha mantenido atento a la actividad legislativa y ha buscado la manera de participar y alentar la creación de espacios de discusión sobre el tema. En enero de 2017 el CMCH participó  en un foro organizado por el INAI y en abril tuvo la oportunidad de defender su postura ante la Junta de Coordinación Política del Senado de la República, junto con académicos y directivos de la UNAM.

      En ambos espacios, el CMCH ha pugnado por una ley que sume el principio de “difusión” a los de “organización” y “conservación” que contempla la actual iniciativa, y que en virtud de ello, se obligue a los archivos a dar la mayor apertura posible para la consulta, difusión y máxima publicidad de sus fondos. Señalamos que los archivos históricos en particular deben ser considerados como fuentes de acceso público para garantizar su consulta irrestricta; y que los términos de la ley deben estipular que la función central de los archivos es la ampliación y difusión del conocimiento. Los archivos históricos deberían contar con recursos suficientes y regirse por un principio de máxima difusión, para facilitar el acceso a la información, de manera física y digital. Señalamos también la necesidad de definir plazos máximos para las transferencias de expedientes históricos, así como la de garantizar que éstas sean reguladas por un organismo con presencia de instituciones académicas y organizaciones civiles. La Ley debe establecer un sistema nacional de archivos que se pueda operar en la práctica. Con los recursos limitados actuales—monetarios, humanos y de infraestructura—es necesario proponer un sistema con requisitos mínimos, realizables y verificables. El sistema debe ser lo más sencillo posible. Debe evitar la multiplicación de archivos históricos y fortalecer los existentes. Insistimos en la necesidad de desectorizar al AGN y en nuestra oposición a que el sistema de archivos quede bajo la dirección de la Secretaría de Gobernación. El Consejo Nacional de Archivos debe contar con la participación permanente de especialistas y no estar en manos de funcionarios del gobierno. Es imprescindible establecer un sistema archivístico en el que existan pesos y contrapesos que permitan pluralidad, transparencia y democracia.

      En todo este tiempo, el CMCH ha buscado la opinión de expertos en la comunidad académica y ha intentado recabar las opiniones plurales que se expresan en medios públicos. Particularmente útiles han sido las opiniones de miembros de la Escuela Mexicana de Archivos, que en voz de su director ha insistido en la necesidad de pasar de un sistema “criptocrático”  a uno “democrático y público”; las de integrantes de asociaciones como Artículo 19 y la Red por la Rendición de Cuentas. En esta ocasión, el Boletín se honra en contar con la colaboración de tres destacados académicos preocupados por el tema: el ministro José Ramón Cossío, y las historiadoras Clara Inés Ramírez y Lucero Enríquez.

    CMCH

     

    Acceso a información con valor histórico

    Con motivo de mis actividades académicas y de investigación, recientemente ha llamado mi atención la práctica, bastante común por cierto, de suprimir los datos que se consideran personales en documentos de valor histórico. Así, es frecuente encontrar documentación en la que los nombres y cantidades, entre otros datos más, han sido testados por la autoridad encargada de su resguardo, previo a su apertura al público.

      En mi opinión, dicha práctica, además de restar el valor histórico a los documentos de que se trata —provenientes incluso de los siglos XVIII y XIX— no encuentra asidero en el marco normativo aplicable en materia de transparencia y acceso a la información pública.

      Con base en una revisión de la Ley General de Transparencia y Acceso a la Información Pública, la Ley Federal de Transparencia y Acceso a la Información Pública, así como la Ley Federal de Archivos, se desprende, en primer lugar, que para acceder a los documentos resguardados en archivos históricos no es aplicable el procedimiento previsto en la Ley Federal de Transparencia y Acceso a la Información Pública Gubernamental, sino el de los propios archivos, en el entendido de que esos documentos tampoco son susceptibles de clasificación como reservados.[1]

      De hecho, la información confidencial contenida en documentos históricos, conserva ese carácter, por regla general, únicamente por un plazo de 30 años, mismo que sólo podrá elevarse a un máximo de 70 cuando los datos personales afecten a la esfera más íntima de su titular o cuya utilización indebida pueda dar origen a la discriminación o conlleve un riesgo grave para éste.2

      En segundo lugar, cabe apuntar que, durante esos plazos, el sujeto responsable de la información puede conceder acceso a la misma cuando: se solicite para investigación o estudio que se considere relevante para el país; el interés público sea mayor a cualquier invasión a la privacidad que pueda resultar del acceso; se beneficie de manera clara y evidente al titular de la información confidencial, o sea solicitada por un biógrafo autorizado por el titular de la información confidencial.3

      La primera hipótesis fue analizada por el Instituto Federal de Acceso a la Información y Protección de Datos al resolver el recurso de revisión 3645/2013. En dicho precedente una persona solicitó a la Secretaría de Salud el acceso a los libros de registro y expedientes clínicos relativos a los pacientes que ingresaron al manicomio general “La Castañeda”, desde su inauguración en 1910, hasta su clausura en 1968; ello para fines históricos y estadísticos en el desarrollo de un proyecto de investigación aprobado por la UNAM.

      La Secretaría de Salud, al responder a la petición señaló que por tratarse de datos sobre salud mental de personas, operaba el plazo de 70 años para su desclasificación y acceso al público; por ende, concedió al solicitante el acceso a todos aquellos expedientes con fecha de creación anterior al año 1942, mientras que respecto a los generados en el periodo comprendido de 1943 a 1968, la secretaría estimó que no le correspondía determinar el acceso a ellos por no cumplir los 70 años de clasificados.

      Ante ese panorama, los comisionados del Instituto determinaron conceder el acceso a dichos documentos restringidos por la Secretaría de Salud, puesto que a pesar de que no habían transcurrido los setenta años señalados por la ley y eran documentos que contienen datos personales sensibles, el solicitante había acreditado que el acceso a tal información era útil para una investigación relevante.

      En la resolución aludida, se enfatiza el interés de la Cámara de Senadores, plasmado en la exposición de motivos de la Ley Federal de Archivos, en el sentido de garantizar que las reglas establecidas en esa legislación no obstaculizaran el quehacer de los historiadores e investigadores.

      Por otro lado, el Pleno de la Suprema Corte de Justicia de la Nación ha determinado recientemente que en las versiones públicas de las resoluciones emitidas en los asuntos de su competencia no se supriman de oficio los nombres, salvo en casos de juicios familiares o causas penales seguidas respecto de los delitos contra la dignidad (aborto, ayuda o inducción al suicidio); contra la libertad reproductiva; contra la libertad y el normal desarrollo psicosexual; de peligro para la salud de las personas (peligro de contagio); contra el libre desarrollo de la personalidad; contra el derecho de los integrantes de la familia a vivir una vida libre de violencia; contra la filiación y la institución del matrimonio; contra las normas de inhumación y exhumación y contra el respeto a los cadáveres o restos humanos; y de suministro de medicinas nocivas o inapropiadas. Igualmente, el Alto Tribunal consideró que en el supuesto de que las partes se opongan a la publicación de sus datos personales, los mismos se suprimirán de la versión pública, con excepción del nombre.

      En este contexto y contrario a la práctica actual, me parece posible concluir lo siguiente: (i) se puede acceder sin restricción alguna a los documentos históricos en los que obren datos personales sensibles que se haya creado hace más de 70 años; (ii) si ese documento no cuenta con tal requisito de antigüedad, pero se acredita que su consulta es para fines de investigación o estudios relevantes, también se tiene derecho de acceder a él; (iii) y por último, en el caso específico de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, sus resoluciones son consultables, por regla general, sin supresión de los nombres de las partes.

    1. Art. 26 LFA
    2. Art. 27 LFA.
    3. Arts. 29, párrafo segundo, y 30 LFA

    Una carta no siempre llega a su destino

    Lucero Enríquez Rubio

    Instituto de investigaciones Estéticas UNAM

    La exposición de Jill Magid “Una carta siempre llega a su destino. Los Archivos de Barragán” propició una serie de reflexiones sobre el destino de los archivos del arquitecto José Barragán. El presente texto es el posicionamiento de la Dra. Lucero Enríquez en uno de los “Diálogos abiertos” organizados por el Instituto de Investigaciones Estéticas de la Universidad Nacional Autónoma de México, celebrado el 2 de mayo de 2017.

    El título de la exposición que hoy nos convoca es “Una carta siempre llega a su destino”, pero he de decir que no es así: una carta no siempre llega a su destino. Puede ser interceptada o perderse en el trayecto, por ejemplo. Pero si llega al destinatario, puede ser arrojada al basurero sin leerse o, una vez leída, ser destruida o encerrada en un fólder y guardada en el congelador de un cajón de escritorio. Si es muy voluminosa y de obligada posesión, como la “Carta Magna”, su destino será el entrepaño de un librero poco frecuentado.

      Cualquiera de los anteriores parece haber sido el destino de leyes y ordenamientos que han pretendido, en México, regular el acceso a los archivos en beneficio del deseo de saber de los ciudadanos. En realidad, poco importa: en un país no de derecho, sino de chueco, sobran unas y otros porque o no se aplican o no se castiga su incumplimiento.

      Si hay un ámbito donde el poder se ejerce en forma descarnada ése es el de un archivo. Trátese de una prohibición coyuntural emitida por la Secretaría de Gobernación o de un dueño o encargado de archivo que permite o niega el acceso a su entero arbitrio, es ahí, más que en la calle cuando uno busca estacionar el coche y el “viene-viene” lo impide, cuando uno experimenta la impotencia, la rabia y la frustración en forma categórica. Quieres saber y no te dejan. Quieres conocer y te lo prohíben. Simplemente, no puedes entrar y como dicen: “Hazle como quieras”. De ahí que resulten un tanto bizantinas las discusiones sobre este asunto.

      Bajo esa óptica, es cuestión que no tiene importancia si los archivos de una catedral, de una parroquia o de una colegiata son públicos o privados; o si son “nacionales” o “de artista”; o si están bajo el régimen de custodia o de propiedad particular. Lo cierto es que en ellos se encuentra la producción musical de un sector de la sociedad de este país, acumulada a lo largo de cinco siglos –por referirme a un tipo de acervo específico que es el que más conozco–. Una producción en la que los conceptos de “autoría” o de “obra de arte” resultan las más de las veces poco pertinentes pero en la que, en cambio, es posible estudiar los fenómenos de creación, emisión, recepción, integración múltiple y transformación de una obra. O de un repertorio. O de una tradición.  Puede ser un salmo, una aria de ópera en arreglo para piano o el vals de Las gorditas calientes. Puede tratarse de un incunable de un metro de altura, 45 kilos de peso e iluminaciones con hoja de oro, o de unos papeles de reúso, con tachaduras y caligrafía de varios autores con tres versiones de una obra “madre”. En esos papeles y libros que se encuentran en catedrales, parroquias y colegiatas está codificada mucha de la música que se usó en estas tierras: la más vulnerable de las artes pero la única que nos acompaña desde el vientre materno hasta la  tumba; la que, como fenómeno social, existe a partir del momento en que se emite el primer sonido de una obra y concluye con el último, y cuya construcción invisible se da en el tiempo, quedando sólo en la memoria hasta el día en que pudo grabarse.  Sin ella no hay celebración. Y, hoy en día, es la única que convoca multitudes, disputando este fenómeno sólo con el futbol. ¿Podemos imaginar el siglo XX sin el rock? Entonces, ¿cómo pretendemos conocer una época, un país o una cultura, por ejemplo, sin saber a qué suena?

      Sé que es un enunciado reduccionista pero, en cuestión de archivos de música en México,  hay ángeles guardianes buenos, muy buenos, y los hay malos, muy malos. Son más bien excepcionales los buenos, como el padre Luis Ávila Blancas, quien fuera miembro del cabildo de la Catedral de México y custodio de la Pinacoteca de la Profesa. Él hizo posible y colaboró en muchas iniciativas de este Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM, entre otras, el desarrollo del proyecto Musicat y la existencia misma del Seminario de Música en la Nueva España y el México Independiente. Cultura, inteligencia, generosidad y conciencia ¿social? ¿nacional? ¿artística? ¿patrimonial? ¿todas juntas? Esas parecieran ser las características y virtudes necesarias y exigibles a cualquier guardián de archivo, público o privado; nacional o internacional; patrimonial o “de artista”. Los malos guardianes, en cambio, secuestran el archivo para sus fines e intereses personales;  niegan el acceso o te  expulsan y hasta secuestran el resultado de tu trabajo (si logras concluirlo). La falta de ideas, la insuficiente preparación académica o artística, la mediocridad y la flojera remunerada parecen ser las características de estos malos guardianes.

      Pero si estos guardianes son la manifestación patente de un poder burdo, las entrañas de un archivo resguardan, en cambio, los sofisticados hilos del poder de una jerarquía que domina y controla, trátese de un cabildo catedral o de la Secretaría de Gobernación. El instinto de conservación del poder que ejercen les dice que si se conoce y estudia lo que en esas entrañas se encuentra, se verían exhibidos, serían cuestionados y hasta podrían ser imputables, juzgados y castigados. La ecuación es muy simple: a mayor ilegitimidad de una jerarquía, más endeble es su presente, más atemorizante su pasado y más amenazante el archivo que la representa. La restricción, o incluso la prohibición de su consulta será el camino que siga. Para quienes estamos convencidos que sólo conociendo el pasado podemos entender el presente y planear el futuro, tal restricción resulta una provocación inadmisible.

      El trabajo en archivo requiere de mucha paciencia e ingente cantidad de esfuerzo. No atrae reflectores sobre quien lo realiza sino que los genera sobre el objeto que se investiga. Por tanto, es impagable, salvo por instituciones no lucrativas, y sólo es realizable por aquéllos que lo hacemos por un interés genuino aunado a cierta dosis de pasión por lo que se estudia. Se auto excluyen, o debieran autoexcluirse, quienes buscan fama, dinero o fortuna.

      La necesaria digitalización y puesta en línea de catálogos y documentos históricos es hoy ineludible, y debería ser exigible a cualquier institución que recibiera algún tipo de financiamiento público. Pero aún con una catalogación de tercer nivel (que no es frecuente), y una óptima digitalización (que tampoco lo es),  el acceso al archivo donde se encuentra el documento-monumento, como lo llama Le Goff,[1] es imprescindible en la generación de preguntas de investigación e hipótesis que sólo una revisión profesional in situ”  del documento-monumento mismo puede generar:  “Esta no sirve”, “Todo lo borrado no es por…”,  “Maestro Salazar”, “Hoy murió el Gallo Pitagórico” , “Pardavé, librero”, “Señora Castañiza” … notas casi ilegibles que aunadas a insertos, papeles adheridos, raspaduras, enmendaduras, tachaduras, sobre-escrituras, etc.,  nos proporcionan valiosa información de distintos tipos e importancias que una digitalización de calidad o una catalogación acuciosa pueden a lo más registrar pero no valorar ni relacionar.

      ¿Cómo enfrentar entonces, nosotros como investigadores, a esos dos tipos de malos guardianes de los que hablé, sin caer en los territorios del muro de las lamentaciones o del diván del psicoanalista?

      Después de transcurridos más de 15 años de mi primera aproximación institucional a un archivo catedralicio puedo decir que ahí donde ha habido inteligencia, cultura, generosidad y conciencia histórica de parte de autoridades y encargados, como en la Catedral de México, de manera muy relevante, y en las de Durango y Mérida, en menor medida, más de 100 jóvenes provenientes de distintas disciplinas e instituciones de educación superior han hecho su servicio social,  graduándose muchos de ellos y convirtiéndose algunos en especialistas regionales en asuntos relacionados con la catedral. En este terreno fértil se han publicado on line, hasta ahora, una librería de cantorales, una base de datos y dos catálogos, además de tres volúmenes catalográficos en soporte papel, siete cuadernos de investigación y siete volúmenes temáticos. La firma de un convenio renovable UNAM-Cabildo Catedral Metropolitano de México a partir de 2009 ha sido determinante, como lo ha sido el trabajo constante en el archivo y los resultados visibles del mismo. En cambio, ahí donde ha habido caprichosas cerrazones de la jerarquía, como en Puebla, o limitadas admisiones, como en Oaxaca, los resultados han sido magros, por decirlo suavemente. Y ahí, donde los encargados ni mirar nos han dejado, como en Guadalajara y Morelia, pues… digan lo que quieran porque su actitud ha sido: “háganle como quieran, pero no entran.”

    Las trampas de la Ley. Los archivos históricos, fantasmas del Sistema Nacional de Archivos

    Clara Inés Ramírez

    Coordinadora del Archivo Histórico de la UNAM-IISUE

    Una primera versión de este texto se publicó digitalmente en el boletín del IISUE-UNAM, en enero de 2017

    El pasado 16 de diciembre de 2016, el Consejo Universitario de la UNAM se pronunció sobre el proceso de aprobación de una Ley General de Archivos emitido por el Poder Ejecutivo Nacional. En el documento universitario se consideró, entre otras cosas, que “es decisivo que se realice una amplia consulta a la sociedad y a la academia y se genere un proceso de deliberación público y abierto”. Como Coordinadora del Archivo Histórico de la UNAM, ofrezco las siguientes consideraciones para ampliar las variables del análisis que viene construyéndose sobre el tema.

      La iniciativa de Ley General de Archivos (LGA) que se discute en el Senado de la República contempla la instauración de un Sistema Nacional de Archivos que reconoce que los Archivos históricos son “públicos y de interés general”, y que sus documentos “no podrán ser clasificados como reservados o confidenciales” (Art. 36). Se ha sugerido con insistencia la necesidad de que la Ley declare, además, que los Archivos históricos son fuentes de acceso público. Sin embargo, éste no es el principal problema que enfrentan los Archivos históricos frente a la propuesta de Ley.

      El problema fundamental radica en que la nueva LGA sancionará un Sistema Nacional de Archivos sin archivos históricos. Según el censo elaborado por el Archivo General de la Nación (AGN), en palabras de la directora del Sistema Nacional de Archivos, en México existen 303 archivos, de los que sólo 14 son Archivos Históricos,[1] es decir, sólo el 4.6% de los archivos nacionales son archivos históricos. Así que la liberalidad que se ofrece en el Artículo 36 de la propuesta de Ley, y la que conseguiríamos de decretarse que los archivos históricos son de acceso público, sólo sería válida para unos cuantos archivos históricos, muchos de ellos, universitarios.

      En efecto, el AGN, repositorio de la mayor cantidad de documentos históricos en México, no está definido como un archivo histórico y, por tanto, para la Ley, no es un archivo histórico. No estará sometido al Artículo 36 de la Ley, por lo que sus documentos no serán públicos y podrán permanecer reservados. Por ejemplo, podrían clasificarse como reservados documentos producidos por el Tribunal de la Inquisición durante el siglo XVI; y aunque parece un disparate, lo permitiría la Ley. Tampoco existe legalmente un Archivo Histórico de la Suprema Corte de Justicia, ni del Archivo de  Notarías...

      Los archivos históricos son garante de la memoria nacional, y la memoria es un requisito para ser un país fuerte y autónomo. Decía Jacques Derrida que los archivos guardaban la memoria como el más grande impulso de vida frente a la pulsión de muerte que arrasa a los seres humanos.2 Pero, además, y por si fuera poco, los archivos históricos son fundamentales para asegurar el buen funcionamiento de la democracia, pues son garantes del buen funcionamiento del Sistema Nacional de Archivos, el que, a su vez, posibilita la transparencia en el ejercicio del poder.

      Los documentos que se manipulan diariamente, se almacenan en un archivo administrativo, de donde deben pasar, a través de una transferencia primaria, a un archivo de concentración y, de allí, por una transferencia secundaria, a un archivo histórico. Si no ocurren adecuadamente estas transferencias, los archivos se saturan y no es posible acceder a la información. Es una situación crítica que nos resulta conocida a quienes trabajamos con archivos. Podríamos pensar entonces que la iniciativa de LGA que hoy discutimos prevé el crecimiento y la creación de nuevos archivos históricos, con el fin de garantizar el buen funcionamiento del Sistema Nacional de Archivos que propicie el flujo adecuado de la documentación. Desgraciadamente, tampoco es así.

      La iniciativa de LGA no prevé la creación de nuevos archivos históricos. En el Capítulo III, la Ley prevé la creación de archivos generales en los estados (Art. 65), pero no la de archivos históricos. En cambio, la existencia de un archivo histórico queda supeditada a “la capacidad presupuestal y técnica del sujeto obligado”. Recordemos que la Ley considerará sujetos obligados a “los Poderes de la Unión en sus diversos órdenes de gobierno, órganos constitucionales autónomos, partidos políticos, sindicatos, fideicomisos, tribunales especializados, así como toda persona física o moral que administre recursos públicos y realice actos equivalentes de autoridad” (Prolegómenos de la iniciativa, pág. 5). Ninguno de estos agentes está obligado a tener un archivo histórico, el único tipo de repositorio que se considera de interés público y general y que no puede clasificar su documentación como reservada o confidencial. Así las cosas, como público general, como ciudadanos, no podremos saber cómo se han administrado los recursos públicos ni cómo se ha ejercido la autoridad en nuestro país.

      Podría pensarse, entonces, que la Ley prevé que la documentación considerada histórica se transfiera a un archivo histórico, pero tampoco es así. La iniciativa contempla, en su artículo 33, que “Los sujetos obligados que no cuenten con Archivo histórico ... deberán transferir sus documentos con valor histórico al AGN, a sus equivalentes en las entidades federativas o al organismo que determinen las leyes aplicables o los convenios de colaboración que se suscriban para tal efecto”. Es decir, los sujetos obligados tienen libertad de disponer de su documentación histórica. No quiero ni imaginarme los posibles convenios internacionales que podrían establecerse.

      Pareciera que, sea donde sea, la documentación que se considere histórica se destinará a un Archivo General o Histórico o... Pero la nueva Ley no tiene plazos para las transferencias, ni las primarias, ni las secundarias. El Artículo 48 establece que serán los sujetos obligados quienes establezcan “los valores, vigencias documentales y, en su caso, los plazos de conservación y disposición documental”. Es decir, puede ocurrir que nunca se fijen los plazos para que una documentación pase a un archivo histórico y sea desclasificada, según se dice en el artículo 49.

      Así, el Sistema Nacional de Archivos propiciará inmensos archivos de concentración donde se acumule la documentación; esto dificultará la organización y la descripción de los fondos, lo que a su vez imposibilitará la respuesta a la información requerida por la ciudadanía. Archivos que no serán públicos ni de interés general. De por sí, este hecho ya es gravísimo.

      Por si fuera poco, en esos inmensos archivos de concentración, la documentación histórica quedará presa de dudosos criterios de clasificación como reservada o confidencial, los que pueden ser perpetuos... y a la larga, la información se perderá. Incluso puede desaparecer aquella que llevamos más de cuatro siglos conservando. Los archivos históricos sirven para recibir la documentación valorada como histórica, conservarla y ponerla al servicio público. Sin ellos, el Sistema Nacional de Archivos será laberinto de papeles eternamente semi activos que enturbiará la memoria colectiva y esconderá la información de aquello que hemos sido en montañas burocráticas de papel o de datos electrónicos.

      Por último, podríamos consolarnos y dedicarnos a cuidar los 14 Archivos Históricos existentes, tratando de preservarlos... pero tampoco eso nos permitirá la nueva Ley. El artículo 14 transitorio concede dos años de plazo a las dependencias federales, y tres a las entidades federativas, para identificar sus fondos documentales, pudiéndolos considerar como no históricos. Aunque el texto es confuso, de él se desprende que los archivos históricos podrán deshacerse de algunos de sus fondos. Esto posibilitaría, incluso, la desaparición de alguno de los casi inexistentes archivos históricos en México.

      Además de proponer las modificaciones puntuales a iniciativa de Ley General de Archivos, que ya han sido postuladas por la UNAM y muchos otros sectores de la sociedad, es necesario tener una política a largo plazo, más académica, que implique crear y fomentar los archivos históricos en México para garantizar la fluidez del Sistema Nacional de Archivos y el libre acceso a la información, garante de la democracia. Además, los archivos históricos son la fuente de nuestra memoria, impulso para el ser y para la acción, freno contra el olvido y la inexistencia.

    1. La nueva iniciativa de LGA prevé la creación de un Registro Nacional de Archivos que tendrá acceso público. Actualmente existe un registro de archivos históricos, muchos de ellos particulares, que no formarán parte del sistema nacional de Archivos. El dato que recojo aquí fue ofrecido en el IIH por la directora del Sistema Nacional de Archivos del AGN.
    2. Jacques Derrida, Mal de archivo. Una impresión Freudiana, Madrid, Trotta, 1997.

     

     

     

    Boletín 423

    Marzo-abril 2017

     

    Clasificación del Fondo Diocesano del Archivo Histórico de San Cristóbal de Las Casas

          Juan Pedro Viqueira,

    CEH, El Colegio de México

    El Archivo Histórico Diocesano de San Cristóbal de Las Casas (AHDSC) es uno de los archivos históricos más importantes de Chiapas. Tiene la peculiaridad de que en él se encuentran, no sólo los documentos de los diversos archivos catedralicios, sino también de gran parte de los documentos que resguardaban las parroquias del obispado. En efecto, el prelado Francisco Orozco y Jiménez (1902-1912) ordenó a los párrocos concentrar sus archivos en el palacio episcopal. En fechas más recientes, el AHDSC se ha enriquecido gracias a diversas donaciones, como la del Fondo del Colegio Seminario de la ciudad, la del archivo de la ayuda que prestó la Diócesis de San Cristóbal a los refugiados guatemaltecos durante las décadas de 1970 y 1980, y la del archivo personal del obispo Samuel Ruiz García.

    Así, el AHDSC es uno de los pocos archivos del estado de Chiapas que resguarda una abundante información del periodo colonial (principalmente en los fondos Diocesano y Parroquial). Para quien se interese en el largo siglo XIX- desde la instauración de la intendencia de Chiapas (1786) hasta la llegada de las tropas carrancistas a San Cristóbal de las Casas (1914)— es de una riqueza sorprendente (más de 65,000 expedientes tan sólo en el Fondo Diocesano). Con las donaciones recientes, se ha vuelto también un archivo clave para estudiar el papel de la iglesia en la segunda mitad del siglo XX en la Diócesis de San Cristóbal de Las Casas. Además de la abundancia de la documentación, hay que mencionar la calidad de la información que ésta proporciona. En efecto, se trata del archivo más útil para conocer muchos aspectos de la vida cotidiana y de la organización política y social de los pueblos indígenas de Chiapas. Así, además de una abundante correspondencia entre los párrocos y las autoridades episcopales, encontramos las cuentas sobre el pago de los diezmos (fundamentales para cualquier estudio serios sobre la historia económica colonial), los informes financieros de los párrocos (que nos proporcionan abundante información sobre las fiestas religiosas de cada pueblo) y los procesos llevados a cabo por el juzgado ordinario diocesano por idolatría, brujería, adulterio e incesto.

    Señalemos también que se trata de uno de los archivos eclesiásticos más importantes del país, con más de 170 metros lineales de documentos. Su colección de 900 revistas y boletines eclesiásticos, que se extienden del año de 1846 al 1991, y de 647 folletos sobre temas religiosos, que abarcan desde 1792 hasta 2005, pueden ser de gran utilidad a los estudiosos de la historia de la Iglesia en México.

    Nuestro proyecto

    Aunque el AHDSC está abierto al público desde 1977, su consulta suponía grandes dificultades. Los anteriores responsables del archivo habían tomado la controvertida decisión de reordenar toda la documentación por pueblos y por temas —tarea que en 30 año no pudieron concluir—, sin poner a disposición de los usuarios inventario o catálogo alguno. Por otra parte, casi la mitad de la documentación, principalmente las donaciones recientes, seguía guardada en grandes cajas de cartón, y no se permitía su consulta. Es por ello que en febrero de 2010, con la autorización del director del archivo —fray Pablo Iribarren O.P.—y el obispo de la Diócesis— monseñor Felipe Arizmendi—, el Dr. Oscar Mazín—como asesor del proyecto—y mi persona —como director del mismo—planeamos elaborar un catálogo y una base de datos del Fondo Diocesano (52 metros lineales, casi 80,000 expedientes), el más consultado de todos.

    En un principio, contamos con financiamiento de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID), a través del proyecto “Vestigios de un mismo mundo. Valoración e identificación de los elementos del patrimonio histórico conservado en las fronteras de la monarquía hispánica en los siglos XVI y XVII. II: Pueblos de indios, festividades, archivos y fortificaciones”, que coordinó el Dr. José Javier Ruiz Ibáñez y en el que participaron la Universidad de Murcia, El Colegio de México, El Colegio de Michoacán y El Colegio de San Luis. Más adelante contamos, también, con el financiamiento del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (FONCA)—a través de una asociación civil que creamos ex profeso “Historiadores al Servicio de los Archivos”—, de El Colegio de México y del Instituto Nacional de Antropología e Historia. Partimos del principio —que debía de ser una regla de oro en este tipo de proyectos— de que no debíamos alterar en forma alguna el orden en el que se encontraban los documentos por muy arbitrario que éste fuese. En efecto, el AHDSC llevaba más de 30 años abierto al público y muchos investigadores habían citado sus expedientes en sus investigaciones de acuerdo al sistema anterior de referencias, basado en dicha ordenación. Por ello, hubiera sido muy perjudicial (además de inútil) cambiar una vez más el orden y la clasificación de los documentos. En efecto, los métodos informáticos actuales permiten fácilmente, a partir de la base de datos que nos propusimos elaborar, ordenarlos virtualmente de acuerdo al criterio de procedencia (el que se usa habitualmente en los archivos históricos) o de acuerdo a otros criterios que sean de interés de los investigadores y usuarios del Archivo.

    El único cambio que introdujimos fue consolidar el orden en el que se encontraban los documentos, numerando las carpetas que los contenían y, al interior de cada una, los expedientes, de tal forma que cada uno de éstos tuviese una referencia precisa (nombre del fondo, número de carpeta y número de expediente) que permitiese su localización rápida y segura. En efecto, el sistema anterior tenía el grave inconveniente de que varios expedientes podían tener la misma referencia. En la base de datos, que elaboramos, incluimos cinco campos que corresponden a las referencias anteriores de los documentos para que así se facilite su localización a partir de las citas en publicaciones académicas anteriores a la puesta en marcha de nuestro proyecto.

    La elaboración de las fichas de la base de datos del Fondo Diocesano fue obra de las encargadas del archivo —Rafaela Gómez (+) y Matilde Moreno— y de un número variable de becarios, casi todos ellos egresados de la Facultad de Ciencias Sociales (por lo general, de la licenciatura en historia) de la Universidad Autónoma de Chiapas (UNACH). Cinco de estos becarios, después de trabajar en el proyecto, leyendo y sintetizando documentos históricos ocho horas al día, descubrieron su vocación de investigadores y al término de su contrato se inscribieron en programas de posgrado (dos en la maestría de la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas, dos en el doctorado de El Colegio de Michoacán y uno en el doctorado de El Colegio de México).

    El proyecto llegó a su fin en septiembre de 2016 con grandes resultados. El principal de ellos es la base de datos del Fondo Diocesano con casi 80,000 registros, que permite búsquedas de acuerdo a uno o varios de los siguientes campos: carpeta, expediente, año (es decir, cualquier año incluido entre el año inicial y el año final del expediente), lugar, persona, sinopsis (la búsqueda puede realizarse a partir de cualquier palabra que aparezca en ésta), ramo, tema, estado del documento, capturista y por su antigua referencia. Con la ayuda de estudiantes de la misma Facultad de Ciencias Sociales de la UNACH que prestaron su servicio social y de algunos becarios, se elaboraron también diversos inventarios para otros fondos.

    Señalemos, por último, que, a la par que se avanzaba en la elaboración de la base de datos del Fondo Diocesano, se fueron fotografiando los expedientes que lo integran. Estas fotografías pueden adquirirse a un costo módico en el propio archivo o solicitarse por teléfono (967-678-6625) o por correo electrónico (This email address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it.).

    VER SITIO

    El archivo histórico del Arzobispado de México

    Linda Arnold,

    Profesora Emérita, Virginia Tech

     

    Para llevar a cabo planes y proyectos en los archivos históricos, se requiere continuidad en los equipos archivísticos. Uno de los repositorios documentales que ejemplifica el valor dela continuidad de un equipo es el Archivo Histórico del Arzobispado de México (AHAM).

    Con el liderazgo del Padre Gustavo Watson Marrón y la dedicación de Berenise Bravo Rubio y Marco Antonio Pérez Iturbe, ese equipo, desde 1999, ha organizado y catalogado sus documentos, y ha digitalizado, casi en su totalidad, los fondos “Novohispano” y “José María Mora y del Río”. Ese trabajo ilustra, ejemplarmente, que un presupuesto limitado y un equipo de pocas personas no impiden la realización de planes y proyectos.

    El AHAM contiene documentación del siglo XVI hasta1930, organizada en los fondos Novohispano, Siglo XIX, 1821-1862 (más de 5700 documentos y 140,000 imágenes), Pelagio Antonio de Labastida y Dávalos(más de 15,000 documentos), Próspero María Alarcón (más de 12,000 documentos), José María Mora y del Río (más de 14,000 documentos y 130,000 imágenes), Pascual Díaz Barreto (más de 5,000 documentos), Libros Administrativos (más de 1,200 libros), además de la biblioteca y la colección de microfilm de parroquias. La documentación y los libros administrativos abarcan más de 400 años del trabajo en el obispado y arzobispado de México. Aunque se ha perdido documentación –entre inundaciones, temblores, expropiaciones y desapariciones–, el Fondo Colonial incluye más de 9,700 documentos y libros que están digitalizados en un 99%, al igual que el Fondo José María Mora y del Río, conformado por más de 130,000 imágenes. En su conjunto los libros administrativos digitalizados abarcan casi 200,000 imágenes.

    Los desafíos para llevar a cabo el proyecto de digitalización no han sido pocos. Se han encontrado documentos de un fondo enmarañado con los de otro, así como fojas en mal estado. Se ha aprendido que hay que invertir los pocos recursos en equipo para almacenar más y más imágenes; también, se ha averiguado que la tinta de documentos escritos a mano puede dañar los escáners. A pesar de esos desafíos, el equipo no ha perdido de vista sus planes y proyectos. Hoy en día los visitantes encuentran en el AHAM catálogos en Excel, PDF y Word así como una calidad impresionante de imágenes. Se ha digitalizado a color en 300 ppp y convertido imágenes de los expedientes en PDF con interfaces en html y Word.

    Los investigadores encontrarán una gran diversidad de documentos que complementan la documentación colonial y del siglo XIX que se encuentra en el Archivo General de la Nación (AGN). Hay casi 4,000 documentos relacionados con diligencias y autos matrimoniales además de otros documentos del provisorato de Toluca. Hay visitas pastorales con padrones de confesantes. Hay bastante documentación relacionada con diezmos, conmutaciones de pagos, visitas de las colecturías de diversas parroquias a lo largo del arzobispado, documentación sobre la fábrica de la catedral y sus cuentas, así como las del arzobispado. Para la segunda mitad del siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX, se encuentra la documentación del provisorato del arzobispado, abundante correspondencia, cuentas, visitas pastorales, circulares e índices de los negocios y asuntos archivados. Entre los diversos inventarios hay dos que merecen mención. Uno es un inventario de los archivos de las secretarías arzobispales entre 1527 y 1728, que nos permite relacionar la documentación arzobispal del AHAM con la del AGN para determinar qué tanto de la documentación colonial ha sobrevivido a través delos siglos (AHAM, Caja-Libros CL001, exp. 1, 705 fojas). Por otro lado, dividido en dos tomos, podemos encontrar el inventario de la Catedral de México, que contiene el precio en el que fueron valuados (entre 1926 y 1927) herramientas, mobiliario y ornamentos, por la Comisión de Inventarios Federales de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público. Estos datos nos permiten apreciar el trabajo detallado de aquella comisión y la riqueza – expropiada y almonedada - de la cultura material de la Iglesia Catedral de la Ciudad de México (AHAM, Cajas Libros, Caja 58, Libros 5 y 6, 242 y 217 fojas, respectivamente).

    Tal vez, más importante para el investigador que la continuidad y la calidad del trabajo del equipo del AHAM, resulte ser que dentro de sus instalaciones, el investigado se encontrará con un personal atento, sabio y generoso.

    Archivo Histórico del Arzobispado de México. Durango, 90, 1er. piso, Roma Norte, Del. Cuauhtémoc, Cd. Mx., 06700. Tels.5208 3200 ext. 1903. Horario: 9:30- 13:30.

    VER SITIO

    El Noreste de luto por la partida de don Israel Cavazos

    Historiadores, cronistas, promotores culturales, educadores, políticos y en general todos los ciudadanos preocupados y ocupados por el desarrollo cultural del noreste lamentamos la partida del historiador Don Israel Cavazos Garza, quien falleció este sábado 5 de noviembre a la edad de 93 años. La vertiginosa ciudad de Monterrey se ha detenido en los pasados días para rendirle honores y rememorar a uno de los historiadores más admirados y queridos.

    Don Israel nació el 2 de enero de 1923, en la entonces villa de Guadalupe al oriente de la ciudad de Monterrey, al pie del emblemático cerro de la silla. Como siempre lo señaló, fue testigo durante su infancia de la desaparición de las antiguas quintas y huertas que caracterizaban a la villa y de la expansión de los barrios de trabajadores de la entonces Fundidora de Fierro y Acero de Monterrey. Fue ante todo un orgulloso guadalupense pues nunca se presentó como regiomontano.

    Según contaba, tenía 18 años cuando inició sus primeros trabajos de investigación histórica en el Archivo de la Catedral de Monterrey. Poco después, en 1944, comenzó su carrera como historiador cuando entró a trabajar en el Archivo Municipal de Monterrey, del que fuera su Director tiempo después. De 1955 a 1975 dirigió el Archivo General del Estado de Nuevo León, y desde ese último año recibió el título de Director Vitalicio Honorario, como reconocimiento a su labor. En 1978 ingresó a la Academia Mexicana de la Historia ocupando el sillón número 21.

    Por más de 70 años, fue un incansable defensor y promotor de los archivos históricos del noreste. Su buen nombre y prestigio, el refinamiento de su trato y su singular humor le permitió allegarse los recursos necesarios para sacar del abandono y descuido en el que se encontraban los acervos históricos, y al mismo tiempo ir sensibilizando a las autoridades sobre su valor y relevancia para la memoria histórica regional.

    Como historiador escribió más de una veintena de libros sobre historia colonial y decimonónica del noreste, ello sin contabilizar sus ensayos y artículos especializados. Posiblemente su obra más admirada fue el Catálogo y síntesis de los protocolos del Archivo Municipal de Monterrey, 1599-1796 por la cual recibió el Premio Atanasio Saravia en 1986. Pero ello está en debate, pues hay quienes se decantan por el Cedulario autobiográfico de pobladores y conquistadores de Nuevo León (1964), entre otras obras.

    Como paciente archivista logró sacar a la luz pública una serie de documentos históricos inéditos, localizados en sus reiteradas excursiones en los archivos locales y en el General de la Nación, como también de los archivos General de Indias, de la Corona de Aragón, de Simancas, de la Biblioteca Británica, entre otros tantos acervos que consultó en el viejo continente. El acervo documental recopilado a lo largo de su vida resultó de gran valor para la historiografía del noreste.

    Don Israel recibió múltiples premios y reconocimientos. Entre los más importantes: en 1982, la Medalla Diego de Montemayor otorgada por el ayuntamiento de Monterrey; en 1986, la Medalla al Mérito Cívico por el gobierno del Estado de Nuevo León; en 1995, el Premio Nacional de Ciencias y Artes en el área de Historia, Ciencias Sociales y Filosofía; finalmente, fue condecorado en el 2009 con la Insignia de la Orden de Isabel la Católica, en grado de Encomienda, otorgada por el Gobierno de España.

    Su legado en pro del patrimonio histórico regional se transformó en la base del quehacer historiográfico contemporáneo. No hay palabras suficientes para expresar el agradecimiento y la deuda que tenemos la comunidad de historiadores con Don Israel. Que descanse en paz.

    Eva Rivas Sada
    Secretaria Ejecutiva de la Asociación de Historia Económica del Norte de México.

     

     

    Boletín 422

    Enero-febrero 2017

     

     

    Dictámenes de los artículos ganadores (publicados en 2014)

    Historia Cultural

    Mejor artículo:

    Olivier, Guilhem, “Venados melómanos y cazadores lúbricos: cacería, música y erotismo en Mesoamérica”, Estudios de Cultura Náhuatl, n. 47, 2014, pp. 121-168.

    El artículo es una contribución importante para los estudios mesoamericanos en tanto que aporta una interpretación histórico-antropológica que rompe con el paradigma predominante de la cultura del maíz y que posiciona al modelo cinegético dentro de la discusión historiográfica sobre Mesoamérica. El texto analiza minuciosamente y articula de manera magistral datos históricos, arqueológicos y etnográficos, de distinta procedencia, que permiten a su autor ir construyendo su argumento a partir de un hilo conductor: el venado, animal emblemático entre las culturas mesoamericanas, al que el artículo contribuye a dar mayor visibilidad.

    Mejor reseña:

    Jaime Cuadriello, sobre el libro de Lucero Enríquez, Un almacén de secretos. Pintura, Farmacia, Ilustración: Puebla, 1797. Reseña publicada en Estudios de Historia Novohispana, n. 50, enero-junio 2014, pp. 121-168.

    Mención honorífica a reseña:

    Érika Pani, sobre el libro coordinado por Ariadna Acevedo Rodrigo y Paula López Caballero, Ciudadanos inesperados. Espacios de formación de la ciudadanía ayer y hoy n. 251, enero-marzo 2014, pp. 1501-1507.

    Historia política

    Mejor artículo:

    Caroline Cunill, “El uso indígena de las probanzas de méritos y servicios: su dimensión política (Yucatán, siglo XVI)”, Signos históricos, n. 32, julio-diciembre, 2014, p. 14-47.

    Este artículo hace una aportación notable a un tema poco explorado. Se trata de un análisis socio-político y jurídico muy bien concebido y argumentado sobre las probanzas de méritos en el Yucatán del siglo XVI. Un procedimiento cuya efectividad variaba en cada caso por diversos factores, tal como lo refiere la autora. Con   frecuencia  estas peticiones respondían al objetivo por parte de grupos indígenas de mantener ciertos privilegios, pero también a un intento expreso por mantener una memoria histórica permanentemente amenazada.

    Mejor reseña:

    Catherine Andrews, sobre Jaime E. Rodríguez O., We are now the true Spaniards. Reseña publicada en Estudios de Historia Moderna y Contemporánea de México, n. 48, julio-diciembre, 2014, p. 211-218.

    Historia social

    Mejor artículo:  

    Martha Santillán Esqueda, “Narrativas del proceso judicial. Castigo y negociación femenina en la ciudad de México, década de los cuarenta”, Estudios   de Historia Moderna y Contemporánea de México, n. 48, julio-diciembre de 2014, pp. 157-189.

    La autora trabaja a partir de los documentos de los Procesos del Tribunal Superior de Justicia. Se centra en las narrativas de las mujeres inculpadas y de sus defensores, así como en las estrategias argumentativas de negociación… El análisis del material empírico le permite acceder a los discursos elaborados por estas mujeres para explicar su   propia criminalidad, en los  que  ponen en marcha diversas estrategias para obtener benevolencia de sus juzgadores. El artículo es muy original porque aplica la metodología del análisis del discurso a la documentación de carácter judicial, lo que le permite desentrañar las categorías con las que las propias mujeres y/o defensores conceptúan sus actos, y más aún, rastrear el origen de las categorías: los modelos de femineidad imperantes  en la época, y muy particularmente, las ideas en relación a la maternidad y al papel social de la mujer.

    Mención honorífica:

    Fabiola Bailón Vásquez, “Matronas y burdeles   en la Verde Antequera, 1890-1912. Apropiación, defensa y negociación del comercio sexual tolerado”, Relaciones, n.140, otoño 2014, pp. 295-332.

    Mejor Reseña:

    Romana Falcón, sobre el libro de  Leticia Reina, Indio, campesino y nación en el siglo XX mexicano. Historia e historiografía de los movimiento rurales. Reseña publicada en Historia Mexicana, vol. LXIII, n. 251, enero-marzo, 2014, pp. 1507-1517.

    Teoría de la historia e historiografía

    Premio al mejor artículo:

    Alfonso Mendiola, La amplificatio en el género epidíctico del siglo XVI”, Historia y grafía, no. 43, julio-diciembre, 2014, pp. 103-125.

    El artículo busca esclarecer la forma tanto cognitiva como literaria de los relatos escritos durante el siglo XVI sobre la conquista de México. De antemano sostiene que el estilo literario de esos textos no es simplemente ornamentación, sino que ella condiciona la validación de los enunciados mismos. La investigación se realiza no desde teorías literarias actuales, sino a partir de las retóricas españolas de los siglos XV y XVI. Una de las aportaciones es la de mostrar que esos relatos pertenecen al género epidíctico, es decir, al del elogio o vituperio, uno de cuyos rasgos era la amplificación. Por ese aspecto se entiende redundancia, un elemento propio de las formas de comunicación de las sociedades tradicionales, que no eran capaces de producir variación. El autor muestra en su trabajo que la tensión entre redundancia y variación es lo propio del género epidíctico.

    Mención honorífica:

    Jaime Torres Guillén, “El carácter analítico y político del concepto de colonialismo interno de Pablo González Casanova”, Desacatos, n. 45, mayo-agosto, 2014, pp. 85-98. Historia económica Mejor artículo: Dení Trejo Barajas, “Pugna por el libre comercio en las postrimerías del virreinato: la Nueva Galicia y las Provincias Internas frente a los comerciantes de la ciudad de México, 1811-1818”, Estudios de Historia Novohispana, n. 51, julio-diciembre, 2014, pp. 107-130.

    Historia Económica

    Mejor artículo:

    Dení Trejo Barajas, “Pugna por el libre comercio en las postrimerías del virreinato: la Nueva Galicia y las Provincias Internas frente a los comerciantes de la ciudad de México, 1811-1818”, Estudios de Historia Novohispana, n. 51, julio-diciembre, 2014, pp. 107-130.

    La investigación ofrece un análisis novedoso del periodo de la guerra novohispana. La autora analiza la respuesta, medidas y estrategias de comunidades mercantiles enfrentadas en un periodo de profundas transformaciones en las prácticas económicas, institu-cionales y políticas en el virreinato. Desde esta perspectiva, la guerra ofrece un escenario para recon-figurar los lazos comerciales, abrir nuevos puertos y en general una coyuntura para el surgimiento de nuevos puertos en el pacífico. El artículo se ofrece como un excelente ejercicio metodológico y analítico que considera las prácticas, los marcos institucionales y las coyunturas en el desarrollo del comercio en las primeras décadas del siglo XIX.

    Mejor reseña:

    Ernest Sánchez Santiró, sobre Carlos Marichal y Johanna von Grafenstein (coords.), El secreto del imperio español. Los situados coloniales en el siglo XVIII. Reseña publicada en Historia Mexicana, n. 252, abril-junio, 2014, pp. 256-262.

    Historia del Arte

    Mejor artículo:

    Rebeca Monroy, “Identidades perdidas: Miss México 1928”, Anales del Instituto de Investigaciones Estéticas, n. 104, enero-junio 2014, pp. 127-156.

    El comité de Historia del Arte consideró que el artículo presenta una investigación original que aporta significativamente al campo. El texto es sólido en numerosos aspectos: es novedoso, es maduro, la metodología es consistente, utiliza imágenes que proveen un importante apoyo a la narrativa del artículo, demuestra una profunda y afianzada investigación. El texto es revelador dentro del campo de los estudios de género, pues emplea fuentes novedosas que permiten asomarse a la historia de las mujeres desde la fotografía, los diarios de la época hasta otras fuentes orales y gráficas. Asimismo trata de un sujeto poco considerado en los estudios históricos tradicionales: en este caso, una mujer proveniente de un estrato social bajo que, en 1928, llegó a convertirse en reina de belleza.

    Mejor reseña:

    Luisa Elena Alcalá, sobre El arte de la pintura en Quito Colonial. Reseña publicada en Anales del Instituto de Investigaciones Estéticas, n. 105, julio-diciembre 2014, pp. 269-274.

    ¿Dónde estudiar historia en México? Segunda entrega

    VER ENLACE

    Alrededor de cincuenta instituciones de educación superior en México ofrecen estudios de historia o de humanidades y ciencias sociales con especialidad en historia. En este número publicamos la continuación de la lista de carreras (véase Boletín 419) a cuyas instituciones agradecemos por habernos enviado la información de manera oportuna.

    In memoriam, Jorge Alberto Manrique (1936-2016)

    El 2 de noviembre de 2016 murió el gran historiador Jorge Alberto Manrique, poco tiempo después de que su casa, la Universidad Nacional Autónoma de México, le organizara un merecido homenaje con motivo de sus ochenta años de vida. En efecto, el maestro Manrique nació en el entonces Distrito Federal, el 17 de julio de 1936. Licenciado en Historia por la Universidad Nacional, realizó estudios de posgrado en París y Roma. No parece extraño que su primer trabajo de investigación fuera sobre su natal Azcapotzalco, una tesis de licenciatura que, aunque titulada “Los dominicos y Azcapotzalco”, en realidad estaba dedicada al convento de esa orden. Poco después, pondría atención a la presencia de las culturas indígenas mesoamericanas en el barroco de Nueva España y, a partir de entonces, toda su producción, salvo alguna rara excepción, estaría dedicada a la historia del arte mexicano. Fue profesor en varias instituciones de educación superior, empezando por la Universidad Veracruzana. En El Colegio de México y en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional formó varias generaciones de historiadores. Desde 1968 se integró como investigador del Instituto de Investigaciones Estéticas de la Universidad Nacional, que en el año 2000 lo reconoció con el emeritazgo. Fundador y director de varias instituciones, se le recuerda por el buen trabajo que desempeñó en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Veracruzana, en el Museo Nacional de Arte, en el Museo de Arte Moderno y también en la dirección del propio Instituto de Investigaciones Estéticas. Entre 1980 y 1982 formó parte de la Mesa Directiva del Comité Mexicano de Ciencias Históricas. Ocupó el sillón siete de la Academia Mexicana de la Historia. Incansable, lo mismo estudió la obra de Guillermo Kahlo que el manierismo en Nueva España. Publicó varias obras en coautoría, en especial con Teresa del Conde. Reconoció en Edmundo O’Gorman a su maestro y formador. Su vasta erudición contrastaba con el medio acadé-mico actual, cada vez más especializado. Su impronta en los estudios de la historia del arte mexicano será duradera.

    Alfredo Ávila, CMCH.

     

    Boletín 421

    Noviembre-diciembre 2016

     

    Proceso de elaboración y discusión de la Ley General de Archivos Informe de la Mesa Directiva, 14 de diciembre de 2016

    Desde que se integró la actual mesa directiva del Comité Mexicano de Ciencias Históricas, una de sus preocupaciones fue el proceso de creación de la Ley General de Archivos. Al finalizar 2015, recibió copia del anteproyecto de ley elaborado por el Archivo General de la Nación, al que hicimos varios comentarios con el apoyo de colegas y asociaciones civiles.
    En la reunión del Consejo Consultivo del Archivo General de la Nación (en febrero de este año) el presidente y el secretario del Comité hicieron mención de lo anterior y refirieron la preocupación de varios colegas sobre el tema. La directora del Archivo, por su parte, informó que el anteproyecto ya había sido entregado al Senado, de modo que la instancia con la que se debía tratar era el Poder Legislativo.
    Por ello, el presidente del Comité buscó la posibilidad de entrevista con el senador Alejandro Encinas, entonces presidente de la segunda Comisión de Puntos Legislativos, y la senadora Laura Rojas. Tras reuniones en el Senado y en el Centro de Estudios de Historia de México CARSO, se expuso el interés de la comunidad de historiadores en participar en los foros que se realizaran en torno a tan importante asunto (ver Boletín 417). De igual manera, la Mesa Directiva invitó en distintas sesiones a colegas y a las autoridades del AGN para dialogar en torno a los problemas que enfrentamos en materia de archivos y el desarrollo de la propuesta de ley.
    El Comité organizó una jornada titulada “Los historiadores frente a los archivos”, a la que fueron invitados varios colegas y la directora del AGN, quien aceptó participar, aunque después, por motivos de agenda, canceló. El encuentro se realizó el 24 de noviembre de 2016, en el Centro de Estudios de Historia de México CARSO, el día anterior a la asamblea general de instituciones. La reunión permitió conocer cuáles son las experiencias y las expectativas de los historiadores frente a los archivos y la ley que se propone normarlos (cuya iniciativa fue presentada en el Senado el 17 de noviembre).
    En la asamblea celebrada el 25 de noviembre se acordó que el Comité promoviera una serie de puntos, que se señalan al final de este informe, ante los senadores. En consecuencia, el presidente y el secretario del Comité solicitaron participar en la Audiencia Pública organizada por el Senado de la República, que se celebró el 28 de noviembre.
    Los puntos que los historiadores expusieron se pueden resumir en los siguientes:

    • Se reconoce la importancia del señalamiento, en el artículo 36, de que “los documentos contenidos en los archivos históricos son públicos y de interés general” y por tanto “no podrán ser clasificados como reservados o confidenciales”, pero se insiste en que los archivos deben ser designados de forma explícita como “fuente de acceso público”, para emplear los términos de la Ley General de Transparencia y el proyecto que se discute en la Cámara de Diputados de Ley General de Protección de Datos Personales.
    • Consideramos necesario que se establezcan plazos temporales obligatorios (de preferencia, 25 años) para la transferencia de los documentos con valor histórico de los archivos de concentración a los archivos históricos, y por tanto a la protección de datos personales.
    • Reiteramos que la participación de los historiadores es indispensable en la valoración de los documentos en los archivos administrativos prevista en el título tercero.
    • No estamos de acuerdo con el artículo 14 transitorio que prevé que sean valorados en los siguientes dos años, lo que podría suponer su regreso a un archivo de concentración, su destrucción o su sustracción por causas políticas.
    • Nos oponemos a que el Sistema Nacional de Archivos, encabezado por el Archivo General de la Nación, quede bajo la tutela de la Secretaría de Gobernación (artículo 98) y que la dirección del Archivo sea designada por el presidente de la república (artículo 105).
    Cabe señalar que colegas de diversas instituciones participaron activamente, a través del Desplegado publicado en El Universal y en La Jornada Maya, así como en los medios públicos de comunicación para expresar nuestras opiniones. Varias instituciones hicieron pronunciamientos sobre la iniciativa, incluidos la Asociación de Archivos y Bibliotecas Privados, El Colegio de México, el Consejo Técnico de Humanidades de la UNAM, y el Colegio de Personal Académico del Instituto de Investigaciones Históricas de la misma Universidad. Desde la presentación de la iniciativa de Ley, la página web del Comité ha procurado dar seguimiento y difusión a cada uno de estos pronunciamientos y artículos de opinión.
    Asociaciones civiles, como Artículo 19 y la Red por la Rendición de Cuentas han participado muy de cerca con integrantes de la Mesa Directiva del Comité, así como con académicos de la Universidad Nacional Autónoma de México y de El Colegio de México para hacer sugerencias a los senadores que presentaron la iniciativa, para mejorarla.
    El resultado, hasta ahora, es que la ley no se presentará al pleno en este periodo de sesiones, lo que nos dará más tiempo para continuar con el trabajo, la reflexión y las propuestas. El objetivo es que haya una ley que permita la transparencia y el acceso irrestricto a los archivos. El objetivo es seguir contribuyendo a la construcción de una memoria histórica plural. Por eso, necesitamos seguir haciendo presencia en las semanas siguientes.
     En la Mesa Directiva del Comité Mexicano de Ciencias Históricas estamos convencidos de que esta es una oportunidad para que las autoridades y la sociedad misma conozcan la importancia de nuestro trabajo, y para toda la comunidad que realiza labores de docencia e investigación en Historia, para hacer un compromiso con esa misma

     VER SECCIÓN LEY GENERAL DE ARCHIVOS

    Los historiadores frente a los archivos Foro celebrado el 24 de noviembre de 2016

    El día 24 de noviembre se llevó a cabo el foro “Los historiadores frente a los archivos”, organizado por el Comité Mexicano de Ciencias Históricas y celebrado en el Centro de Estudios Históricos de Historia de México CARSO, gracias a la gentileza de su director, el Dr. Manuel Ramos Medina.
    El evento, dividido en dos mesas, representó un espacio para que los participantes compartieran al público sus experiencias en la consulta de archivos históricos y las dificultades que han encontrado para consultar algunos documentos en el marco de la vigente Ley Federal de Archivos, sobre todo por las interpretaciones diversas que de ella hacen los propios archivos.
    Durante la primera mesa, el Dr. Andrés Ríos narró las dificultades que encontró al querer consultar información del Archivo de la Secretaría de Salud sobre casos clínicos de las décadas de 1940 y 1950. A pesar de la buena voluntad de los directivos del acervo, el Dr. Ríos explicó que debido a una interpretación de la ley de protección de datos personales, tuvo que solicitar una autorización formal que llegó a la Suprema Corte de Justicia y retrasó su investigación durante casi un año. Por su parte, la Dra. Celaya refirió los problemas que sortean cotidianamente los archivos estatales y locales en Veracruz, así como las inconsistencias que notó entre las necesidades de los archivos y las propuestas de la iniciativa de Ley General de Archivos. La historiadora contrastó las facilidades de consulta que dan algunos archivos (consulta irrestricta, posibilidad de fotografiar, etc.) con las dificultades que hay en otros por la protección de datos personales. Dio también una idea de la riqueza del archivo municipal de Xalapa y el Archivo General del Estado de Veracruz, así como de las cuantiosas pérdidas ocasionadas por el clima, la falta de recursos, escasez de personal, proyectos fallidos de digitalización y otra serie de problemas recurrentes. Finalmente, en esta misma mesa, la Dra. Aurora Gómez Galvarriato nos compartió, en su experiencia como ex directora del Archivo General de la Nación, las contradicciones de la ley de protección de datos personales, los esfuerzos por hacer autónomo al AGN y la falta de un presupuesto adecuado para llevar a cabo labores de resguardo, capacitación y digitalización de documentos.
    La segunda mesa abrió con la colaboración del Dr. Joel Blanco, archivonomista y catedrático de la Universidad de Puerto Rico, quien expuso los avatares del archivo de ese país en el tránsito de la dependencia española a la de Estados Unidos y después en el tránsito al sistema del “Estado libre asociado”. Blanco señaló las pérdidas irreparables de documentación, las dificultades jurídicas que enfrenta el Archivo General por su falta de autonomía, de personal y de una ley que facilite la transferencia y la organización de información del siglo XX. En su intervención, la maestra Ana Cristina Ruelas, directora para México y Centroamérica de Artículo 19 (asociación internacional por el derecho a la información) advirtió los riesgos de establecer un sistema de archivos bajo la tutela de una secretaría de Estado e hizo un llamado a pensar en los archivos no sólo como depósito de memoria histórica, sino como fuente de respuestas para la justicia social. Por último, el Mtro. César Valdez nos relató sus vicisitudes en las galerías 1 y 2 del Archivo General de la Nación, mostrándonos con imágenes, ejemplos del testeo de documentos, que con la finalidad de borrar datos personales dejan inservibles cartas privadas, fotografías, comunicados, informes policiacos e incluso publicaciones periódicas que pueden consultarse en hemerotecas públicas. El Foro concluyó con la participación de preguntas y observaciones del público sobre la iniciativa de la Ley General de Archivos y sus posibles implicaciones en la consulta documental.

    Palabras en representación de los premiados

    Martha Santillán Esqueda
    Ganadora del premio al mejor artículo de 2014 en la categoría de “Historia social”

    Un día como hoy, en 1981, fueron asesinadas las hermanas Mirabal durante la dictadura de Leónides Trujillo en República Dominicana. Desde entonces, cada 25 de noviembre se celebra el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Aquel asesinato y el consecuente rechazo a la violencia contra las mujeres, que se conmemora año tras año, evidencia que la historia y el presente están imbricados y cruzados por las mismas preocupaciones, en este caso la preocupación por la violencia y, en particular, por aquella relacionada con las mujeres.
    La historia nos ayuda a comprender la experiencia humana en el tiempo. Es el arte, dice Jurandir Malerba, de situar las memorias. Recuperar el pasado nos compete porque sabemos que nos configura. La forma que adquiere el presente se conforma en la memoria —o en la memoria y sus olvidos, podríamos precisar. Nuestra identidad como sujetos, como sociedad, como nación, se encuentra enraizada en el pasado; es por ello que los vestigios del pasado son un patrimonio, ya que en última instancia nos explican.
    Así pues, la importancia del evento que nos reúne este día, la entrega de premios a los mejores artículos y reseñas del 2014 por parte del Comité Mexicano de Ciencias Históricas, contribuye indudablemente a cultivar ese arte de situar las memorias. Para ello, para situar las memorias, para estructurar los vestigios, los recuerdos, el historiador (o aquellos, quienes aunque no sean parte del gremio, buscan explicaciones del presente en el pasado), se sirven de los rastros localizados en documentos diversos, generalmente concentrados en acervos. Todas las publicaciones que son reconocidas este día fueron posibles porque contaron con materiales para llevar a cabo la afanosa tarea de recuperar y entender el pasado, esto es, buscar, encontrar, reflexionar, hacer preguntas, esclarecer procesos, reconocer contextos, ofrecer respuestas.
    Hace unos días muchos historiadores, investigado-res de otras disciplinas, asociaciones diversas y personas en general firmaron desplegados y peticiones dirigidos al Senado de la República, a la dirección del Archivo General de la Nación y a la opinión pública, en los cuales se evidencia una preocupación ante la iniciativa de La ley General de Archivos presentada el 17 de noviembre pasado, y que pone en riesgo el libre acceso a documentos históricos y, con ello, “a la construcción de una memoria plural e incluyente”, como se puede leer en un de